miércoles, mayo 21, 2008

LEER Y PENSAR

LEER Y PENSAR


Mucho se ha hablado y se habla hasta hoy sobre la lectura, considerándola como una actividad principalmente generadora de conocimientos, limitándola en la mayoría de los casos solo a eso, claro, por lo general esta limitación se da de forma ex profesa , se dice que la lectura genera conocimiento, se hace hincapié en ese detalle en sociedades donde el conocimiento lentamente comienza a considerarse un valor de cambio dentro del mercado, precisamente se habla aquí de un conocimiento “para” el mercado y producido por él. Sin embargo la lectura tiene una potencialidad intrínseca transformadora. Amplía el nivel de pensamiento. El pensar es una actividad cerebral que consiste precisamente en la elaboración de ideas, muchas veces se convierte en un diálogo interno del ser humano que, como todo diálogo, tiene en la palabra su principal insumo, sin la palabra no existe el pensamiento en su forma más elevada. Difícilmente alguien podría pasarse una tarde leyendo el diccionario con la finalidad de aprender nuevas palabras. Es la lectura el único medio para aprender palabras con las cuales se elaborará el pensamiento. Una mayor cantidad de palabras adquiridas nos permitirá ampliar las fronteras de nuestro pensar, que es a su vez el entender, es decir, se adquiere una mayor capacidad de comprensión y elaboración de análisis sobre las cosas que a nuestro alrededor suceden. La lectura debe ser un acto libre y voluntario para que sea efectivo, para que sea realmente transformador, y eso lo saben muy bien los pensadores de la pedagogía neoliberal, los creadores del catecismo pedagógico hegemónico. Ellos convierten la lectura en un acto aborrecible desde el principio, imponiendo al estudiante el material que ha de leer sin habérselo consultado previamente, desde esa concepción de la realidad acerca de la lectura, es perfectamente entendible el rechazo que esta genera en muchos escolares. Pero por suerte no es solo la escuela el único lugar donde existen libros, no solo tener una biblioteca en casa sino hacer uso de ella se convierte en urgente tarea para los padres de familia. La lectura es como la alegría, se contagia, si uno ve a otra persona disfrutando de un libro, o que ha disfrutado de alguno y conversa con ella, al escucharla contar siente dentro de sí la tentación de leer, de descubrir ese disfrute. Esto es comprobado. Dirigía yo un club de lectura en una escuela, y lo único que hacía era entrar al aula y sentarme a leer, nada más. Los estudiantes entraban de uno en uno o en pequeños grupos y, al verme disfrutar de la lectura, primero preguntaban qué era, luego me pedían el libro y ahí es cuando les mostraba el librero y les decía: “ahí hay mejores historias que esta, alguna está escrita para ti”. Muchos de esos estudiantes son ahora asiduos lectores. Es importante encontrar nuestro propio camino y tener la libertad de dejar un libro cuando no nos gusta, el disfrute de una lectura depende de las circunstancias en la que nos encontremos. Comencé a disfrutar del Quijote luego de los veinte años, a pesar de que en casa había dos hermosos tomos de la obra de Cervantes que intenté leer durante mi primera adolescencia y no pude soportar. Una obra no es buena en si misma, sino que es buena cuando el lector disfruta de ella. Hay que dar opciones, si eres alguien que lee y quiere compartir ese gusto, preséntale opciones a la persona, no pretendas imponerle una obra por más buena que la consideres, por que estarías repitiendo el esquema de imposición clásico de las escuelas. Cierta mañana llega un alumno a decirme que está leyendo un libro, el libro era de uno de esos autores detestables que dicen nada en muchas páginas y que producen libros como si fueran empresas de las letras, escriben para el gusto de las mayorías, pues cometí el error de desmerecer la obra delante del estudiante, jamás me lo perdonaré, aquel joven no volvió a tomar más un libro. Es necesario aprender a respetar la libre elección de lo que se quiere leer por más insulsa que nos parezca la obra o el autor. Había yo dado a los alumnos, luego de aprender esta experiencia, la libertad de elegir libremente el libro que quisieran leer, una muchacha eligió uno de esos autores que pretenden aparecer como canónigos de la moral y las buenas costumbres, cuando en el fondo no hacen más que prestar sus servicios a los derroteros del nuevo orden mundial que pretende hacer de los alumnos seres no pensantes. Me mordí la lengua, solo le pedí a la alumna que luego de leer buscase críticas a la obra y el autor, al terminar el curso la muchacha estabas asqueada tanto o más que yo del tipo, cuyas obras, descubrió en su investigación, habían sido financiadas para su publicación en América latina por importantes empresas norteamericanas. Ella misma descubrió que acababa de leer una obra dirigida a determinar el comportamiento de las personas en beneficio de intereses externos, en sus propias palabras: “Esta es una novela que manipula”. Si se le puede llamar novelas a los libros de Carlos Chuautémoc Sanchez. Leer amplia nuestras posibilidades de relacionamiento con otras personas. A más palabras mayores posibilidades de diálogo, es decir, de entendimiento, a menos palabras, diálogos más cortos que se rompen de forma violenta. Les decía también a los alumnos para graficar esto con un ejemplo comprobable, claro, siempre teniendo en cuenta los márgenes de relatividad, piensen ahora en la persona más violenta que puedan conocer, de estas que ni bien pretendes explicarle algo de pronto dicen frases como ¡Y ya no quiero seguir hablando contigo! ¡Esta ha sido la última palabra, no se hable más!, los estudiantes pensaban por breves segundos, algunos de ellos con los ojos cerrados tal vez recordando una de esas escenas tan típicas en nuestros hogares, cuando tenían la imagen de esta persona en su mente les soltaba la pregunta ¿Cuántas veces han visto leer a esa persona?, cerraban los ojos tratando de hacer un vano esfuerzo mental. Claro, las personas que no tienen la lectura como hábito difícilmente podrán mantener la tensión de alguna discusión por más pequeña que esta pueda ser, puesto que al poseer menor amplitud de palabras sus posibilidades de diálogo se recortan. Claro, también está el otro lado, al cual no hay que perder de vista, las personas que sí leen y tienen una gran amplitud de palabras pero lo usan para engañar o persuadir a aquellos que no, profesores universitarios, políticos, empresarios, abogados, artistas entre otros, por suerte no todos, que se encargan de aprovecharse de los demás sin que estos se den cuenta.

