sábado, julio 14, 2007

LAS ESTACIONES...

PRIMAVERA
Dos primaveras caminan por un parque tomando sol. Conversan alegres bajo la sombra de un paraguas. Les está prohibido voltear, a pesar de ser muchos quienes se detienen a verlas pasar desde sus balcones. A su alrededor bailan alegres vírgenes adolescentes, girando al viento sus faldas multicolores, poseídas por una melodía saliente de enormes trompetas de papel. Mariposas se elevan de sus vientres elevándose juguetonas al celeste firmamento. Cabellos cortos, caras limpias y sonrisas plásticas, todos los que acompañan a las primaveras lucen la blancura de sus camisas como escudo perfecto para cubrir la soledad de sus espíritus.
VERANO
El sol lidera al siguiente grupo que avanza en medio de un bullicio infernal, saltan girando en el aire con gracilidad acrobática, otros vienen haciendo ronda tomados de la mano. Sí, se les nota que son felices, y en verdad lo son, por que nada conocen, nada los entristece. La melodía en la que están envueltos sale de su propia sonrisa, tan pura y sincera como su ignorancia. Y aquel que se atreva a cuestionar esa felicidad puede ser brutalmente rechazado, si antes no termina incorporándose dócilmente al baile frenético, dada la habilidad persuasiva de los danzantes. Para ellos nada existe después de su baile, viven y mueren por y para él, fuera de ello no hay vida ni nada que valga la pena atender.
OTOÑO
Pero ellos no lo ven, él esta agazapado, avanzando a hurtadillas por el medio de la gente, cubriéndose la mitad del rostro con esa gruesa bufanda de azul mar, enfundado en su negro saco de siempre, las persigue. Muchos tristes le siguen el paso, con la misma parsimonia, como imitándolo, jorobados, silenciosos, preocupados complotadores en una silente caravana de melancolía. El otoño esta rezagado pero no le importa, ha aprendido a esperar. Piensa, en lo mucho que le ha costado todo, andar siempre tras de la alegría y nunca poder alcanzarla, pero aún eso le ha sido favorable, le ayudó a conocerse, a amarse en el odiar constante, aprendió a abrazar sus propios hombros. Sabe que debe apurarse, por eso va rápido.
INVIERNO
Tras él y muy cerca, tanto que algunas veces se confunden, viene el invierno, que aloja en el alma a la tristeza entristecida. El es un padre alto y avejentado de paso lento y mirada vacía, que lleva en sus brazos a esa pequeña niña maliciosa cuyo llanto humedece los más duros huesos. Los que vienen en su tras arrastran los pies, desganados, abatidos. Por ratos se lanzan oblicuas miradas de resignación. Han corrido mucho y ahora los pies ya no dan más que para caminar despacio, no tienen fuerza ni para hablar entre ellos. Solo lanzan sus tristes miradas a las personas que sorprendidas los observan desde las esquinas. Muchos se ríen de ellos, pero esas burlas no logran amilanarlos, continúan su caminata como por inercia. Pareciera que avanzan pero en verdad caminan en sentido contrario sin retroceder, van hacia si mismos, buscando su propio horizonte sin poder salirse del camino. Pobres de aquellos que se burlan ¡Si supieran la felicidad que se esconde detrás de la diferencia! Es una alegría vestida de luto. Es un grupo silencioso que avanza desordenado y lento, indiferente a los comentarios de la gente.

COLOFON
Y así seguirán pasando las estaciones delante de nosotros, como un tren de cuatro vagones que se detiene ante nuestra vista invitándonos a subir en alguno de ellos. Ahí podremos ver a quienes nos rodean, cada uno en su vagón, con los suyos, pero hay algunos que pueden ir de un vagón a otro con total normalidad, claro que a muchos de ellos se les nota, pero todos los demás se hacen lo de la vista gorda para no interrumpir sus actividades. Ellos se acomodan en cualquier vagón sin preocuparse demasiado, pero cuando el tren se detenga para que bajen, ahí vendrá su gran problema por que no sabrán de dónde hacerlo. Nadie los reconocerá cuando lleguen a su destino. En cuanto a los demás, si es que alguna vez renuncian al papel que han querido representar, no les quedará otra opción que aprender a ser felices donde están, por que no es fácil pasar de un vagón a otro sin tener problemas, salvo que tengas la capacidad de aquellos que pueden estar en todos lados sin mayores preocupaciones, para que eso suceda, para que alguien pueda estar en todos los vagones con tranquilidad, no tiene que haber estado nunca en alguno de ellos.

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