viernes, marzo 03, 2006

A NINGUN LUGAR

A NINGUN LUGAR


Cuando despertó, vio a su madre de pie frente a él. Cuanto tiempo estuve acá. Lo suficiente para percibir tu claridad. Su madre se le acercó y depositó un suave beso en su mejilla que le dejó una inefable sensación de paz. Comenzó a subir por una escalera de nubes hasta llegar al “jardín inmenso de los niños del mundo”, reconoció a Martina que jugaba, como una niña más, mezclada entre las niñas azucena – margarita y los niños girasol – clavel, que, con una sonrisa luminosa se dejaban balancear lentamente al compás del viento suave que agitaba sus cabellos - pétalos. Avanzaba despacio por un recto camino de tierra que dividía el jardín por la mitad, le pareció escuchar la voz de Martina que lo llamaba, pero llevaba prisa por llegar a ningún lugar.

Cuando llegó el primer cansancio se sentó en la única banca de un parque baldío desde donde pudo reconocer a Rita, que daba vueltas por el perímetro de la banca montada en una bicicleta hecha de flores. Ayer te vi, tocaste mi puerta por la noche, yo estaba inmerso en el mundo de Cortázar, no te esperaba. Cuando te abrí la puerta, extendiste tus brazos rodeando mi cuello, me diste un prolongado y sentido beso mientras susurrabas en mi oído que me amabas. Ella, de pronto, detuvo frente a él la bicicleta y mirándolo a los ojos le dijo con expresión cansada, todo ha sido un sueño. Se le acercó, y cerrando los ojos lo besó como aquella noche, dejando una marca de fuego en sus labios. Luego montó la bicicleta y la observó alejarse mientras percibía el olor marchito de las flores. Volvió la prisa, miró el reloj y recordó que se le hacía tarde para llegar a ningún lugar.

Caminaba apresurado cuando llegó el segundo cansancio, volvió a sentarse, esta vez en un paradero vacío donde recordaba haber esperado el micro alguna vez. Con la vista al suelo pudo leer en la vereda una frase que de inmediato trajo a su mente el recuerdo de una mujer a la que jamás había visto, que bien podría ser Rita, pero, que estaba seguro vería algún día. Alzó la vista y vio que se acercaba un bus repleto de gente que reía a carcajadas, subió sin saber cual era la ruta y luego de haber tomado asiento en la parte posterior se fijó en el boleto de viaje. A ningún lugar.

Cuando llegó al paradero final y se disponía a descender del vehículo sintió en su cuerpo el tercer y definitivo cansancio. La demás gente que bajaba seguía riendo hilarante. Quería preguntar algo pero el cansancio lo venció y se quedó dormido.

Soñaba con ir a trabajar.



Ronald vega.

1 comentario:

Sofia dijo...

Un relato muy bien escrito. me parece muy precisa la alegoría de flores-niños.