sábado, enero 12, 2008

OBSERVANDO LA PAZ

En la ciudad de La Paz los de abajo están arriba y los de arriba abajo, al menos en cuestión geográfica. Y es que la naturaleza ha dado a esta ciudad la forma mas o menos como de un tazón, en cuyos lados superiores se ubica aquello que podríamos llamar periferia, poblada principalmente por comerciantes. Bajando desde ahí a pie( no exactamente desde ahí dado que las distancias son bastante largas) se llega al centro de la ciudad, caracterizado por esas clásicas construcciones coloniales tan propias de las capitales Latinoamericanas. Durante todo este recorrido la presencia de vendedores ambulantes es permanente. Más hacia el sur, diríamos mejor hacia el centro del tazón, se encuentra la zona residencial, pulcra y silenciosa -como la gran mayoría de estas- ajena al bullicio de la ciudad.

He cumplido ya con las tres cosas que considero hay que realizar para conocer una ciudad: Hacer uso de su transporte urbano, comer en el mercado y leer a sus escritores. Sobre el primer punto he de narrar ahora una experiencia inolvidable. Minibús es el nombre que se le da a lo que en Lima se conoce como combi. Estaba pues viajando en un minibús que tenía ya todos sus asientos ocupados, en una de las esquinas dos personas levantan la mano para subir, el cobrador les hace una señal negativa y el vehículo sigue de frente. Debo confesar que en ese mismo instante sentí en mi interior una emoción indescriptible. No sabía si pararme y aplaudir o abrazar a la persona que tenía al lado. Y es que para alguién que jamás se acostumbró a los vejámenes de las "combis", un hecho semejante no puede pasar desapercibido.

Políticamente esta es una ciudad fragmentada. Sin embargo, y esto es algo que me parece necesario señalar, la gran mayoría de la población, y hablo de aquella que por lo general vive al margen del quehacer político, esta enterada hasta en lo más mínimo de las actividades que realizan sus autoridades. Desde el taxista, pasando por la vendedora del mercado y el chico que atiende el hostal, la gran mayoría de paceños estan pendientes de lo que sucede a nivel político.

Por lo que he podido notar y leer en algunos medios de prensa, se trata de un gobierno socialista con rostro indígena que lucha por hacer prevalecer su autoridad en medio de una derecha blanca empresarial que no está dispuesta a perder sus beneficios históricos, y una izquierda radical que no ve en el diálogo una posibilidad de avance. Todo esto en un marco de agresiones que merecen la atención de la comunidad internacional. Citaré textualmente aquí, para graficar lo que ahora digo, un extracto de la editorial del diario "La Prensa" del día 5 de Enero: "Parecería que aún existen personas en el país que se niegan a admitir que los "indios" como los llaman pueden conducir el timón de Bolivia. Solo así se entienden agresiones verbales como llamar a la ministra de justicia "Celindia" ".
Tal vez una de estas personas a las cuales se refiere el texto anterior sea -como para hacernos una idea- el monseñor René fernández, quien en declaraciones publicadas por el diario "La Razón" en su edición del 10 de Enero manifestó: "Es un momento en que se debe recapacitar y pensar en algo que sirva a los bolivianos, una CPE (Constitución política del estado) bien pensada, sana HECHA POR GENTE QUE REALMENTE PIENSA, SABE Y QUE PUEDE ESCRIBIR CON PENSAMIENTOS CLAROS..." Es entonces, un problema político que tiene una fuerte dosis de discriminación.
Dejemos que nos hablen las paredes de la ciudad. En la zona alta periférica se lee: "Evo se queda, la revolución avanza", en el centro, muy cerca del local de la Universidad Nacional de San Andrés se puede leer: "Aplastar a la derecha con las armas", pinta firmada por el Partido Comunista. Finalmente una pinta en un barrio residencial dice simplemente: "Evo asesino". Así de confrontacional se muestra políticamente esta ciudad. Temas como la renta dignidad (Fondo proveniente de los ingresos por hidrocarburos que el gobierno convertirá en pensión para todas las personas mayores de 60 años), o el problema de las autonomías, se encuentran actualmente en la agenda de discusión.

En la ciudad de la paz los niños -o jóvenes, eso nunca se sabe- que lustran botas, tienen el rostro cubierto. Son muchas las razones de esta su peculiar característica. Al parecer -según versiones de algunos pobladores paceños- existe la necesidad de ocultar su rostro ante la verguenza que les produce ejercer este tipo de trabajo, es por ello que prefieren no ser reconocidos por su comunidad. Ellos, y esta actitud tan suya, llaman mucho la atención de alguien que por primera vez transita las calles de esta ciudad.

Por lo demás La Paz -aunque después de lo escrito será difícil de creer- da una imagen de ciudad tranquila, sin esa prisa ciega y sorda de las grandes urbes. Un lugar donde la gente aún tiene tiempo para cruzar algunas palabras con un foráneo.

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