Leer es gratis, por lo tanto aprender de forma voluntaria y divertida, conocer nuestro idioma, adquirir destreza en ortografía, descubrir nuevos mundos (Las Mil y una Noches), ampliar nuestros niveles de pensamiento, mejorar nuestras relaciones con las demás personas, escribir con mayor facilidad –que es otra de las bondades de la lectura- , todo esto lo podemos adquirir de forma gratuita con tan solo acercarnos a un libro y dejando que las palabras de Ernesto Sábato hagan lo demás: “Un libro lleva a otro libro”. Hace unos meses abrimos un club de lectura con internos de un penal de la ciudad. Las primeras sesiones casi nadie hablaba, se limitaban a elegir silenciosos los libros de acuerdo al tema que les interesaba, ahora no solo comentan las obras que semanalmente leen, alguno ha llegado a leer tres libros en una semana, sino que además escriben sus propias cartas a instituciones solicitando la implementación de su biblioteca. Leer libera, y eso lo saben muy bien aquellos que nos dominan e imponen sus formas de pensar, es por eso que se limitan a repetir que la lectura produce conocimiento, ocultando con alevosía las demás ventajas transformadoras del acto de leer, los libros están ahí a nuestra disposición, si a ti te gusta leer estás en la obligación de motivar a otra persona a disfrutar del acto de hacerlo. No pienses que los libros que te dan en el colegio o la universidad son todo lo que existe sobre determinado tema, complementa ese aprendizaje con un trabajo de autoeducación, no es casual que en las escuelas se lean a algunos autores y a otros no, o que se lea algunos libros de historia y otros no, estamos dentro de instituciones educativas dirigidas a formarnos para soportar sobre nuestras espaldas el peso de un sistema social que tiene en la injusticia su base principal, nos forman para aportar a ello, incluso muchas veces creyendo que aportamos a lo contrario, es necesario saber bien en dónde estamos, y para hacer ese tipo de análisis en una sociedad donde la injusticia esta tan astutamente disfrazada, hay que tener un amplio nivel de pensamiento, y, como ya hemos dicho, la lectura para esto es indispensable, gratuita y divertida.


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