viernes, septiembre 14, 2007

MI AMIGO OSO




“Hay cosas que me consternan momentáneamente, pero en el fondo solo me importa ser siempre yo”
Oso.









El sabe que lo suyo no es normal pero, a pesar de saberlo, este hecho no parece preocuparle demasiado, diría mas bien que vive muy tranquilo, e incluso satisfecho, con los dones con los que la naturaleza le ha dotado. A su apetito voraz por la lectura y la meditación solitaria, se le suma ese carácter tan particular que posee este sensible ser fusionado con el cuerpo de un ovejero inglés.








MI AMIGO OSO


Comencé a observarlo con detenimiento, diría mejor a espiarlo, a los pocos meses de haberlo visto por primera vez entre nosotros. Una mañana de sábado, de esas en que todos andan preocupados en cumplir con sus tareas de casa, entré a la habitación donde mi padre cumple religiosamente sus deberes de radioaficionado y lo encontré echado, con su cabeza lanuda sobre las patas, frente a una enciclopedia de historia. Nadie lo había visto en toda esa mañana que a esa hora estaba ya por expirar. Al verse descubierto no atinó más que a mirarme calmado, quizás aceptando que no podría más guardarse el secreto que a todos ocultaba: Su placer por la lectura. Luego de cruzar nuestras cómplices miradas salí de la habitación, dejándole la puerta entreabierta, entré a mi cuarto y desde ahí lo llamé, cuando entró comenzó a chorrearle baba al ver la cantidad de libros que había puesto sobre la cama “Todos son para ti” le dije con una leve sonrisa mientras salía cerrando la puerta tras de mi. Desde aquel día no he dejado de compartir con él cuanto libro cayera en mis manos, aunque de un tiempo a esta parte, y tal vez por todo lo leído, se ha despertado en él un espíritu crítico que lo faculta a escoger, de entre los libros que le presento, los que son de su mayor interés. Nunca he sabido quienes son sus escritores preferidos, siempre se ha mostrado reservado sobre sus gustos, se muestra en verdad reservado para todo en general, para todo menos su alegría, la misma que yo convengo en llamar locura. He visto en mi vida perros muy alegres que mueven la cola a sus dueños ni bien estos cruzan el umbral de la puerta de casa, en el caso de Oso, este estremece todo su cuerpo mientras salta para abrazarme dándome la impresión de estar parado sobre dos patas. Su sensibilidad se manifiesta de muchas maneras, pero principalmente en sus prolongados silencios, cuando, echado siempre con la cabeza lanuda sobre las patas, observa a todos con melancólica mirada, esto se acentúa más cuando esta frente al televisor, tal vez le entristece comprobar la superficialidad de nuestro mundo, eso no lo sé, nunca me lo ha querido decir. Lo que si me dijo una vez, hace ya algunos años, en que lo encontré leyendo en mi cuarto, fue que se sentía mal de no poder hacer muchas de las cosas que le interesaban, por las limitaciones que su propio cuerpo le impone, por ejemplo sentarse a leer en la banca de algún parque en uno de esos indecisos otoños de la ciudad. Desde que me lo dijo he hecho lo posible por darle esa alegría, pero en verdad es algo que lastimosamente le está negado, a lo mucho, hemos llegado a acompañarnos algunas tardes en el parque que está cerca de casa para terminar de leer algún libro.

