domingo, abril 29, 2007

VALLEJO, HOY Y SIEMPRE


Vallejo es uno de esos poetas que nunca nos dejan. Aquel al que siempre encuentras ahí, escondido silenciosamente en algún rincón de recuerdos, o en una de esas empolvadas cajas en que se guarda el pasado. Agazapado, esperando el mejor momento para salir a tu encuentro. Siempre me ha sucedido así con él, pocas veces recuerdo haber buscado un libro suyo para disfrutar de su lectura. Por lo general es él quien termina encontrándome, siempre en momentos precisos y a la vez inesperados, es como el amigo que aparece cuando tiene que hacerlo, sin que tú lo llames, atrapándote en sus versos, en su tristeza y esperanza, en su dolor humano.

Este es el libro.


LUIS MONGUIO
CESAR VALLEJO VIDA Y OBRA
EDITORIAL PERU NUEVO
1952

TRES LIBROS...UN TEMA




1.- Muerte en el Pentagonito de Ricardo Uceda (Chiclayo,1953) ha sido el libro mas fuerte que he leído sobre la nefasta época de la violencia política en nuestro país. Y aunque este libro no sea específicamente una obra literaria, ya que siempre fue presentado como un trabajo periodístico (Pienso ahora que en eso radica la crudeza con la que se muestran muchas de sus escenas) mas allá de la muy buena pluma de Uceda para escribirlo, su lectura no deja de despertar curiosidad sobre la forma como las letras peruanas han tratado tan doloroso tema.

2.- Así llegamos a "La Hora Azul", de Alonso Cueto (Lima, 1954), novela que en el 2005 fue ganadora del premio Herralde que es otorgado anualmente por la editorial Anagrama de España, premio que en 1997 ganara Jaime Bayly por su novela "La noche es virgen". "La Hora Azul" es una novela post-conflicto, una mirada desde fuera (Incluso en el tiempo) de la guerra, es el sufrimiento, las secuelas desde el otro lado. La búsqueda que realiza el hijo de un ex militar en zona de guerra para llegar a aquella mujer, perjudicada por su progenitor durante sus años de servicio. Lo interesante en esta historia, mas que las evocaciones del conflicto en sí mismo, es la descripción que el autor hace acerca de la condición que tienen ahora los desplazados en las periferias de la capital.

3.- En "Candela Quema Luceros" de Felix Huaman Cabrera (Pariamarca – Canta, 1943), la voz del ande nos envuelve con su magia y dolor. El personaje regresa a su pueblo serrano, arrasado la víspera, empeñándose en la tarea de desenterrar los cadáveres, recordando -con una extraña mezcla de alegría, rabia y nostalgia- frente a cada uno de los cuerpos los momentos idos. Texto de fina prosa poética, la novela describe paisajes y sentimientos de un ande sufriente, incomprendido, pero a la vez fuerte, vigoroso, indoblegable a pesar de todo. Es una novela de denuncia que esta muy lejos de paporretismos dogmáticos o apologías partidarias. Esta novela fue publicada en 1989, quince años antes que las dos anteriores. "Candela Quema Luceros" es, en suma cuenta, una voz que denuncia la injusticia, una de esas tantas voces ante las cuales muchas veces permanecemos de espaldas.




Los libros.



RICARDO UCEDA
MUERTE EN EL PENTAGONITO (2004)
Los cementerios secretos del ejercito peruano.
EDITORIAL PLANETA

ALONSO CUETO
LA HORA AZUL (2005)
EDITORIAL PEISA

FELIX HUAMAN CABRERA
CANDELA QUEMA LUCEROS (1989)
TERCERA EDICION
EDITORIAL SAN MARCOS 2006

UNA HISTORIA NECESARIA


"Una Mente Brillante" (EEUU 2001) y "Amadeus" (EEUU 2002 /AÑO ORIGINAL 1984), son dos películas que tratan sobre la vida de estas grandes mentalidades que además de la incomprensión de su tiempo, compartieron marcadas alteraciones mentales. En ambos casos se trata de personajes trascendentales en la historia.


Shine (GRAN BRETAÑA 1996), es un caso similar, la del genio incomprendido, pero que posee un elemento importante que la diferencia de las dos películas antes mencionadas. La relación del personaje con su padre, y como esta puede influenciar en su trabajo artístico. El film esta basado en la vida del pianista australiano David Helfgott, el mismo que se ha mantenido vigente hasta nuestros tiempos a pesar de su enfermedad.



