lunes, febrero 25, 2008

EL CASO OSO

Ha pasado ya un buen tiempo desde la primera vez que escribí sobre él. Desde la publicación de ese texto (bastante inocente para la gravedad e importancia del asunto) han sucedido muchas cosas que le dan a este tema una mayor relevancia. Muchos de sus comportamientos dan, sino la certeza, la sospecha de que él posee algunos dones especiales. Utilizo la palabra sospecha –que para mí es certeza- para no influir de forma determinante en las percepciones que ustedes puedan hacerse de él a partir de lo que aquí se va a narrar. La pasión que tiene por la lectura, como primer asunto, me parece ha quedado demostrada en el texto publicado el año pasado. A esto se suma una noticia fundamental que de validarse sería de vital importancia para comenzar a armar este rompecabezas sobre su vida. Matías es el nombre de un joven ciudadano alemán que tiene entre sus grandes pasiones el viajar. Cuando estuvo en Lima tuvimos la oportunidad de conocernos y compartir momentos inolvidables, fue aquí cuando él conoció a Oso, claro que no supo nada sobre él, digamos nada más de lo que se puede saber sobre un perro común y corriente, además de haberle hecho unas muy lindas fotos. Algunos meses luego de la partida de Matías, supe por Daniel, nuestro buen amigo en común, que había realizado un viaje –junto a su novia de origen chino- por el sur de Asia, llegando a conocer entre otros lugares la ciudad de Phnom Penh, capital de Camboya. Hasta ahí el viaje de Matías no podía sino suscitarme más que una leve y sana envidia, pero logró captar mi total atención al punto de no poder dormir los días siguientes cuando supe lo que el buen amigo germano había encontrado en la biblioteca de una escuela rural en un pequeño pueblo al sur de la capital camboyana. Él mismo me dijo que cuando lo vio no lo podía creer, se trataba de un ensayo escrito por Oso. Lo supo al ver la fotografía del perro en la carátula del manuscrito. De inmediato comencé a atar cabos. En la misiva que recibí fechada en la ciudad de Cali en diciembre del 2006, el grupo de intelectuales latinoamericanos –que luego supe sobre la clandestinidad de su trabajo- me advertían sobre una serie de documentos escritos por Oso sobre cuya existencia ellos sabían pero que les era imposible saber donde se encontraban. Para ellos el asunto del perro es su locura, recordemos que luego de su reunión, a pesar de no haber podido descubrir el origen de esta, determinaron que es infinita y que se renueva cada día. Por aquel entonces quedé sorprendido con estas conclusiones, pero con el tiempo he llegado a discrepar entendiendo como inteligencia lo que ellos convinieron en llamar locura. Me puse de inmediato en contacto con Matías y Daniel, pues ambos comparten una habitación de estudiantes en la ciudad de Colonia, para tener más detalles sobre el texto. No hay detalles, el texto ha sido escrito en khmer, la lengua original del lugar, así que es necesario trabajar en la traducción, o diríamos mejor, en las traducciones, pues pasaría del khmer al alemán, y de ahí al castellano. Por ahora vivo esperando que mis amigos terminen este arduo trabajo de traducción, me apena mucho no poder ayudarlos desde aquí, aunque allá tampoco les sería demasiado útil ya que con mucho esfuerzo consigo manejar mi propio idioma. El hallazgo de este ensayo junto a aquello que podríamos convenir en llamar “garantía académica o científica” dada por este grupo de intelectuales latinoamericanos (con quienes he perdido todo contacto desde que recibí su carta fechada en Cali) que certifican la existencia, no solo de ese documento, sino de otros que hubiera escrito Oso durante su vida, me han llevado a desarrollar una hipótesis, y repito que se trata de una simple hipótesis, sobre la vida de Oso, enfatizo esto pues la realidad puede ser exactamente contraria a lo que yo he pensado, al fin todo eso se determinará en cuanto se tenga la traducción al castellano del ensayo encontrado por el amigo Matías. El primer cuestionamiento que aparece al saber de la existencia de este documento es el lugar donde fue encontrado. ¿Cómo puede encontrarse en Camboya un ensayo cuyo autor lleva varios años viviendo en Lima una vida “normal” de perro? Es claro que Oso ha estado ahí alguna vez y que lo vivido en ese lugar lo ha marcado tanto en su existir que incluso lo llevó a escribir un ensayo. Creo yo que muchas de las cosas vividas por él en ese lugar determinan en parte sus actuales comportamientos. Venciendo las barreras de tiempo (nimiedades para un ser con la inteligencia que él posee) es claro para mí que Oso estuvo en Camboya durante los primeros años de los Khmeres rojos liderados por Pol Pot, estos podrían haber sido sus años de febril compromiso social (eufemismo para no catalogarlo como revolucionario extremista) en los cuales se entregó de lleno a la tarea de transformar una sociedad, creyendo con todas sus fuerzas en aquellos que lideraban esa transformación. Con el tiempo comprobó, como lo hiciera también el mundo entero, que se trataba de una banda genocida que sumió al país en una de las mayores desgracias de su historia. Fue esa comprobación la que lo sumió en una profunda crisis personal que, tal vez, haya sido el motivo que lo llevó a escribir este ensayo antes de abandonar el país para siempre y empezar una nueva vida en Sudamérica. Vida que lo llevó a compartir un techo en mi casa –casa de mis padres diría para ser más exacto- dándome la oportunidad no solo de conocerlo sino de descubrirlo, o tal vez de descubrirme en él. Esta hipótesis no es ficción, está basada en muchos comportamientos del perro que se relacionan con este su probable pasado. Por ejemplo, su aversión a la política, comprobada aquella vez en que luego de acercarse al televisor para comprobar que hablaba el presidente García –también genocida- abandonó la habitación como quien se aleja de algo que le causa gran desagrado. Solo alguien que ha estado profundamente involucrado en política y que ha conocido el lado más oscuro de esta la rechazaría como él lo hizo aquella vez. En el primer texto sobre él contaba que cierto día cuando llegó a casa un amigo mío él se acercó y le orinó el pantalón sin razón aparente. Con el tiempo comprendí mejor su actitud siempre basada en su pasado, y es que este amigo trabajaba para el ejército, tal vez hubo algo, una de esas cosas que pasan desapercibidas para la mayoría pero que solo alguien con un alto nivel de sensibilidad en determinado tema podría comprobar. Eso sucedió, Oso comprobó, hasta hoy no entiendo como, que este amigo mío tenía relaciones, al menos laborales, con el ejército y, sin dudarlo, en un claro acto de rechazo a lo militar, se acercó y lo meó. Él odia cualquier cosa que tenga que ver con política y con ejércitos. Alguna vez escuché o leí, que sólo alguien que ha amado intensamente puede tener la capacidad de odiar. Y así, muchas otras cosas, como el pavor que le causan las bombardas o cohetones en épocas de fiesta, me han ayudado a relacionar el presente de Oso, con ese su probable pasado Camboyano cuyas marcas profundas en su ser, se manifiestan a través de estos y otros comportamientos.
Durante estas semanas que llevo viviendo aquí en La Paz he tenido la oportunidad de hablar sobre el tema con algunos otros amigos no siempre con buenos resultados. Una buena amiga catalana me acusó de estar “Flipando” cuando le hablaba del tema, hace unos días mientras tomaba vino con una persona que en poco tiempo se ha convertido en un recuerdo doloroso, me decía que debería verle bien la cara a Oso, con detenimiento, para encontrar en ella algunos rasgos de su intelectualidad, otro amigo me contó sobre una perrita suya que sabe pedir las cosas y que se da cuenta cuando se está hablando de ella, en fin, hay de todo, escépticos y creyentes, gente que cree que uno está loco, o que posee una gran imaginación, (esto último lo considero más ofensivo para mi) pero lo cierto es que en algún lugar de la ciudad de Colonia en Alemania, hay dos personas trabajando en la traducción de un texto que hará callar a más de uno. No puedo concluir sin hacer antes un necesario “mea culpa”, y es que a la actualidad tengo la sospecha de que Oso anda resentido conmigo. Pues razones no le faltan. Dada la prisa con la que dejé mi ciudad y sobretodo por las circunstancias que intuía aquí me esperarían, circunstancias sobre las cuales pienso escribir más adelante en detalle, me fue imposible cargar con mi biblioteca entre mis cosas, así que no me quedó otra que dejar todos mis libros en casa dentro de una caja. Hace unas semanas conversaba por teléfono con mi padre y pregunté por él, estaba ahí en la misma habitación pero jamás quiso acercarse al teléfono a pesar de las insistencias de mi progenitor, esa noche me quedé pensando en su rechazo y entendí, comprendí el por qué de su actitud. En primer lugar, siendo yo quien descubrió sus sorprendentes aptitudes y sobretodo su pasión por la lectura, es para él imperdonable el hecho de haberlo dejado así, de un día para otro, sin antes habérselo consultado, recuerdo ahora que alguna vez le comenté mis planes de salir, pero era uno de sus días de apatía hacia el mundo y quienes le rodean así que intuyo no me hizo mucho caso. Pero lo peor, y tal vez lo que para él es más imperdonable, es haberle dejado todos los libros metidos en una caja sin la oportunidad de poder leerlos, eso creo que es lo que ha generado este resentimiento que espero pronto se le pase. “Mea culpa”, ¿cómo dejar libros guardados en una caja cuando se tiene un perro apasionado por la lectura?, he pedido que saquen algunos y los pongan cerca de él para que pueda leerlos, espero que con eso pueda reconciliarse conmigo. Mientras tanto la espera continúa.

