lunes, abril 21, 2008

HISTORIAS DE CHARLIE: LA ROMÁNTICA CENA MUDANZA Y LA MAÑANA EN QUE SE SINTIÓ HIJO DE UNA FAMILIA QUE NO ERA LA SUYA


A Charlie siempre le suceden cosas curiosas. Una noche de fiesta con amigos del trabajo terminó acosado por una muchacha que no le gustaba, y no es por que ella no haya sido lo suficientemente agraciada, sino por que los gustos de nuestro querido amigo han comenzado a ser exigentes en los últimos tiempos. En uno de esos minutos de libertad durante la fiesta, entiéndase momentos en que esta muchacha lo dejaba para ir al baño o se iba a la barra a comprar más cerveza en su afán por emborracharlo, Charlie escuchó el Ska, música que desde hace muchos años lo emociona ni bien suena, conduciendo su cuerpo al baile casi de inmediato, claro, lo primero que hizo fue buscar a su poco querida pareja que no estaba, el impulso que esta música le produce fue aquella vez más grande que su habitual timidez, volteó y encontró a una muchacha algo más alta y corpulenta que él a quien invitó a bailar. Te gusta el Ska, preguntó Charlie por decir algo mientras bailaban, no conozco mucho pero es divertido, dijo la muchacha bastante confundida ante los extraños pasos de baile de nuestro amigo. Cuando terminaron de bailar Charlie estaba agotadísimo dada su frenética entrega al baile, ambos conversaron un momento los suficientemente breve como para intercambiar números telefónicos, fue una pena que en ese momento los amigos de Charlie se retiraran, él hubiera preferido quedarse pero andaba sin dinero, además de haber sido ya tomado del brazo por aquella pequeña muchachita de pechos precoces, peinado varonil y lentes de ratón de biblioteca, su agobiante pareja que lo anduvo buscando por todo el local con la desesperación de una madre que ha perdido el hijo en el mercado atiborrado de gentes. Al día siguiente Charlie envió a Regina un mensaje de texto invitándola a almorzar, lastimosamente para nuestro amigo el mensaje, que fue enviado como a las once de la mañana, llegó a la muchacha como a la media noche, por una de esas inexplicables fallas de los sistemas telefónicos. Esto lo supo al día siguiente cuando la llamó desde el trabajo, quedaron para verse al día siguiente pero no pudo asistir cancelando la cita algunas horas antes, esa vez estuvo en una reunión de trabajo tan aburrida como charla con monja octogenaria. Pero nuestro querido amigo que tiene la terquedad como virtud o perdición, siguió llamado a Regina intentando concertar otra cita, la misma que consiguió la noche antes del viaje que Regina tenía que hacer a otras tierras en busca de mejores oportunidades para ella. Estaba nervioso cuando salió del trabajo rumbo a casa, era una cita importante para él, sabía que sería la última oportunidad que tendría para ver a aquella muchacha en cuyos ojos había advertido interés en él, esto no es del todo seguro, pero nuestro amigo gusta mucho de hacer interpretaciones sobre mujeres, sobretodo si estas son favorables para él. Resultó difícil encontrar alguna camisa limpia en su habitación, decidió vestirse de negro para evitar según él lo notorio de la suciedad en su ropa. Tampoco podemos ser tan duros con nuestro amigo, es cierto que la ropa no estaba recién lavada pero tampoco diremos que se veía demasiado sucia, en fin, para variar, Charlie no tenía dinero por aquellos días, y no es por que no trabajase, sino más bien por la dificultad que tiene en la administración de sus ganancias. Tuvo que ir a casa de Julia, única persona a quien podría llamar amiga en toda la ciudad, a pedirle algo de dinero prestado. Cuando contó a su amiga lo que haría esa noche, ella se puso muy contenta por él, luego de darle el dinero le arregló el cuello de la camisa y le recomendó comprar una flor, le dio un beso en la frente cual amorosa madre y lo despidió. En el taxi Charlie cambió de