sábado, junio 21, 2008

CINCO PARA LA FELCIDIDAD





La mujer enciende un cigarrillo en el restaurante del hotel. La sensación de ser observada le produce un extraño estremecimiento. Un café, dice al solícito mozo algo inclinado frente a ella para tomarle el pedido. En la mesa contigua un grupo de hombres juega a las cartas, ella mira la ciudad por los vitrales, personas caminando de un lado a otro en medio de la acera, le alegra poder ver sin escuchar. El ambiente del restaurante es silencioso y relajado. De rato en rato se fija en la hora y levanta la mirada como tratando de encontrar a alguien, alguien que, a pesar de no poder ver, sabe que está ahí, en algún lugar. La muchacha ha bebido ya la mitad de su refresco, se le nota tranquila, tiene sobre la mesa una libreta en la cual anota frases inconexas. Abre el bolso para guardar la libreta y saca un celular, juega un momento con él, con los codos sobre la mesa apoya la barbilla en las manos, observa el aparato, suspira y lo vuelve a tomar. Ha vuelto a sacar la libreta, intenta dar con una página en especial, una en la que debe haber anotado algo que ahora necesita con urgencia, lo encuentra, lee pausada como estudiando las palabras, una media sonrisa se dibuja en su rostro, tiene el celular en la otra mano, ha comenzado a escribir un mensaje de texto. Uno de los hombre que juega a las cartas se ha fijado en la mujer y le lanza un guiño, ella, amable, le devuelve el gesto y reanuda su contemplación de la ciudad por el vitral, va por el segundo café, el hombre se pone de pié y se acerca a su mesa, ahora la mujer está tranquila, al parecer tiene mucha experiencia en el manejo de este tipo de situaciones. ¿Puedo acompañarla?, pregunta el tipo acomodando una silla. Estoy esperando a alguien, dice la mujer con tono amable. El hombre se queda a mitad de gesto, le entrega una tarjeta y antes de regresar a su mesa le hace una reverencia, ella recibe la tarjeta y la guarda en el bolso sin mirarla, los demás hombres que juegan al póker se lanzan entre ellos oblicuas miradas, algunos sueltan pequeñas risillas burlonas, el tipo vuelve a sentarse y levanta las cejas frente a sus compañeros en un gesto de resignación. La muchacha ha terminado de enviar sus mensajes, tienen que haber sido varios por el tiempo que le ha tomado, ha dejado el celular sobre la mesa y está terminando su refresco. Está como esperando algo, tal vez a que lleguen los mensajes, paga la cuenta y se levanta, observa el salón, la mujer ha volteado, sus miradas se encuentran por un segundo fugaz. Los últimos minutos el hombre ha estado bastante intranquilo, ahora más. Camina por la habitación, es el último piso del hotel, sus pasos son lo único que se escucha. Tiene el celular en una mano y en la otra una fotografía con su flamante esposa aquella tarde de la boda hace tan solo una semana. Escucha abrirse la puerta y sale iracundo de la habitación. ¿Qué significa esto?, pregunta levantando el teléfono, tiene el rostro desencajado y la fotografía estrujada en la otra mano. La muchacha sonríe, siempre supo que el momento extremo era su única salida. En la puerta del restaurante alguien pregunta la hora a la mujer. Cinco para la felicidad, responde ella con el cuerpo hecho sonrisa.




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