miércoles, octubre 29, 2008

RIBEYRO Y YO

Escribe: Ronald Vega.


Fue en cuarto año de secundaria, en un acápite sobre literatura peruana contemporánea, cuando escuché su nombre por primera vez. Como me sucedió con la mayoría de escritores que conocí durante ese tiempo, no le di la menor bola. Como se ha hecho desde siempre en los cursos de literatura impartidos en las escuelas, no se profundizó en el trabajo del escritor sino hasta un par de sus cuentos como máximo hasta donde yo recuerdo. Y fue uno de ellos el que más me marcó en ese año, se llamaba “El Banquete”, y una vez que lo terminé quise continuar leyendo más cuentos de Julio Ramón Ribeyro, descubriendo en varios de ellos que el verdadero sentido de la vida está –aunque suene irónico- en vivirla, más allá de los resultados que en ella se consigan.

No es este un análisis literario de la obra de un escritor al cual admiro, análisis que considero muy lejos de mis capacidades, sino más bien, la semblanza de un hombre que vivió consumido por el sino de su propia obra, que fue al final su propia vida.

Fácil sería decir, como lo he leído y escuchado algunas veces, que Ribeyro retrata en sus cuentos a personas que pierden, quizás tanto o más que él, quien se enteró de haber ganado el premio literario Juan Rulfo cuando ya se encontraba convaleciente con una agravada enfermedad. Lo cierto es que sus personajes ganan en el esfuerzo que ponen al logro de sus objetivos, el mismo que termina relegado a un segundo plano.

Cual personaje salido de un cuento de este escritor, propuse ante la negación de la mayoría de mis compañeros y compañeras de clase, que nuestra promoción al año siguiente llevara el nombre de Julio Ramón Ribeyro, y que nos pongamos en contacto con él para proponerle sea el “padrino” de nuestra promoción. Era el año 1994, al año siguiente egresaríamos todos del colegio. Fueron meses difíciles, pero haciendo uso de la persuasión, y una que otra treta que no viene al caso contar, se logró convencer a la mayoría de la clase de ponerle a nuestra promoción el nombre de Julio Ramón. Durante ese tiempo yo dormía soñando con estrechar la mano del escritor, pedirle que me autografiara mi edición pirata de “La Palabra del mudo”, e incluso hasta en invitarlo a tomar un café. Grande fue la sorpresa cuando a pocas semanas de haberse tomado la decisión, aparece como noticia nacional la muerte del autor de “Los Gallinazos sin plumas”. Ribeyro jamás fue padrino de la promoción ni mucho menos pude tener la dicha de conocerlo. Y como para tener la certeza de que se trataba de algo “Ribeyriano”, aquel año, a uno de graduarme junto a mis compañeros y compañeras de toda la vida, me expulsan del colegio.

Desde aquel año Ribeyro me acompaña siempre. Alguna vez encontré en una biblioteca su “Diario personal”, o “Sólo para fumadores”, entrevistas, artículos suyos entre otras cosas que he ido devorando durante todos estos años y que me han permitido ir más allá de los cuentos, para llegar a aquella persona que hizo de su vida una forma de literatura y de esta su vida.

4 comentarios:

El Rincón de Kelisidian dijo...

Mi estimado Ronald comparto en tus apreciaciones sobre Julio Ramón Ribeyro. Creo yo que es uno de los mejores cuentistas peruanos, es una lástima que en el colegio no se le dé la importancia debida.

Círculo Dilecto dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Círculo Dilecto dijo...

Estimado Ronald,
Acertado el comentario sobre JRR.
Siempre me acompaña también y;hasta tengo "dichos de luder" en el baño, alter ego de JRR.
atte.
R. de López
desde Ámsterdam

CARLOS TOLENTINO CEL 990-95-1481 dijo...

hola hermano hablar de ribeyro es hablar DE LA TENTACION DEL FRACASO no de ese libro maravilloso sino de la angustia de escribir y no saber a donde iras a parar un abrazo hermano solo nos queda nuestro corazón incivilizado
carlos tolentino