miércoles, agosto 29, 2007

LOS POBRECITOS



Habían llegado en grupo no mayor de cincuenta estudiantes, todos premunidos de víveres, libros y demás enceres para “donar”. Yo pedí darles el discurso de bienvenida, sospechando las intenciones de su presencia. Eran un poco de más de las once de la mañana, arriba, en el salón de juegos y talleres, algunos niños terminaban sus tareas, otros leían o jugaban. Abajo, en la sala de biblioteca, un numeroso grupo de alumnos -de segundo y quinto de secundaria- de un colegio de San Isidro, observaban mi nerviosismo mientras les explicaba las labores que realizamos. Llegaron acompañados de quienes sospecho eran algunas profesoras y otro grupo de representantes del Rotary Club de La Molina, quienes, ni bien ingresaron al local, pusieron apresuradamente la bandera de su institución y alistaron sus cámaras fotográficas. Pocos segundos después sentía los primeros flashes. Hable de forma desordenada sobre muchas cosas y ninguna a la vez, ahora recuerdo que me detuve en la idea de hacer que los niños puedan ser responsables de su aprendizaje, la verdad es que habían muchas mas cosas sobre las cuales disertar, pero la premura del tiempo y mi propia desorganización de ideas me lo impidieron. Igual no es mi discurso materia de esta reflexión. La sorpresa vino algunas horas después. Por la tarde, cuando regrese a la biblioteca, supe lo que estos jóvenes habían traído como “donación”, además de libros, trajeron también jabón, shampoo, detergente e incluso cremas contra las picaduras. ¿Cuál seria la idea de estos jóvenes al venir a un lugar alejado de la capital, mejor dicho, a un barrio periférico, para visitar a niños que asisten a una biblioteca gratuita? Creo que la respuesta la encontramos en las cosas que trajeron para dejar. Vinieron a dejar su aporte para “Los Pobrecitos”, esos niños sucios que ven en las calles del centro vendiendo caramelos, o –como irónicamente remarco un amigo mío esa misma tarde- trajeron útiles de aseo para verlos mas limpios cuando salgan llorando por televisión. Y es que precisamente es esa imagen del pobre la que venden los medios, donde, o es un menesteroso suplicante de ayuda, o un vil delincuente, drogadicto, borracho o monstruo. Igual no se puede condenar la actitud de esos muchachos, muchos de ellos, quizás, sientan dentro de si una gran sensibilidad frente al tema de la pobreza, pero, es claro que no cuentan con una adecuada orientación. Y es precisamente a quienes los orientan a los que se debería condenar. Hasta hoy seguimos teniendo la misma visión asistencialista frente a la pobreza, después de haber visto todo lo que al respecto la historia misma del país puso frente a nuestros ojos. No hay que dejar lo que nos sobra, sino aquello que nos falta, la pobreza no es una boca hambrienta que suplica frente a nuestra mano dadivosa, la pobreza se esconde también en las grandes tiendas y supermercados, en los programas de televisión, discotecas y ministerios, y es esa pobreza –ética principalmente- la que genera esta, a la que muchas veces nos acercamos desde lejos, para verla como se ven a los animales en el zoológico.

2 comentarios:

Victoria dijo...

Me parece que lo que paso en la biblioteca no debería asombranos, siempre la visión de la ayuda hacia "el otro" por parte de las personas con mayores recursos económicos ha estado mediada por la fantasía del Buen amo que debe consolar a los pobrecitos, obviamente con dinero. En fin llamémosle como queramos, lo importante es que ese discurso no sea asimilado por "los otros" (o sea nosostros.Para eso es lo que debemos luchar.

Nahitas dijo...

la pregunta es: ¿qué haces tú al respecto?

Pasamos mucho tiempo condenando la actividad de los demás, la forma en la que se presentan, sabemos que así no debería de ser, sabemos el por qué de su corrupción, le hechamos la culpa a los medios, comprendemos los orígenes de su malicia, pero ¿qué estamos haciendo nosotros?, sólo observamos? en qué cambiamos, la pobreza que existe en nuestro interior, en nuestro pensamiento y en nuestras acciones nos impiden poder servir al otro.
Esas caras lo último que necesitan es lástima, ni siquiera ayuda.!
Lo que necesitan es apoyo, somos guías y nada más. Somos la piedra en la que ellos se recargaran cuando esten cansados, somos los que estarémos ahí para ver y aventurar a esos pequeños; para animarlos a dar más, a crecer, a querer aprender para que ellos mismos salgan adelante. Para que ellos mismos encuentren su camino.

Si les facilitamos las cosas ( si les ayudamos), un día estarán de el "otro lado", del lado malicioso, del lado de los medios.

No sé tú. Pero yo no quiero eso.

Pasala bien.