No hay duda que a Oso la televisión lo deprime, sobretodo los noticieros. Cada que, por alguna casualidad, entra a la habitación donde esta el aparato ese encendido, se queda observando la pantalla como hipnotizado por algunos minutos, para luego quedarse el resto del día sumido en sus silenciosas cavilaciones. Tengo la ligera sospecha de que rechaza la política, no he necesitado hablar de eso con el para darme cuenta. Cierto día en que me encontraba yo almorzando viendo la televisión él se acercó, en ese momento el presidente daba uno de sus acostumbrados discursos plagados de falacias que a tantos llenan de esperanza. El perro se acercó algunos pasos hacia el aparato como para comprobar algo, luego, tranquilamente dio media vuelta y, como si yo no estuviera, sin decir nada, salió. Me quedó la duda sobre su aversión, si es hacia el presidente, o hacia la política en general. Lo cierto es que la locura de Oso ha rebasado los límites de mi propia casa y no tengo idea del cómo. A finales del año pasado, exactamente en el mes de diciembre, un grupo de connotados intelectuales latinoamericanos y uno que otro europeo curioso, se reunieron en un congreso en la ciudad de Cali en Colombia, la agenda: La locura de mi perro. Al parecer se enteraron de su existencia por algunos ensayos que escribió antes de llegar a nuestra casa. Jamás me ha querido decir donde están esos ensayos ni sobre que tratan. Hasta hoy no lo he podido saber, es claro que a la ciencia le interesa él y no yo. Al menos, este grupo de estudiosos tuvieron la gentileza de hacerme llegar las conclusiones a las que llegaron, junto a una carta en la que me exigían compartirlas con el perro. Durante toda esa semana en que estuvieron evaluando el caso de Oso, este grupo de renombrados intelectuales no pudo llegar a determinar el origen de su locura, sin embargo, lo que sí pudieron afirmar, es que esta es infinita, que se renueva cada día. Obviamente mis capacidades no llegan a los niveles de tan reputados estudiosos, pero, por lo que observo, he podido también comprobar la infinitud de su locura, al punto de no saber como hace –al ser esta tan intensa- para que pueda caberle en el cuerpo. Pienso que si tiene él una misión en el mundo, es la de esparcir su locura por todos los confines del planeta, a ver si así podemos hacer algo para cambiar el rumbo de destrucción hacia el cual nos dirigimos. Pero el parece estar muy lejos de preocuparse por estudios, intelectuales o congresos, parece estar bien así, durmiendo, comiendo y leyendo, bueno y cumpliendo también con la misión de todo perro: cuidar la casa por las noches, función que cumple con un gran sentido de humildad y responsabilidad. El es loco y sobre eso no queda ninguna duda. Me ha acompañado en los últimos años en momentos de alegría y tristeza, ha sido testigo presencial de mis sentimientos, supo compartirme sus silencios y escuchar los míos, somos tan íntimos amigos que incluso lo llamo “gordito” como muestra de cariño, las personas más entrañables que he tenido o tengo en mi vida, también lo han llamado así sin que el muestre sentirse ofendido por eso. Es, en suma cuenta, un verdadero amigo, y su amistad maravillosa algo que me interesa cultivar. Aunque hay veces en que se torna peligroso, o al menos da esa impresión, como aquella vez en una fiesta de año nuevo en que de frente, y sin mediar señal alguna de malestar, se acercó a un amigo de la familia que había venido a saludarnos y le orinó el pantalón hasta casi la altura de la rodilla con una tranquilidad que dejó a todos atónitos, y claro, más aún a la víctima de sus amarillentas y cargadas descargas líquidas. Hubo un tiempo en que se dedicó a la lectura de Kant, por esos días lo notaba extraño, confuso, intenté acercarme a él pero fui rechazado en repetidas oportunidades. La cosa empeoró cuando lo encontré con Nietzche, ahí si que me dio temor, había perdido un poco de su habitual alegría, andaba más callado de lo normal, me preocupaba mucho lo que estuviera pasando por su cabeza, pero él, en la grandeza de su humildad supo decirme “Hay cosas que me consternan momentáneamente, pero en el fondo solo me importa ser siempre yo”, cuando me dijo esto le extendí los brazos en señal de saludo, se abalanzó hacia mi con toda la fuerza de su locura y, tumbados en el piso, comprendimos lo mucho que nos necesitamos.

4 comentarios:

rincón de Kelisidan dijo...

hola Ronald, te felicito por tu última publicación, muy creativo...tienes toda la razón,los perros siguen siendo nuestros mejores amigos,
un fuerte abrazo,
Christian

Jaqui dijo...

ese Ositooo.... pues bien tu lo has dicho... la mision del gordito es predigar la locura...
y por eso escribo...
porque oso lo hace muy bien

Stiv A.Pozo Apaza dijo...

oe se mas original pues, lo de yul era honesto! puchitos no mas pides!

yo dijo...

que lindo tu osito todo un lector y seguro que era alan Garcia quien daba el discurso politico en la tv.