Para quienes han visto la película, aquí tienen una entrevista de hace dos años que Helfgott dio al concluir una gira.





Y para quienes no han visto el film hasta ahora, aquí tiene algunos datos que les puede interesar.






Que lo disfruten...

sábado, abril 21, 2007

GUSTAVO VALCARCEL - CARTA A VIOLETA

CARTA A VIOLETA


Te escribo desde tu propio hogar
Ciudad de México, 19 de noviembre,
enfermo como estoy en nuestra cama vieja
sintiendo despeñárseme la sangre
en pos de tí, río inacabable.


Sobre la almohada, a mi lado,
tibio yace tu último sueño
ahora en cambio la ciudad acoge
tu vehemencia de ola, tu vigilia de amor,
recorriendo el pan nuestro
que hoy día te lo debemos todos.


Antes yo escribía desde mi juventud
convertida en un gran reloj de cárcel
en romance de piedra, en pasto policial,
en tristeza y tristeza de mis ojos proscritos,
incomunicado entonces te escribía
desde una celda o cueva
donde tu nombre era lo único viviente.


Luego seguí escribiendote
desde Antofagasta, frente al Mar Pacífico,
desde Puerto Barrios, frente al Mar Atlántico,
desde Oaxaca, frente al tiempo,
desde ti, frente al cielo, en la orilla del mundo.
Y aún cuando te miran mis ojos fijamente
me parece que son frases sus miradas
de un alfabeto que fui incapaz de escribir.


Después de tantos meses de silencio
sentí esta mañana el deseo de escribirte
de escribirte una cosa muy sencilla:
para tanto amor, hemos sufrido poco
para tanto amor, hemos hablado poco
para tanto amor, no hemos vivido nada.


Vivir -¿Me oyes?-, vivir un día, un día nuevo
en el que nadie nos persiga
ni nadie nos embargue
ni se nos corte la luz por unos pesos
ni se nos acuse de extranjeros.

Vivir un día nuevo
en el que trabajemos sin lágrimas ni odios
pudiendo sentirnos camaradas de todos
y en el que por fin nos sea devuelto
el Perú de tus entrañas, nuestro Perú del llanto.

Vivir -¿Me oyes?-, vivir un día nuevo
en que la verguenza no nos astille el ojo
como cuando se enteran nuestros hijos
de esta paternal orfandad de dos monedas.


Vivir un día nuevo. Un día, en suma,
en el que podamos cantar todos los hombres
después de sentarnos en la yerba
a jugar a la comidita
-Como dice nuestra hija-
sin que a nadie le falte qué comer.


GUSTAVO VALCARCEL (1921-1992).- Poeta y escritor. Nació en Arequipa en 1921. Es autor de una novela: “La prisión” en la que narra su experiencia carcelaria; también una obra de carácter histórico “Perú: mural de un pueblo-apuntes marxistas sobre el Perú pre-hispánico”. Primer Premio de Poesía en los Juegos Florales de la Universidad de San Marcos en 1947 y Premio Nacional de Poesía en 1947. Ha publicado: Confín del tiempo y de la rosa (1948), La prisión (1951), Poemas del destierro (1956), Cantos del amor terrestre (1957), 5 Poemas sin fin (1959), Sus Mejores Poemas (1960), ¡Cuba sí, yanquis no! (1961), Poesía revolucionaria. Antología (1962), ¡Pido la palabra! (1965), Poesía extremista (1967), Pentagrama de Chile antifascista (1975), Reflejos bajo el agua del sol pálido que alumbra a los muertos (1980), Obra poética (1947-1987) (1988).
Datos de: http://sisbib.unmsm.edu.pe/Exposiciones/Literatura/Autores/Bib_Valcarcel.htm
La publicación de este poema ha sido posible gracias a la colaboración de mi amigo Alex Víctor Casas Alarcón.

lunes, abril 16, 2007

CINE-CLUB VIERNES 20

ESTE VIERNES 20 DE ABRIL CINE - CLUB CECAL PRESENTA, UNA PELÍCULA DEL DIRECTOR ESTADOUNIDENSE NEIL BURGUER
LA CITA ES A LAS 7:30 DE LA NOCHE (HORA EXACTA) EN EL AUDITORIO DE LA BIBLIOTECA MICHELE MOSNA. JR. LA CONCORDIA 226 A MEDIA CUADRA DEL LOCAL COMUNAL DE TABLADA

INGRESO LIBRE

Y COMO SIEMPRE NUESTRO ACOSTUMBRADO PREVIO CON CORTOMETRAJES DE CHAPLIN


jueves, abril 12, 2007

UTOPÍA DE UN HOMBRE QUE ESTÁ CANSADO



UTOPÍA DE UN HOMBRE QUE ESTÁ CANSADO

Jorge Luis Borges







Llamóla Utopía, voz griega cuyo

significado es no hay tal lugar.

