miércoles, junio 04, 2008

LÍNEA ROJA




Espalda, dedos, piernas, ella anotaba estas palabras en una pequeña libreta mientras a su costado una mujer fingía un orgasmo telefónico. Era su primera noche en aquel trabajo, por la mañana el dueño le dijo una frase que aun revoleteaba en su mente: “De esto a puta hay un solo paso”, no lo olvides, le remarcó antes de despedirse. Ya casi era la media noche y su teléfono aún no sonaba, la mujer a su costado iba ya por la tercera llamada en menos de una hora. No te aflijas, le dijo lanzándole una mirada compasiva, siempre es así al principio, solo espera que te hagas de clientes fijos y veras como te quedarán las orejas, hay cada tipo que ni te imaginas. Ella respondió con una media sonrisa y volvió a sus anotaciones. Estaba intentando escribir frases con algunas palabras claves. Desde pequeña en casa siempre le enseñaron que las cosas hay que hacerlas bien y esto no sería para nada una excepción. “Siente mis dedos recorriendo suavemente tus piernas, subiendo por tu espalda”, hablaba ella en voz baja ante la sonrisa burlona de la mujer del costado. Cuando sonó el teléfono faltaba poco para que den las dos de la madrugada, ella se había quedado dormida sentada y despertó de un sobresalto, al instante buscó la libreta y levantó el auricular. No pudo decir nada, solo escuchaba la voz de un hombre viejo que la guiaba por los caminos de un cuerpo desconocido, ella solo decía sí a todo, y alguna que otra vez complementaba las lascivas frases que escuchaba. Luego de unos gemidos que más que eso parecían exhalaciones de moribundo se cortó la llamada. Encendió un cigarrillo y quedó pensando en aquel hombre al que acababa de escuchar. La mujer a su costado como adivinándole los pensamientos dijo, tranquila, debe haber sido uno de esos viejos que se quedaron solos por que la mujer salió de viaje y necesitaba ayuda para terminar de hacerse una paja, igual fue larga la llamada, cuanto más duran más ganamos, no te olvides de eso. Aquella noche atendió cuatro llamadas más, todas muy parecidas a la primera, en ningún momento necesitó hacer uso de aquella libreta donde tenía anotadas sus frases. Qué es lo que buscan estos tipos, se preguntaba ya en casa por la mañana, se sentía algo decepcionada con todo eso, no le parecía estar haciendo gran cosa, cuando aceptó el trabajo soñaba con excitar a los hombres con su voz, diciendo frases que hicieran levantar hasta el más frío miembro aunque nunca pudiese comprobarlo, pero nada, nada tenía que hacer más que decir unos cuentos monosílabos con una voz falsamente excitada. A la semana había aprendido el oficio bastante bien, comprobó que no importaba mucho la frase, que con solo responder un sí prolongado y melindroso podía brindar a sus clientes el placer que en su voz buscaban. Ya manejaba bien los tiempos, inventaba escenas muy parecidas a las de aquellas películas pornográficas que tanto había visto en su adolescencia y ahora cada mañana miraba atentamente observando los más minúsculos movimientos de los personajes, pero aún así sentía que quería más, buscaba dejar de ser un mero complemento de la imaginación de sus clientes, tenía ya su libreta llena de frases que nunca pudo decir. Una madrugada, mientras bebía café y conversaba amenamente con su compañera de trabajo, sonó el teléfono, eran poco más de las cinco de la mañana, hora poco habitual para recibir llamadas, ambas se miraron extrañadas, ella dio un suspiro como imaginando una escena de sexo telefónico como tantas otras que había tenido y levantó el auricular. Hola amor, dijo en aquel tono excitado que a estas alturas le salía muy natural, Silencio. Pensó que sería algún tímido, uno de esos adolescentes que anduvieron de mala suerte en la fiesta, volvió a insistir, esta vez con mayor énfasis en sus palabras. Solo dime que quieres que haga y te complaceré en todo. Luego de unos segundos de silencio y cuando estaba a poco de colgar, se escuchó una voz seca que solo dijo una palabra en suplicante imperativo. Excítame. Era la primera vez que le pasaba algo así, rebuscaba en su bolso la liberta mientras inventaba frases inconexas en medio de su nerviosismo, no escuchaba nada del otro lado, imaginaba a un hombre tendido en la cama riéndose de ella, pero seguía inventando frases, relatando escenas que aparecían fugaces en su mente, al notar el azoramiento que la envolvía, su compañera comenzó a lanzarle pequeñas frases en voz baja que ella repetía sin escuchar nada del otro lado. No eres tú, dijo la voz y luego cortó la llamada. Cuando