jueves, febrero 28, 2008

EL CALUMA

Ronald Vega

Yo estaba con ellos la noche en que sucedió lo del Caluma. Me encontraron en el parque fumándome un cigarrillo mientras esperaba a la Dorita que ya llevaba varios minutos de retraso. Decidí subir a la loma aunque al día siguiente, como ya era costumbre, la Dorita fuera temprano a mi casa a hacerme escándalo. Nunca he podido comprender a las mujeres, ella es bonita, pero piensa que uno está obligado a esperarla hasta que llegue. Pero si me demoro es por ponerme bonita para ti, me dijo alguna vez en que me quedé esperándola más de una hora en el parque. Durante la subida el Calín me explicaba los pormenores del acontecimiento. Es la primera vez que va a hacer un pase, me dijo. Varios estábamos metidos en el negocio, y es que en el pueblo no se podía hacer otra cosa, sobretodo si no se ha terminado la secundaria, aunque había también muchos profesionales metidos en esto, claro que a ellos les iba mucho mejor. Siempre se comenzaba por poco, unos gramos al principio, medio kilo después y así, pasábamos de la bicicleta a la moto, ropa nueva y de ahí a mejorar la casa para tener a la madre contenta, pero claro, siempre había que pagar aduana, eso lo sabía todo el mundo, la mayoría prefería ir a la misma oficina, era mejor ir voluntariamente a esperar que vinieran a recordarte los deberes para con ellos. El primer pase siempre es especial, es algo así como el bautizo de uno, celebramos en grande la llegada del nuevo, pero eso solo sucede en nuestro círculo de gente que baila y canta con el mismo entusiasmo con el que nos ponemos nostálgicos con la idea de una nueva vida. Antes que todo cambiara éramos un grupo alegre de niños despreocupados corriendo por los campos, saltando en medio de las cochas cuando terminaba la lluvia. Hasta que llegaron esos señores de guayaberas y lentes ahumados en sus helicópteros, ahí cambió todo, la gente que trabajaba por años para mantener a sus familias a duras penas, de pronto vio que otros tan igual o peor que ellos, de la noche a la mañana se convertían en administradores de sus propios hoteles o restaurantes, o eran dueños de empresas de transporte o discotecas que por ese tiempo comenzaron a aumentar para alegría de muchos de nosotros que por ese entonces, recién entrados en el negocio, despilfarrábamos el dinero en tragos y mujeres. Hace ya algunos años de esto, tal vez tuvimos nosotros la suerte de ser de los primeros en entrar al negocio, nadie se puede quejar, a todos nos ha ido bien. El Caluma fue siempre el menor, lo recuerdo pequeñito y lleno de barro chapaleando en las cochas cuando ya nosotros comprábamos nuestras primeras motos. Hace solo unas semanas mientras bebíamos en la rambla todavía me parecía verle el barro en el rostro, llegó con una botella de uvachado para compartir. Quiero entrar en el negocio, dijo con una voz en proceso de cambio. Ya estamos completos respondió tajante el Foncho que fue siempre el primero en todo, entonces el Caluma comenzó con un discurso harto conocido, las razones que todos en algún momento dimos al entrar, que la madre trabaja todos los días por nada, que cuando llueve la casa se inunda, que se quiere cambiar de vida. Aquella noche hubo algo en las palabras del Caluma, creo que sonaban a hombre decidido, El Foncho luego de quedarse con la botella lo botó a empujones. Ya vete nomás huambrillo que esto no es para ti. Yo ya estaba con varios tragos encima como la mayoría, escuché algunas quejas del Caluma, luego Foncho le dijo que viniera mañana al mismo lugar. Desde ahí no volví a escuchar de él hasta hoy que todos mencionan su nombre. De todos lados viene gente hasta aquí para comprar, incluso gringos jóvenes pasean por las calles buscando algún vendedor, pero a ellos ya se les conoce, nosotros solo les vendemos a los jóvenes por que compran poco, los otros, los que compran para vender allá, esos tienen ya su gente a la que buscan para hacer el pase, ahí nosotros no entramos. Pero esa noche el Caluma no haría su primer pase con algún gringo joven, a él lo había buscando un chino al que nadie había visto antes por aquí, tal vez tendría suerte y ese chino le traería muchos otros chinos, ya que se dice que son tantos, para que le compren a él, al parecer el muchacho tendría un buen comienzo. Era esa una de las zonas más oscuras del pueblo, al parecer el Caluma comenzaría vendiendo una buena cantidad, los gramitos se podían vender en la calle a plena luz del día pero cuando se trataba de más de medio ahí ya se buscaban lugares menos públicos para hacer el pase. Puta que este huevón recién comienza y de arranque se manda con medio. Me dice la Bruja, un joven de la capital que vino de turista y se quedó después de su primer pase, no se que decirle, ahora estoy pensando en Dorita, antes de su primera palabra la subo a la moto y me la llevo al monte. Por fin hemos llegado, todo es silencio en la loma, el Calín mira su reloj, parece que falta poco. El chino es el primero en llegar, baja de su carro luego de apagar las luces, enciende un cigarrillo y comienza a caminar en círculos mirando alrededor. Ahí viene, me dice el Foncho emocionado como un entrenador que ha venido al estadio para ver a su pupilo, al fondo veo la silueta del Caluma, flaquito y medio jorobado, imagino que debe estar pensando en lo que comprará mañana ni bien se levante, creo que todos pensamos en eso la primera vez, ha salido la luna y su luz nos deja ver un poco los rostros, anda bien vestido el muchacho, seguro ha sacado la ropa al crédito para dar una buena impresión. Ahora ambos están frente a frente, el chino nos da la espalda así que todos vemos muy bien al Caluma, me parece que se hizo hombre en una semana, serio, saca de su mochila un paquete forrado en plástico negro y se lo entrega. Primero es el dinero huevón, dice el Foncho a mi costado, cuando el chino se dio la vuelta para sacar el dinero del carro escuchamos un grito desde el otro lado ¡Calumaaaa, el chino ta` con los rayaaaaaaasss!, luego sonó el disparo y vimos al Caluma caer en medio de su propia sangre, cuando volteé para ver a los demás ya todos estaban corriendo loma abajo, vi al chino prender el carro y eché a correr.



1 comentario:

Ohmarx dijo...

Pobre Caluma la inexperiencia propia de su edad y sus ganas de salir adelante a como de lugar en un mundo injusto y hostil lo transportaron mas rapido que sus sue;os al otro lado del camino.

Realmente me conmovio la manera de los sucesos ya que mientras los leia se visualisaba mentalmente paso a paso.
Buen relato Ronald, sigue adelante.

Saludos, Ohmarx paniagua