Quevedo



No hay dos cerros iguales, pero en cualquier lugar de la tierra la llanura es una y la misma. Yo iba por un camino de la llanura. Me pregunté sin mucha curiosidad si estaba en Oklahoma o en Texas o en la región que los literatos llaman la pampa. Ni a derecha ni a izquierda vi un alambrado. Como otras veces repetí despacio estas líneas, de Emilio Oribe:

En medio de la pánica llanura interminable

Y cerca del Brasil,

que van creciendo y agrandándose.

El camino era desparejo. Empezó a caer la lluvia. A unos doscientos o trescientos metros vi la luz de una casa. Era baja y rectangular y cercada de árboles. Me abrió la puerta un hombre tan alto que casi me dio miedo. Estaba vestido de gris. Sentí que esperaba a alguien. No había cerradura en la puerta.

Entramos en una larga habitación con las paredes de madera. Pendía del cielorraso una lámpara de luz amarillenta. La mesa, por alguna razón, me extrañó. En la mesa había una clepsidra, la primera que he visto, fuera de algún grabado en acero. El hombre me indicó una de las sillas.

Ensayé diversos idiomas y no nos entendimos. Cuando él habló lo hizo en latín. Junté mis ya lejanas memorias de bachiller y me preparé para el diálogo.

- Por la ropa - me dijo -, veo que llegas de otro siglo. La diversidad de las lenguas favorecía la diversidad de los pueblos y aún de las guerras; la tierra ha regresado al latín. Hay quienes temen que vuelva a degenerar en francés, en lemosín o en papiamento, pero el riesgo no es inmediato. Por lo demás, ni lo que ha sido ni lo que será me interesan.

No dije nada y agregó:

- Si no te desagrada ver comer a otro ¿quieres acompañarme?

Comprendí que advertía mi zozobra y dije que sí.

Atravesamos un corredor con puertas laterales, que daba a una pequeña cocina en la que todo era de metal. Volvimos con la cena en una bandeja: boles con copos de maíz, un racimo de uvas, una fruta desconocida cuyo sabor me recordó el del higo, y una gran jarra de agua. Creo que no había pan. Los rasgos de mi huésped eran agudos y tenía algo singular en los ojos. No olvidaré ese rostro severo y pálido que no volveré a ver. No gesticulaba al hablar.

Me trababa la obligación del latín, pero finalmente le dije:

- ¿No te asombra mi súbita aparición?

- No - me replicó -, tales visitas nos ocurren de siglo en siglo. No duran mucho; a más tardar estarás mañana en tu casa.

La certidumbre de su voz me bastó. Juzgué prudente presentarme:

- Soy Eudoro Acevedo. Nací en 1897, en la ciudad de Buenos Aires. He cumplido ya setenta años. Soy profesor de letras inglesas y americanas y escritor de cuentos fantásticos.

- Recuerdo haber leído sin desagrado - me contestó - dos cuentos fantásticos. Los Viajes del Capitán Lemuel Gulliver, que muchos consideran verídicos, y la Suma Teológica. Pero no hablemos de hechos. Ya a nadie le importan los hechos. Son meros puntos de partida para la invención y el razonamiento. En las escuelas nos enseñan la duda y el arte del olvido. Ante todo el olvido de lo personal y local. Vivimos en el tiempo, que es sucesivo, pero tratamos de vivir sub specie aeternitatis. Del pasado nos quedan algunos nombres, que el lenguaje tiende a olvidar. Eludimos las inútiles precisiones. No hay cronología ni historia. No hay tampoco estadísticas. Me has dicho que te llamas Eudoro; yo no puedo decirte cómo me llamo, porque me dicen alguien.

- ¿Y cómo se llamaba tu padre?

- No se llamaba.