Para una mayor comprensión del caso recomiendo la lectura del primer artículo publicado sobre el tema titulado "Mi amigo Oso": http://vozurgente.blogspot.com/2007/09/mi-amigo-oso.html

2 comentarios:

El Rincón de Kelisidian dijo...

Hola Ronald, leí tu último texto y te hago una pregunta...Oso no inspiró a los dibujantes del Inspector Truqini con su Perro "sabiondo" o "cerebro", en ese dibujo el perro era sumo inteligente..jajajaja...Mentira...una broma.
Hablando serio, muy bueno el texto, me paree tipo la literatura real maravilloso, que através de tu mejor amigo, en este caso tu mascota puedes tocar temas diversos muy profundos y recrearlos a través de tu querido amigo, sigue brindandonos ese tipo de escritos, pueda ser que se prolongue y lo puedas publicar en un libro...
Un fuerte abrazo a la distancia,
Tu amigo,
Christian

Nicola dijo...

Amigo Ronald, intuyo, por lo que escribes sobre este colega tuyo, OSO, que él no está resentido contigo. La sabiduría de su experiencia (obvio) en Camboya (¿sabrás de algunas otras por las que corrió?)y otras luchas (unas menos violentas y otras iguales como los 20 años en el Perú, que seguro le recordó viejas oscuridades y albas)le ahce recordar en ti su propia vida. Considerando las obvias diferencias. No creo que esté resentido, sino más bien orgulloso y u tanto preocupado. Lo que es natural, sobre todo, repito, desde la experiencia de vida que tuvo. Eso sí, estoy seguro,que tu amigo OSO apoya tu arrojo, pero quisiera que lo recojas o que lo visites.