idea, estaba retrasado y no podía perder más tiempo buscando una flor en la ciudad a casi las diez de la noche, así que se decidió por comprar un vino, algo más elegante para su gusto. Llegó a la casa una hora más tarde, luego de haber llamado reiteradas veces a Regina aplazando la hora de su tardanza. Ella lo recibió con una alegría que lo entusiasmó por completo, llevaba escondido el vino pues quería mostrarlo como una sorpresa, la casa era un caos total, había que levantar los pies al caminar para no pisar los montículos de ropa, ollas y demás enceres esparcidos por todo el salón, Regina lo condujo directamente a su habitación que era el doble de caótica que la sala, sobre la cama, en total desorden, las cosas que ella llevaría para su viaje, tenía que estar a las seis de la mañana en el aeropuerto. Una señora que trabajaba en la casa preguntaba cada cierto tiempo si podía llevarse algo mientras levantaba algunas de las cosas regadas por el piso de la sala, la presencia de esta señora inhibió un poco a nuestro amigo, Regina había estado tomando un Vodka mientras lo esperaba, él abrió la ventana y encendió un cigarrillo, ella se le acercó y comenzaron a hablar sobre trivialidades, Regina quedó algo fascinada con la conversación de Charlie, amante de las artes y hábil de palabra, además de melómano y lector voraz. Coincidieron de inmediato, ella observó el vino sobre la mesa y le brillaron los ojos, volteó a ver a Charlie que fumaba con sobriedad mirando por la ventana y le dijo: No tengo saca corchos. Él se tomó la cara sintiéndose tonto, ella parecía no preocuparse demasiado por el asunto, tal vez acostumbrada a salvar este tipo de situaciones. Al rato sonó la puerta, era una de las amigas de Regina, la más entrañable, que venía a despedirse de ella, a pesar de ser persona agradable, la compañía de esta amiga alteró en algo a Charlie, eran ya dos personas de las cuales deshacerse. Cuando terminó de recoger todo lo que le servía, la señora armó un bulto que se puso a la espalda y pidió a los tres que la acompañasen unas cuadras hasta su casa. Así lo hicieron, en el camino Charlie y Regina se abrazaba, unos tímidos besos en la mejilla primero, y al llegar a casa juntaron por primera vez sus labios mientras bajaban las escaleras. Era un barrio residencial y silencioso, sobretodo a esa hora de la madrugada, Charlie miraba el reloj esperando que la amiga se despidiera, pero la casa era un caos tal que veía imposible la partida de Clara, que así se llamaba la amiga, con quien ayudaba a Regina a ordenar sus cosas para el viaje, entre los tres hacían mil malabares para cerrar maletas, las mismas que el padre de Regina acababa de traer con la promesa de regresar a las seis para llevarla al aeropuerto. En determinado momento las amigas comenzaron a llorar y abrazarse, envueltas en recuerdos de infancia y promesas sobre el futuro, Regina y Charlie estaban ya tomados de la mano como una pareja de años, él estaba ya seguro que algo sucedería, solo faltaba que la amiga se fuera. Ahora se besaban con desparpajo y ansiedad, primero cada que la amiga iba al baño, luego delante de ella sin ningún pudor. Cuando Regina acompañó a su amiga a la puerta, Charlie la esperaba en la habitación ya descalzo y con el pantalón desabotonado, listo para el esperado encuentro. Los pantalones ajustados en las mujeres son el fetiche sexual preferido de Charlie, y para su suerte encontró alguno sobre el piso, cuando Regina llegó a la habitación encontró a Charlie con el pantalón en la mano pidiéndole que se lo pusiera, ella accedió de buena gana y fue al baño para cambiarse, cuando llegó al cuarto apagó la luz y dijo, se toca pero no se mira. Hicieron el amor como dos animales salvajes, como sedientos el uno del otro, en medio de la actividad sonó el teléfono de Regina, el momento era tan intenso que ella decidió hacer