En una de las paredes vi un anaquel. Abrí un volumen al azar; las letras eran claras e indescifrables y trazadas a mano. Sus líneas angulares me recordaron el alfabeto rúnico, que, sin embargo, sólo se empleó para la escritura epigráfica. Pensé que los hombres del porvenir no sólo eran más altos sino más diestros. Instintivamente miré los largos y finos dedos del hombre.

Éste me dijo:

- Ahora vas a ver algo que nunca has visto.

Me tendió con cuidado un ejemplar de la Utopía de More, impreso en Basilea en el año 1518 y en el que faltaban hojas y láminas.

No sin fatuidad repliqué:

- Es un libro impreso. En casa habrá más de dos mil, aunque no tan antiguos ni tan preciosos.

Leí en voz alta el título.

El otro se rió.

- Nadie puede leer dos mil libros. En los cuatro siglos que vivo no habré pasado de una media docena. Además no importa leer sino releer. La imprenta, ahora abolida, ha sido uno de los peores males del hombre, ya que tendió a multiplicar hasta el vértigo textos innecesarios.

- En mi curioso ayer - contesté -, prevalecía la superstición de que entre cada tarde y cada mañana ocurren hechos que es una vergüenza ignorar. El planeta estaba poblado de espectros colectivos, el Canadá, el Brasil, el Congo Suizo y el Mercado Común. Casi nadie sabía la historia previa de esos entes platónicos, pero sí los más ínfimos pormenores del último congreso de pedagogos, la inminente ruptura de relaciones y los mensajes que los presidentes mandaban, elaborados por el secretario del secretario con la prudente imprecisión que era propia del género.

Todo esto se leía para el olvido, porque a las pocas horas lo borrarían otras trivialidades. De todas las funciones, la del político era sin duda la más pública. Un embajador o un ministro era una suerte de lisiado que era preciso trasladar en largos y ruidosos vehículos, cercado de ciclistas y granaderos y aguardado por ansiosos fotógrafos. Parece que les hubieran cortado los pies, solía decir mi madre. Las imágenes y la letra impresa eran más reales que las cosas. Sólo lo publicado era verdadero. Esse est percipi (ser es ser retratado) era el principio, el medio y el fin de nuestro singular concepto del mundo. En el ayer que me tocó, la gente era ingenua; creía que una mercadería era buena porque así lo afirmaba y lo repetía su propio fabricante. También eran frecuentes los robos, aunque nadie ignoraba que la posesión de dinero no da mayor felicidad ni mayor quietud.

- ¿Dinero? - repitió -. Ya no hay quien adolezca de pobreza, que habrá sido insufrible, ni de riqueza, que habrá sido la forma más incómoda de la vulgaridad. Cada cual ejerce un oficio.

- Como los rabinos - le dije.

Pareció no entender y prosiguió.

- Tampoco hay ciudades. A juzgar por las ruinas de Bahía Blanca, que tuve la curiosidad de explorar, no se ha perdido mucho. Ya que no hay posesiones, no hay herencias. Cuando el hombre madura a los cien años, está listo a enfrentarse consigo mismo y con su soledad. Ya ha engendrado un hijo.

- ¿Un hijo? - pregunté.

- Sí. Uno solo. No conviene fomentar el género humano. Hay quienes piensan que es un órgano de la divinidad para tener conciencia del universo, pero nadie sabe con certidumbre si hay tal divinidad. Creo que ahora se discuten las ventajas y desventajas de un suicidio gradual o simultáneo de todos los hombres del mundo. Pero volvamos a lo nuestro.

Asentí.

- Cumplidos los cien años, el individuo puede prescindir del amor y de la amistad. Los males y la muerte involuntaria no lo amenazan. Ejerce alguna de las artes, la filosofía, las matemáticas o juega a un ajedrez solitario. Cuando quiere se mata. Dueño el hombre de su vida, lo es también de su muerte.

- ¿Se trata de una cita? - le pregunté.

- Seguramente. Ya no nos quedan más que citas. La lengua es un sistema de citas.

- ¿Y la grande aventura de mi tiempo, los viajes espaciales? - le dije.

- Hace ya siglos que hemos renunciado a esas traslaciones, que fueron ciertamente admirables. Nunca pudimos evadirnos de un aquí y de un ahora.

