miércoles, abril 02, 2008

BUENAS NOCHES TOKIO



Llevaba mucho tiempo viajando sola por varias ciudades haciendo malabares con el dinero, buscando siempre lugares económicos pero a la vez seguros donde poder pasar la noche. En estos vaivenes aprendió a romper esa desconfianza a las personas que inevitablemente genera la vida en las grandes urbes. Ahora caminaba mochila al hombro buscando un hotel en esta ciudad tal como lo hiciera la noche anterior cuando llegó. Era un hotel viejo de arquitectura colonial que cubría la madera antigua de una larga escalera con una alfombra roja sobre la cual se hubiese sentido estrella de cine de no haber sido por el problema de la altura. Llegó frente al cuartelero jadeando como actriz pornográfica, supo que aquel hombrecito bajo y calvo conocía bastante del tema al notar una leve erección entre sus piernas. ¿Tiene alguna habitación donde poder pasar la noche? Dijo cuando calmaron sus respiraciones. Él sonrió extrañamente, tal vez imaginándola en una de esas escenas que se veían en las revistas a todo color que guardaba con disimulo y nerviosismo. Cuando terminó de ocultar las revistas entre periódicos de páginas amarillentas le pidió que lo acompañara. Ehhh, sígame, por aquí por favor. En ese momento estaba tan cansada que decidió seguirlo y olvidar su preocupación por el asunto de la llave, imaginaba que se la entregaría al llegar a la habitación. Caminaban por un estrecho pasillo de madera entre el olor acre que salía de las habitaciones. Al terminar el pasillo salieron a un pequeño patio como de convento con una vieja pileta en el centro, se escuchaban risas que salían de algunas habitaciones que tenían la luz encendida, aunque hubiese sido una casa de citas con aspecto de convento no le hubiese importado, en ese momento solo quería una cama donde dejar caer su cuerpo cansado y una puerta con seguro. Solo tenemos habitaciones compartidas, espero no le moleste. Qué le iba a importar a estas alturas y luego de la interminable caminata que se había dado. No hay problema, dijo pensando solo en dormir. Buenas noches, la señorita va a ocupar la cama libre. El hombre parecía un profesor que presenta a la niña nueva de la clase. Estaban de pie bajo el umbral de la puerta, frente a ellos un grupo de tres chicas y dos muchachos los miraban sonrientes y con los ojos algo achinados. A los pocos minutos de haberse ido el presentador ya todos eran muy buenos amigos, claro, después de las primeras pitadas. Hendrix deambulaba en el ambiente envolviendo a los presentes en el halo fabuloso de sus acordes. Al rato el sueño había regresado, esta vez con más fuerza. Observó mejor la habitación y notó que había una cama vacía, no quiso preguntar nada, en principio por el cansancio pero también por que la gente estaba tan volada que hubiera sido pérdida segura de tiempo. Durmió, no se cuanto tiempo habría pasado cuando escuchó extraños movimientos en la habitación, se incorporó algo atontada y una de las chicas con un muchacho que supuso era su novio estaban frente a su cama con sus mochilas a la espalda. Dos de la mañana. Ya nos vamos, cuídate mucho y disfruta de tu estadía. Se incorporó para despedirse, cuando cerró la puerta notó que estaba sola, los otros chicos se habían ido antes de dormirse, a los minutos de estar nuevamente en la cama volvió a incorporarse, ¡La cama vacía! corrió a encender la luz y vio sobre ella a un tipo echado con el cuerpo cubierto y la cabeza apoyada sobre la almohada, tenía sobre las frazadas los brazos cruzados y la miraba esforzándose por parecer buena gente. Hola, ¿No me habías visto?, le sonrió y contestó que no, le preguntó si podría apagar la luz ya que se sentía bastante cansada, no hay problema, dijo el hombre. Cuando estuvieron a oscuras fue casi corriendo hacia su cama y se cubrió hasta la cabeza. En principio no tengo por que dudar de él, podría ser una buena persona, pero igual no tengo ánimos de conocer a nadie así fuera Gandhi. Estuvo pensando en ello algún rato más, entonces apareció su madre tomándole los hombros mientras ella intentaba dominar la bicicleta mientras su padre asaba la carne en el patio de la casa, cayó sobre la hierba y él dejó la parrilla para levantarla, pero antes comenzó a acariciarle delicado el tobillo que se había lastimado en la caída, ella quiso tomarle sus manos grandes y cariñosas pero se incorporó bruscamente con un grito de terror. ¡¡¡Ahhhh!!! Pensé que dormías, tienes una piel delicada ¿Sabes?, llevo mucho tiempo viajando solo y ya casi he olvidado lo que es una mujer. Prendió la luz de la mesa de noche y vio frente a ella, muy pero muy cerca, una sonrisa retorcida en rostro oriental. Vivo en Tokio y trabajo ahí como cobrador de impuestos, renuncié a mi trabajo y decidí viajar por el mundo, cosa que hago desde hace ya varios meses, cuando te vi estabas dormida, las chicas estaban por partir, les pedí que no te despertaran pero lo hicieron igual, y ahora que estoy tan cerca de ti, se muy bien lo que tenemos que hacer. Lo