llegó a casa vio la libreta en su mesa de noche, la estrujó entre sus manos y terminó lanzándola por la ventana. Lloraba, se sentía fracasada, las oportunidades nunca avisan y ella no estuvo preparada. No eres tú, no eres tú, se repetía tumbada en la cama con la vista fija en el techo de la habitación, pensaba renunciar, buscar otro trabajo, pero había algo dentro que se lo impedía, tal vez una cuestión de orgullo, ella misma no lo sabía. Es difícil que te vuelvan a llamar cuando te cuelgan, le dijo su compañera aquella noche, lo que ellos buscan es placer y si no lo encuentran en ti lo buscan en otra, así es pequeña, en todos lados existen clientes exigentes. Esa noche sintió que contestaba sus llamadas con algo de tristeza, aún así sus clientes habituales quedaban satisfechos, claro, ello no esperaban lo que ella estaba dispuesta a dar, se contentan con tan poco, comentó al terminar una llamada. Eso que importa, dijo la mujer del costado, la cuestión es que la llamada sea larga. Silencio, tenía el auricular en la oreja y no escuchaba nada, nuevamente se sintió presa del nerviosismo. Tienes la primavera entre tus piernas, puedo escuchar el sonido de las golondrinas que revolotean alrededor de tu sexo. Se quedó muda, comenzaba a ruborizarse, la voz continuaba. He de sembrar las flores más hermosas sobre tu piel y luego aspirar su olor en cada milímetro de tu cuerpo. Ella temblaba tratando de disimular antes su compañera que estaba concentrada en pintarse las uñas, se estremecía, no le salía palabra alguna, solo sabía que era la misma voz en la que estuvo pensando todos estos días, unos minutos después y sin darse cuenta comenzó a deslizar lentamente las manos por debajo de su pantalón, tenía ya los ojos cerrados, entonces reaccionó súbitamente y colgó el teléfono. Su compañera de trabajo volteó a mirarla sorprendida, no había visto la escena. Que pasó, preguntó confundida, nada, dijo ella disimulando, quería llegar más lejos. Ah, dijo la otra volviendo a sus uñas, ella se quedó pensando ¡Claro que quería llegar más lejos! Los días siguientes llegaba al trabajo con inusitado entusiasmo, había vuelto a llenar una libreta con frases que trabajaba por las tardes y practicaba con sus clientes en la medida que estos se lo permitían, aquel hombre no había vuelto a llamar pero ella estaba segura que lo haría, solo tenía que esperar el silencio hasta que llegó. Quiero escribir mi nombre en tu espalda con la saliva de mi lengua, esta vez era ella quien hablaba excitándose con cada una de sus frases. Y con mi boca exploradora descubrir los más secretos rincones de tu cuerpo. Del otro lado se escuchaban algunos gestos que podrían interpretarse como de placer, ella seguía, seré una nube que hará caer la lluvia de mis efluvios sobre ti, y así germinarán de tu cuerpo de tierra los más hermosos girasoles que adornarán nuestro lecho. Continuó hilvanando aquellas frases que tenía anotadas en su nueva liberta y otras, fruto de la excitación que en ese momento sentía, la misma que aumentaba más y más con cada gemido que del otro lado escuchaba. Comenzó a masturbarse sin reparar en su compañera que la observaba atónita escupir frases como mariposas que revoloteaban en el ambiente. Ahora hablaba más rápido, casi a punto de llegar al orgasmo…Y estimularé tanto ese miembro que ahora tienes entre manos que llegarás a estremecerte bajo mi cuerpo, hasta que no quede nada de ti y desaparezcas entre mis piernas, eyacularás el alma dentro mío…sí…sí…, cayó el teléfono, ella solo decía un sí que cada vez se hacía más pausado, como el ritmo de sus dedos sobre su sexo. Al terminar, y luego de una prolongada exhalación, abrió los ojos y se dio con la mirada de su compañera que en tantos años en este trabajo jamás había visto algo parecido. Quien como tu, dijo mientras ella se acomodaba el pantalón y recogía el teléfono, ahora ya puedes decir que disfrutas de tu trabajo. Sonó el timbre, era casi medio día y ella terminaba de regar las plantas, se había pasado la mañana entera recordando aquel incidente por el cual conoció a su actual compañero. De la editorial, dice el jovenzuelo extendiéndole un paquete, ella firma la boleta y entra a casa, es su tercera novela erótica, las dos anteriores han sido todo un éxito de ventas, alegre, sube a la habitación para mostrarle el ejemplar a su compañero, antes de abrir la puerta se detiene, prefiere hacerlo más tarde, pobre, dice, ha estado toda la noche trabajando en la línea roja para mujeres.


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