lunes, octubre 27, 2008

PEQUEÑA HISTORIA SOBRE UNA FLOR

Podría esta mañana decir que el pasado 20 de Octubre este blog ha cumplido tres años en la red, podría incluso contarlo con alegría, pero el que haya pasado este tiempo con el blog ha sido más por una necesidad interna que por un esfuerzo que valga la pena resaltar. Podría también escribir o colgar algún artículo sobre política o literatura, tal vez, pero no. Esta mañana solo quiero escribir algunas cosas sobre lo que creo es el vivir, lo que significa estar vivo.

Cuando un ser humano se convierte en flor en medio de un silencio como la melodía mas hermosa del mundo, mira sus pétalos crecer con alegría y todo al rededor es lo que necesita, lluvia, sol y viento. Entonces, algunas veces, se ve desde lejos algo amorfo que con el tiempo se va convirtiendo en una naríz, una naríz que lentamente se va acercando a la flor para disfrutar de su aroma. La flor crece y crece hasta alcanzar el cielo, y la nariz se acerca a ella cada vez más, dejando ver ya no solo una naríz, sino unos ojos, una mirada, unas orejas, un rostro.

Pero llega el momento en que ese rostro está ya muy cerca de la flor, con la espalda ensanchada para aspirar todo su aroma, y es justo ahí, en que ese rostro se transforma en las fauces de un felino amenazador, en el hocico de algún perro rabioso, o el pico de un ave que muestra amenazante sus garras para destrozar los pétalos. Ahí existen dos opciones, o la flor se yergue estoica y muestra sus pétalos al sol como enfrentando su destino, o el hombre despierta y se llama a si mismo imbécil por pensar que podía ser flor.

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