jueves, agosto 09, 2018

A - 5


Cuando llegué con la botella de vino, las cosas en la casa se habían puesto de cabeza. El hombre, llamado Manuel, había abierto una botella de Patxaran (Pacharan), licor vasco obtenido por la maceración de endrinas, y bebía con Tristán mientras le hablaba de la desaparecida Silvia. A su lado, Josefina, vaso en mano, revisaba minuciosa cartas, postales y fotografías que Manuel le había alcanzado. Un poco más allá Julio, también acompañado por el licor, hojeaba libros de la biblioteca que alguna vez perteneció a la pareja y de la que salieron los libros encontrados en el mercado de viejo de San Miguel. Ante mi asombro, Manuel me explica que el recuerdo de Silvia le llega mejor con el licor vasco que con el vino. Temeroso de que todo esto termine en un bacanal incontrolable, propongo irnos, no sin antes tomarme también un vaso de Patxaran con unos cubitos de hielo, y volver en unos días con alguna información que nos lleve al paradero de la profesora de lenguas. Manuel acepta nuestra colaboración y propone que tomemos todo lo que pueda guiarnos al paradero de su amada. Josefina toma la caja con las cartas y Julio mete algunos libros en una bolsa. Tristán se sirve un último trago, el de la retirada, dice, y propone a Manuel guardar la botella para nuestra próxima visita. El anciano se levanta con dificultad de la silla y va a la cocina, al salir nos acompaña hasta la puerta agradeciendo nuestra voluntad de colaborar en una búsqueda que él ya había dado por terminada. Antes de despedirnos y como muestra de agradecimiento, o como forma de motivarnos en la búsqueda que hemos decidido realizar, entrega a Tristán una botella de Patxaran recalcando que este es de fabricación artesanal y que la misma Silvia lo hacía. 

Ya en el parque Libertad, sentados sobre la hierba, abrimos la botella, nos la pasamos dando largos sorbos cada uno mientras revisamos cartas, postales, libros y fotografías.


Ronald Vega - Pezo