jueves, diciembre 15, 2005

CAMBIOS Y PERSPECTICVAS EN EL ROCK PERIFERICO


CAMBIOS Y PERSPECTICVAS EN EL ROCK PERIFERICO
Por: Ronald Vega.


Los cambios constantes que se generan en la sociedad han llegado a tocar las diferentes expresiones musicales, cambiando los hábitos que existían tiempo atrás. Discursos, conciertos, públicos y formas de producción han variado notablemente tras el influjo de los nuevos tiempos. El rock que se realiza en las zonas periféricas de Lima no ha sido la excepción, contando a la fecha con un crecimiento notable de bandas, que demuestra la necesidad de expresión de los jóvenes que encuentran en esta música (como en años anteriores) un canal importante para vociferar sus malestares.

El desarrollo económico en las zonas periféricas de la ciudad se ha convertido en un importante aliciente en la generación de nuevos espacios para las prácticas musicales, específicamente en el rock, expresión musical de la juventud por excelencia. Este desarrollo permite, entre otras cosas, que los conciertos realizados dentro de un circuito independiente puedan contar con auspicios de casas comerciales que antes no tenían y así mejorar la calidad de los espectáculos con mejores equipos de sonido, haciendo una mayor publicidad etc. Ahora existen lugares específicos donde se practica esta música, bares y discotecas principalmente, permitiendo por un lado el acceso de nuevos públicos a esta expresión musical y por otro propiciando la espectacularización de la misma. Sobre esto último es necesario resaltar que de un tiempo a esta parte el mercado ha tomado la simbología rock para la producción de artículos de consumo cuya adquisición genera identidad en muchos jóvenes, por ejemplo, imperdibles, cadenas, parches son expendidos en las afueras de conciertos como parte del souvenir rock. Todo esto ha generado alrededor de la práctica de esta música un mercado que antes era inexistente.

Por su parte el discurso también ha cambiado. Ahora se han individualizado las demandas, existe una intimación del discurso, los jóvenes ya no pretenden denunciar la problemática social a través de sus canciones como en décadas pasadas, hoy los problemas personales se han apoderado del discurso rock. En las zonas periféricas esto se ve con mayor claridad, problemas como la soledad, el desamor, las relaciones de pareja, y de autoridad, son principalmente la temática de las canciones creadas por las nuevas bandas. Hay que resaltar que estos temas son abordados de forma superficial, cayendo en la denuncia fácil e incluso en machismo exacerbado, sin tener un ápice de crítica por parte del público, el cual también ha cambiado.

Cierto es que estos cambios no se dan de forma aislada sino que están enmarcados en un contexto macro, en el cual los medios de comunicación han comenzado a dar mayor cabida a esta expresión musical a través de espacios especializados y, un factor importante, la aparición de emisoras de radio locales. A pesar de todo esto no se puede hablar de un crecimiento en el rock, más bien se puede decir que ha crecido el público, los músicos, es decir, hay cantidad más no calidad.



La base musical también ha cambiado. La experimentación se ha dejado de lado, salvo algunas excepciones de grupos que están dentro de un circuito con mayores ventajas. Ahora resulta mas fácil aplicar la fórmula inmediata del punk estilo norteamericano de mediados de los 90’s que genera respuestas no menos inmediatas del público asistente. Una batería veloz, guitarreos bicordes y estridentes es lo mas que se puede esperar en un concierto medianamente masivo en alguno de los conos. ¿La necesidad de expresarse es tan grande que no les permite sentarse a trabajar la música? No lo creo así. No se trata de una necesidad de expresar, sino de una necesidad de reconocimiento. Los jóvenes hoy están desesperados por ser reconocidos de cualquier forma, y es lógico en una sociedad que los excluye e invisibiliza. Así el escenario para el músico o el concierto para el asistente se convierten en un espacio de reafirmación de identidad. Aquí se da una relación horizontal entre artista y espectador, ambos son uno, una simbiosis generacional en la cual el uno se identifica con el otro y viceversa.

Hoy, los conciertos de rock se convierten en las zonas periféricas en un espacio para la explosión de una rebeldía ciega y amputada. Sin embargo existe una fortaleza que se mantiene hasta la actualidad, la independencia. Han aparecido sellos independientes en zonas periféricas que se convierten en un importante empuje. Así las bandas podrán producir su música en sus propias zonas evitando todo el proceso de producción musical existente, teniendo en sus manos no solo la producción sino la distribución de su material. A pesar del crecimiento de este mercado del que hablábamos al inicio, la organización de los conciertos recae principalmente en los mismos jóvenes, quienes asumen esta responsabilidad lidiando con todas las adversidades que se les presentan, desde conseguir un lugar hasta los engorrosos trámites para obtener un permiso municipal. Es decir, no están sentados esperando que alguna institución organice conciertos, sino que independientemente se organizan para ello. En la medida que estos colectivos realicen un trabajo articulado podrán mejorar la calidad de sus eventos, para esto se tendrá que encontrar el valor de hacer música por el placer de la creación y no por la obtención del reconocimiento inmediato, el aplauso fácil y las loas vacías.

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