jueves, marzo 13, 2008

LA DECISION FINAL

Ronald Vega



No había nadie cuando llegaron, a esa hora solo se escuchaba el silencioso correr del río y el silbido de las hojas de eucalipto agitadas por el viento frío de la noche. Rubén fue el primero en llegar, Amílcar se había retrasado un poco, distraído con el correr de las aguas otrora cristalinas que ahora tenían una palidez opaca bajo el brillo lunar. Quedaron en encontrarse en la puerta de la escuela pasada la media noche cuando el pueblo entero estuviese ya dormido. En silencio y lleno de miedo, Amílcar había extraído el cartucho del maletín que su padre dejaba todas las noches sobre la mesa cuando regresaba del trabajo. Cuando llegó, Rubén estaba sentado en la orilla rompiendo una ramita y aventando los pedazos al río. Bien grave está mi mamá, primero pensaba que se le pasaría rápido pero peor ha sido, mañana temprano la llevan a la capital para que la vea un doctor. Cuando doña Gloria cayó enferma pocos fueron los que dieron fe a las palabras de Rubén. Con el agua del río se ha enfermado, en la tarde estuvo sacando agua y en ahí habrá tomado para que se ponga así, hay un tubo allá lejos de donde sale cochinada de la mina, eso la ha envenenado a mi mamá. El primero en cuestionar las palabras del muchacho fue don Teófilo, el presidente de la comunidad. Tontería estas hablando, no hay tubo ni cochinada, limpia el agua es, otra cosa le ha pasado a doña Gloria. Todo el pueblo estaba contento con el trabajo de la mina que ya llevaba unos meses en el lugar, al inicio el señor Cárdenas había ofrecido trabajo para los comuneros, una escuela y posta médica. Comunidad de Chuspi, ha llegado la hora del desarrollo, con su propio trabajo construiremos una nueva escuela para los niños, y una posta médica para que no tengan que estar yendo hasta la capital para curarse. Aquella tarde todos sin excepción aplaudieron las palabras del señor Cárdenas que en poco tiempo comenzaron a hacerse realidad, no hacía mucho acababa de inaugurarse la nueva escuela y estaba ya en construcción el local donde funcionaría la posta médica, la vida de la comunidad comenzó a girar en torno al trabajo de la mina, muchos de los que hasta ese momento se dedicaban a la agricultura abandonaron sus faenas agrícolas cambiando la chaquitaclla por pico y casco para adentrarse en las entrañas mismas de la tierra en busca de una mejora para su situación. Uno de los pocos que continuó en la siembra fue Don Cosme, hombre viejo y de prominente barriga que llevaba muchos años viviendo en la comunidad. Yo no les creo a estos, cuanto más estarán sacando para que nos dejen estito a nosotros, solía decir en las pocas reuniones a las que asistía desde que comenzó el trabajo en la mina. Usted no ve beneficios por que ya está viejo y solo, decían los demás comuneros, sobretodo los jóvenes. Además a usted no le interesa el progreso de nuestra comunidad, solía reprocharle don Teófilo en algunas ocasiones. Así que cuando doña Gloria se puso mal, pocos en la comunidad pensaron que la mina tendría algo que ver con eso. Amílcar se había sentado al lado de su amigo que empuñaba el cartucho con las manos temblorosas mientras pensaba en su madre. Cuando intentaban amarrar el cartucho al tubo se sintieron observados, al voltear fueron enceguecidos por la luz amarillenta de una linterna. ¡Que hacen ahí! se escuchó la voz del otro lado del brillo, Rubén pensó en el castigo que recibirían de la comunidad, Amílcar pensaba en lo molesto que se pondría su padre, uno de los más entusiastas con el asunto de la mina, cuando se enterara. Rubén temblaba de miedo pero no soltaba el cartucho, por el contrario, lo asía a su mano con más fuerza. Cuando la luz apuntó al suelo vieron frente a ellos la enorme figura de don Cosme que traía una bolsa en la otra mano. ¡Traigan acá esto!, dijo el viejo arranchando el cartucho de las sudorosas manos de Rubén. ¿A caso no saben que se pueden matar? Es que mi madre se ha puesto grave por culpa de esta agua, dijo Rubén casi llorando. Sí, lo sé, mis tierras tampoco ya producen