jueves, octubre 20, 2005

LA CAMINATA

"En un mundo donde conocerse se hace cada vez mas dificil, buscar diálogo se convierte en acto heroico"



LA CAMINATA



"Arránqueme, Señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme".
Eduardo Galeano.


Nuevamente el gris de la ciudad y yo ahí, en él, como parte indesligable de un todo abominable y voraz. Tu figura es lo único que logra refulgir ante el resto de colores disminuidos por el gris triste y desolador. Hoy no tengo rumbo, camino sin ninguna dirección, decido orientarme por la estela de colores que dejas al pasar, tu involuntaria compañía me alegra en esta monótona mañana sabatina.

- ¿Vas de compras?

Seguro, que pregunta, nada más evidente, caminamos hacia el mercado central, allá donde el gentío y la bulla se hacen cada vez más envolventes.
Hoy estas muy bella ¿sabes?, todo en ti es nuevo, diferente. Disculpa, el hastío me ha llevado a estos extremos, es solo eso, mañana se me pasará, como todo. Y tú, ¿por qué tienes también en tus ojos esa imperceptible señal de cansancio? Entiendo, la vida es dura, el esfuerzo por seguir se hace cada vez mayor, pero me emociona comprobar que aún conservamos la alegría, y que esta nos mantenga vivos, nos permita aún sonreír, soñar, saber que mientras tengamos lo de hoy podremos hacer algo por el mañana.
Te adelantas, quieres coquetear, lo haces para saber cuanto estoy dispuesto a dar por ti, entiendo, ahora lo que se necesita es seguridad, sobretodo para estas cosas de las cuales, debo confesar, sé muy poco. Pero eso no te importa, lo adivino en tus gestos.

La caminata se hace larga, no quiero llegar a ningún lugar mientras estés tu caminando a mi lado, cuando no estés ahí volveré a estar solo y eso no me gusta, no me hace bien.

- ¿Crees que estoy loco?

Quizás, te concedo el derecho a la duda además, quien puede decir que esta totalmente cuerdo, todos en este mundo tenemos un poco de locos y eso quizás sea lo que finalmente nos permite seguir llamándonos humanos.
Aceleramos el paso, en verdad tú lo aceleras…no se por que.










- ¿Tienes prisa?

Otra de mis preguntas obvias, percibo una ligera incomodidad en ti. Pregones, bullicio, gritos, murmullos, motores, voces, miles de sonidos urbanos a nuestro alrededor pero nada logra distraernos.


- ¿Tomamos algo?

Me gustaría que nos detuviéramos por un instante, tomar un café, fumar, tú sabes, generar condiciones para un diálogo agradable. Tus ojos lo dijeron todo, la prisa, nuevamente la olvidé.

- ¿Prefieres tomar un taxi?

La puerta se cierra violentamente delante de mí, la realidad vuelve a caer pesada sobre mis espaldas.



Ronald Vega.

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