Con una sonrisa agregó:

- Además, todo viaje es espacial. Ir de un planeta a otro es como ir a la granja de enfrente. Cuando usted entró en este cuarto estaba ejecutando un viaje espacial.

- Así es - repliqué. También se hablaba de sustancias químicas y de animales zoológicos.

El hombre ahora me daba la espalda y miraba por los cristales. Afuera, la llanura estaba blanca de silenciosa nieve y de luna.

Me atreví a preguntar:

- ¿Todavía hay museos y bibliotecas?

- No. Queremos olvidar el ayer, salvo para la composición de elegías. No hay conmemoraciones ni centenarios ni efigies de hombres muertos. Cada cual debe producir por su cuenta las ciencias y las artes que necesita.

- En tal caso, cada cual debe ser su propio Bernard Shaw, su propio Jesucristo y su propio Arquímedes.

Asintió sin una palabra. Inquirí:

- ¿Qué sucedió con los gobiernos?

- Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos. La realidad sin duda habrá sido más compleja que este resumen.

Cambió de tono y dijo:

- He construido esta casa, que es igual a todas las otras. He labrado estos muebles y estos enseres. He trabajado el campo, que otros cuya cara no he visto, trabajarán mejor que yo. Puedo mostrarte algunas cosas.

Lo seguí a una pieza contigua. Encendió una lámpara, que también pendía del cielorraso. En un rincón vi un arpa de pocas cuerdas. En las paredes había telas rectangulares en las que predominaban los tonos del color amarillo. No parecían proceder de la misma mano.

- Ésta es mi obra - declaró.

Examiné las telas y me detuve ante la más pequeña, que figuraba o sugería una puesta de sol y que encerraba algo infinito.

- Si te gusta puedes llevártela, como recuerdo de un amigo futuro - dijo con palabra tranquila.

Le agradecí, pero otras telas me inquietaron. No diré que estaban en blanco, pero sí casi en blanco.

- Están pintadas con colores que tus antiguos ojos no pueden ver.

Las delicadas manos tañeron las cuerdas del arpa y apenas percibí uno que otro sonido.

Fue entonces cuando se oyeron los golpes.

Una alta mujer y tres o cuatro hombres entraron en la casa. Diríase que eran hermanos o que los había igualado el tiempo. Mi huésped habló primero con la mujer.

- Sabía que esta noche no faltarías. ¿Lo has visto a Nils?

- De tarde en tarde. Sigue siempre entregado a la pintura.

- Esperemos que con mejor fortuna que su padre.

Manuscritos, cuadros, muebles, enseres; no dejamos nada en la casa.

La mujer trabajó a la par de los hombres. Me avergoncé de mi flaqueza que casi no me permitía ayudarlos. Nadie cerró la puerta y salimos, cargados con las cosas. Noté que el techo era a dos aguas.

A los quince minutos de caminar, doblamos por la izquierda. En el fondo divisé una suerte de torre, coronada por una cúpula.

- Es el crematorio - dijo alguien -. Adentro está la cámara letal. Dicen que la inventó un filántropo cuyo nombre, creo, era Adolfo Hitler.

El cuidador, cuya estatura no me asombró, nos abrió la verja.

Mi huésped susurró unas palabras. Antes de entrar en el recinto se despidió con un ademán.

- La nieve seguirá - anunció la mujer.

En mi escritorio de la calle México guardo la tela que alguien pintará, dentro de miles de años, con materiales hoy dispersos en el planeta.





FIN



Colaboración para este blog de mi buen amigo Daniel Ritter.
Digitalizado por Hugo Vega

miércoles, abril 11, 2007

CINE CLUB - VIERNES 13



Gracias a las personas que asisitieron a la inauguración del cine - club el pasado viernes, este viernes los esperamos con un clásico del cine Italiano, pero antes, como siempre, un pequeño previo con cortometrajes de Charles Chaplin.




VIERNES 13 - AUDITORIO BIBLIOTECA MICHELE MOSNA - 7:30 PM.

domingo, abril 08, 2007

DISCIPLINA, ORDEN Y OBEDIENCIA

DISCIPLINA, ORDEN Y OBEDIENCIA.
Ronald Vega.