ambas cosas a la vez, así nuestro amigo escucho en el teléfono la llorosa voz de la amiga que acababa de irse diciéndole que la extrañaría mucho, que la vida no sería la misma sin ella, su mejor amiga, y Regina tratando de calmarla mientras contenía sus gemidos con grandes esfuerzos poco efectivos. Por un momento pensó que sería agradable que le Regina le pasara el teléfono para saludar a la amiga acongojada. La llamada duró poco, Regina tuvo que cortarla diciéndole a su amiga que la llamaría desde el aeropuerto. Para Charlie lo mejor de hacer el amor es después de hacer el amor, ese momento en que los cuerpos cansados descansan sobre si mismos. No habían pasado ni tres minutos de ese momento tan agradable para nuestro amigo cuando sonó el timbre de la casa. Un amigo de Regina había llegado a buscarla casi de forma clandestina y es que supuestamente este amigo tendría ya que estar en la ciudad de destino esperando por ella, tal como se lo habían hecho saber a sus padres, pero el muchacho, que llegó con su novia, había decidido quedarse una semanas disfrutando del amor. Media hora estuvieron este tipo y su novia explicando a Regina algunos pormenores sobre la ciudad a la que en las próximas horas arribaría. Charlie escuchaba silencioso, no tenía ganas de hablar, estaba como un niño que sacaron repentinamente de la cama. No había más tiempo para él, le hubiese gustado estar mas tiempo con Regina en la cama pero la hora estaba ya tan avanzada que le fue imposible, en poco tiempo llegaría el padre para llevar a Regina al aeropuerto. Ayúdame con el resto de mis cosas, pidió ella a Charlie, él, algo cansado ayudaba con desgano a terminar de poner la ropa en las maletas. A los minutos se escuchó un claxon en la puerta de la casa, cuando se asomó a la ventana vio a la familia entera de Regina subida en un pequeño Volkswagen. Imagino que me acompañarás al aeropuerto, dijo ella mientras se le acercaba por detrás tomándole los hombros. Él asintió aún sin entender muy bien lo que estaba pasando, y en cuestión de minutos estaba ya acomodando las maletas en el pequeño vehículo, junto al padre y el hermano de Regina. Partió al aeropuerto la familia en pleno, Charlie Incluido, envueltos en incómodo silencio. El padre al volante, Regina y su hermano en el asiento del copiloto, y en el asiento trasero, enjutos, Charlie, la madre y dos maletas repletas de ropa. Antes de llegar al aeropuerto el hermano de Regina bajó del carro, al parecer tenía otras cosas que hacer, al despedirse de él, Regina miró a su madre, esta a su vez miró por algunos segundos a Charlie y dijo a su hija. Siéntate adelante nomás que no hay tiempo que perder. Durante el trayecto, la madre de Regina y nuestro azorado amigo intercambiaban breves y acuciosas miradas que el padre seguía atentamente por el espejo retrovisor. En el aeropuerto todo cambió, Regina y su madre corrían por los pasillo preocupadas en el pago del sobrepeso de las maletas mientras Charlie y e l padre tomaban tranquilamente café mientras hablaban de política. Durante el momento de la despedida, Regina miraba confundida a sus padres y Charlie, tímidas lágrimas corrían por las mejillas de la madre, y el padre recomendando a su hija que visitara a un viejo amigo suyo que tenía en la gran ciudad a la que su hija viajaba. Al regreso Charlie venía en el asiento trasero, los tres conversaban amenamente sobre los hijos, el padre, hombre de buen sentido del humor, soltaba algunas bromas que hacían estallar a los tres en sendas carcajadas, charlaban como viejos amigos que luego de mucho tiempo se han vuelto a ver. Ahora cada cierto tiempo Charlie visita a la pareja en su casa para tomar café y jugar a las cartas, por lo general pasan las tardes hablando sobre la política y sus vidas, y algunas veces sobre Regina.




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