por culpa de estos que solo saben reaccionar cuando algo grave sucede, pero igual no tienen ustedes por que hacer esto, estas cosas no son para chicos, ahora ¡Váyanse ya! Los chicos se fueron corriendo asustados en medio de la noche, la brillantez de la luna guiaba sus pasos. A la mañana siguiente habían llamado a reunión de urgencia en la comunidad, don Teófilo estaba de pie sobre una silla en medio de la pequeña plaza. Comunidad de Chuspi, accidentado esta don Cosme, lo encontraron hace un rato lleno de sangre, dinamita había estado usando al otro lado del río, a la capital se lo han llevado ahí mismo. Los chicos escuchaban desde el fondo, asustados y pensando en como habría quedado el pobre viejo. Algunos comuneros preguntaron por el hecho. No sabemos pues por que don Cosme estaba ahí con esa dinamita, qué pues habrá estado pensando el viejo, eso nomás queríamos informar, ahora ya es tarde y hay que ir a trabajar. Todos se dispersaron a sus casas a sacar sus instrumentos de trabajo e ir a la mina, varios se quedaron pensando en lo que habría pasado con don Cosme. De inmediato Rubén y Amílcar corrieron hasta el lugar procurando no ser vistos por sus madres, cuando llegaron al sitio aún habían restos de sangre sobre la tierra, el tubo ya no estaba, ambos se miraron confundidos, tal vez cada uno tratando de adivinar el pensamiento del otro. Don Teófilo ha escondido el tubo, él lo ha sacado para que nadie sepa, dijo Rubén mientras regresaban a la comunidad por el camino de tierra. Amílcar lo escuchaba silencioso, aliviado de no haber sido descubierto por su padre. La mañana en que tendría que inaugurarse la posta médica, algunos comuneros buscaron a don Teófilo muy temprano para pedirle una reunión de urgencia, habían ya pasado un par de semanas desde lo de doña Gloria y don Cosme, sobre ella se sabía que aún continuaba en el hospital con fuertes cólicos, y sobre el viejo supieron por el presidente de la comunidad que había perdido un brazo, pero nadie lo había vuelto a ver. Algunas otras mujeres también se habían puesto mal por esos días, incluso Tomás, el hermano menor de Amílcar también cayó enfermo, nadie sabía las razones pero los pobladores comenzaban a dudar y estaban bastante preocupados. Tres de las mujeres se han puesto mal, como doña Gloria están, incluso el hijito menor del Braulio esta enfermo también, grave se han puesto y algo tenemos que hacer, dijo uno de los comuneros. Don Teófilo estaba como siempre al frente, esta vez ocupaban el pequeño salón que servía como local comunal. Hay que llevarlos a la capital entonces ahora mismo, el camión hay que pedir que nos presten para llevarlo, dijo el presidente con prontitud sorprendente. Los comuneros murmuraban entre sí, las dudas sobre el agua como causante de estas enfermedades flotaba sobre sus cabezas. En ese momento hizo su ingreso al local Don Braulio que llevaba al pequeño Amílcar de la mano, tras ellos venía corriendo Rubén. El agua ha sido que está envenenada, eso los ha enfermado, un tubo hay de donde sale cochinada que malogra el agua. Todos habían volteado para escucharlo, los murmullos se hicieron más fuertes hasta convertirse en gritos, la comunidad entera abandonó el local y siguiendo a don Braulio se dirigieron al lugar donde estaba el tubo. Don Teófilo quedó solo en el local, minutos después llegó el señor Cárdenas preguntando por los demás. Han descubierto el tubo, dijo cabizbajo el presidente de la comunidad. Justo ahora que es la inauguración, maldijo el responsable de la mina, ya está por venir el alcalde provincial y otras autoridades de gobierno. Avergonzado, don Teófilo abandonó el local y fue a encerrarse a su casa. En el río los pobladores indignados observaban el tubo del cual un hilo de agua turbia y espesa caía persistente. Rubén y Amílcar se quedaron ahí sentados a un costado con la imagen de don Cosme en sus retinas, mientras por el camino de tierra, una multitud compacta y decidida avanzaba levantando el polvo con dirección a la comunidad.

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