No se puede negar que es necesario contar con estos tres elementos en el trabajo pedagógico. Fuera de ellos cualquier propuesta terminaría en un verdadero caos. Sin embargo reconocer su importancia no significa aceptar su forma de aplicación. Uno de los fines que, a mi juicio, ha perdido la educación (diría que más que perderlo lo ha tergiversado) es llevar al educando al descubrimiento de sus propios conocimientos, demostrar al niño que tiene la capacidad de sacar sus propias conclusiones y hallar “sus” respuestas. La premisa anterior puede ser aplicada a cuestiones no solo académicas sino también en la enseñanza de valores. Por lo general en las escuelas (y otros centros donde se realizan trabajos pedagógicos) siempre se habla de disciplina, orden y obediencia, pero pocas veces se habla de las implicancias (las cuales van a ser positivas o negativas dependiendo las maneras que tengan estos centros para aplicar esos conceptos) que estos elementos puedan tener en los/as estudiantes. Si la disciplina esta planteada para lograr que los alumnos sepan que tienen que hacer las cosas cuando el profesor lo dice, entonces es una disciplina que somete. La disciplina tiene que promover el respeto por el otro y no el miedo hacia la autoridad. Los que defienden (y aplican) una disciplina que somete, son los culpables (junto a muchos otros factores) que tengamos jóvenes temerosos de expresarse, incapaces de relacionarse con otros, aislados y callados. Un niño debe aprender que no puede gritar en un aula no por que “se molesta” el profesor, sino por que interrumpe a sus compañeros, y la idea es lograr que sean los propios compañeros de ese niño quienes se lo hagan saber, quienes le expliquen la razón por la cual no puede (debe) hacer bulla. “No hay mejor maestro de un niño, que otro niño” (J. Hold). Una disciplina que intimida, asesina la espontaneidad. El orden debe ser entendido como algo que beneficia al colectivo, es decir, todos ganamos con el orden, es un orden que armoniza nuestro espacio (dejar las cosas en su sitio luego de usarlas, mantener limpio el espacio, por ejemplo), lo mejora. Es un orden sobre el espacio del educando, mas no sobre el cuerpo, no puede ser que se intente ordenar los movimientos con cosas como las formaciones, distancia, atención, descanso etc. Coartar la libertad de movimiento es atentar contra la única propiedad privada que tiene un niño. Su cuerpo. El niño debe tener plena libertad y conciencia sobre sus movimientos, “comprender” que hay situaciones en las que no puede hacer determinadas cosas. Ahí esta el trabajo de la educación, hacer que el niño comprenda y acepte esos patrones de comportamiento como una forma válida para mantener una armonía de grupo. La obediencia ciega es borreguismo. El niño que obedece es un niño que ha pretendido romper con las normas mayoritariamente aceptadas y se ve enfrentado a los defensores de esas normas (otros niños como el), solo ahí, se ve en la necesidad de obedecer, al comprender que su iniciativa no tiene futuro. Pero, si no existen defensores de esas normas, ese niño (desobediente) es un visionario, ya que intenta romper con una estructura planteada a partir de una persona (el profesor) quien termina siendo el único custodio de su planteamiento, que impone a través de la fuerza. El niño que obedece es un niño que ha descubierto la inviabilidad de su proceder puesto que genera malestar en el grupo y hace que este se enfrente a él. La obediencia acrítica somete al niño, y si esta se basa en el miedo y la fuerza, no solo somete sino que condena a un ser humano a la domesticación social.

No existe el aprendizaje a través del miedo o la imposición, solo se aprende cuando se es libre y cuando se tiene ganas de aprender, y ahí esta la función de la pedagogía, despertar en los niños las ganas de aprender, el interés por el conocimiento y garantizar un clima favorable para estas actividades.

sábado, abril 07, 2007

CINE-CLUB

CENTRO DE COMUNICACIÓN ALTERNATIVA – CECAL
LOS INVITA AL CINECLUB ABRIL – 2007
TODOS LOS VIERNES DE ABRIL



6 DE ABRIL “VOLVER”

13 DE ABRIL “LADRON DE BICICLETAS”

20 DE ABRIL “EL ILUSIONISTA”

28 DE ABRIL “CLAROSCURO”




HORA: 7:30 PM
(HORA EXACTA)



LUGAR: AUDITORIO DE LA BIBLIOTECA “MICHELE MOSNA” JR. CONCORDIA 226 (A MEDIA CUADRA DEL LOCAL COMUNAL)

ENTRADA LIBRE

ANTES DE CADA PELICULA PASAREMOS CORTOMETRAJES DE CHAPLIN