miraba pero seguía pensando en su padre, él continuaba hablando. No se que pienses de todo esto, pero ya sabes como es la soledad, sobretodo cuando se esta tan lejos de casa. Lo miró nuevamente, sacudía la cabeza como queriendo salir del sueño. Cuando el tipo puso una mano sobre ella acariciándole el hombro, supo recién lo que realmente estaba pasando. Dejó la pesadez del sueño por un nerviosismo que le hizo temblar toda. Le retiró la mano del hombro con cierta delicadeza que él tal vez interpretó como cariño, pues al instante comenzó a desabotonarse la camisa. Volvió a gritar. ¡¡¡Ahhhh!!! ¿Qué sucede?, no temas, no te haré daño, solo quiero un poco de cariño, soy una persona sola y al parecer tu también, no veo por que te comportas así. Lo empujó con todas sus fuerzas y el hombre cayó al piso. ¡No te me acerques! ¡Déjame en paz! No te pongas así pequeña. ¡Vete ya¡ Esta bien, entiendo que estas cansada, mañana hablaremos mejor, más tranquilos. No volvió a apagar la luz, ni tampoco pudo dormir más. Todo estaba en silencio, la luz de aquella cama, al extremo de la habitación, estaba prendida, el hombre leía o fingía hacerlo. ¿No vas a dormir? No, le contestó pero comenzó a hablar sola en uno de esos monólogos que se lanzan para que sean escuchados. Maldito loco de mierda como vas a hacer algo así, enfermo. Ya pequeña, discúlpame, ¿Te molesta si enciendo un cigarrillo? ¡Haz lo que quieras pero no te acerques a mí! Eran como dos ejércitos en guerra fría. Él fumaba y leía, ella solo miraba al techo con todo su organismo a la defensiva. A pocas horas del amanecer y luego de cerciorarse que el hombre había quedado dormido pudo retomar, algo azorada, el sueño. Al despertar tenía sobre sus piernas una pequeña bandeja con panes, embutidos y un vaso con jugo de naranja, levantó la mirada y vio frente a ella al oriental desnudo con los brazos extendidos que le lanzaba una mirada risiblemente seductora. Que carne prefieres, dijo mientras se daba la vuelta despacio, mostrando unas nalgas fláccidas pegadas a los huesos y un pequeño y adormilado miembro que casi se perdía entre sus colgantes y arrugados testículos. Ella lanzó una risotada tan grande que derramó el jugo de naranja sobre la frazada e hizo caer panes y embutidos al suelo, el tipo la miraba desconcertado como quien no entiende el por qué de la reacción. Vístete hombre ¿Acaso no ves el ridículo que estas haciendo?, salió de la cama y abandonó la habitación tal y como estaba, había dormido con la ropa puesta. Antes de salir escuchó la voz del tipo. ¿Podemos almorzar juntos esta tarde?, ni siquiera volteó, solo dejó su risa burlona en los oídos del hombre que desnudo y con los hombros caídos se dirigía a su cama en busca de ropa. Se pasó el día entero pensando en lo sucedido, en cómo pudo haber pasado del miedo a la risa en tan poco tiempo, pasó por una librería y al caer la tarde volvió al hotel esperando no encontrar a tan curioso personaje. Así fue, entró a la habitación y no había nadie, se acercó a la cama del japonés pensando en cual sería el gentilicio de Tokio, sobre la mesa de noche estaba una novela de Ketsamburo Oré, un paquete de cigarrillos a medio consumir y unos anteojos de topo lector. Que bueno que esta mañana no tenía estos anteojos puestos sino me hubiera muerto de risa ahí mismo, dijo mientras abría el pequeño cajón donde encontró fotografías de mujeres regordetas y un carnet de identidad de aquel pequeño y perdido país centroamericano en el cual se encontraba, donde se veía la foto del supuesto japonés bajo el nombre de Dante Rogelio Tanaka Rodríguez. Sacó un libro como regalo y lo puso sobre la cama del tipo. Espero que le guste o al menos que le sirva, dijo riendo mientras acomodaba “El manual del perfecto seductor” bajo la almohada. Luego de atravesar el estrecho pasillo vio por la ventana al hombre que la atendió al llegar, masturbándose frente a una de sus coloridas revistas, decidió no interrumpirlo y salió sin decir nada, bajando las escaleras se cruzó con una muchacha subiendo agitada buscando habitación, pensó en la noche anterior. La noche pudo ser aterradora, pero a la mañana fue un tremendo cague de risa, dijo mientras salía a la calle, al voltear levantó la vista y leyó el nombre que colgaba de un viejo letrero de madera, “Hotel Japón”, soltó una risotada con algo de tristeza y siguió su camino en busca de otro hotel en la ciudad.

2 comentarios:

J.a.q.u.i dijo...

eiii___ mister Vega... ke kurioso leer sobre el jaladito 'tokiano'??? vaya ke mal estoy en química que tampocono se el gentilicio de tokio...
muy interesante la lectura... me pregunto si algún día me toparé con habitaciones compartidas y con penes pekeños???? ud ke dice...
kreo ke mejor kojo la mochila... y voy en busca d mi respuesta...
cuidece___ se extraña el rostro de Tablada!!!!!
un fuerte abrazo

perrorabioso dijo...

una amiga churka me conto una historia igualitica querido amigo, claro que lña tuya está mejor, aunque la de ella haya sido brutalmente cierta.
Saludos.