miércoles, abril 15, 2009

MAR DE MADRUGADA

“Eres sangre tibia y yo, me siento vivo…”
Fobia.



El enfermo ha despertado. Madrugada de hospital. Sobre la mesa de noche una foto de ellos sentados en la banca de un parque. Un auto detenido bajo la ventana. La conductora ha encendido un cigarrillo. El enfermo abre la ventana y observa la calle, abajo, ella le hace señas desde el carro. Silencio. Debajo de la cama hay sábanas anudadas que el enfermo ha desplegado desde la ventana hacia la calle. Desciende. Viajan en silencio. Calle vacía. El auto se ha detenido sobre una colina desde la cual se ve toda la ciudad. Es un mar de luz eléctrica. Ambos caminan en sus propios círculos, sin mirarse. Ella ha dibujado en el aire un corazón con ambas manos. El enfermo, manos en los bolsillos de la blanca bata, siente el correr de una lágrima. Ahora, tomados de la mano se acercan al pie del acantilado. Se miran por vez primera. Sonríen. Bulliciosas carcajadas mientras bailan girando dentro de los círculos marcados por sus pasos. Es una danza decidora que motiva la algarabía de todo en derredor.

Vuelven al auto. Ella pone música, él canta. Avanzan por la costanera. Cantando y aplaudiendo, mirándose, viviendo. El auto se detiene frente a la playa. Ambos bajan con los pantalones arremangados. Corren hacia el mar persiguiéndose y haciendo piruetas. Llegan a la orilla y sienten sobre sus pies el frío del agua. Manos y miradas entrelazadas. Aspirando la brisa, ella rompe el silencio: “Por siempre jamás nos tenemos el uno al otro”. Él suspira, le acerca los labios al oído y susurra: “Todo es mentira menos tú”. El cielo oscuro de la madrugada se descorre como cortina de teatro dejando ver un girasol que emerge de las aguas. Ella lo ha tomado entre sus manos para guardarlo en el bolsillo de la bata del enfermo.
El auto se ha detenido bajo la ventana del hospital. Se miran y bajan. Comienzan a trepar por las sábanas hacia la ventana. Antes de acostarse, ha dejado el girasol sobre la mesa de noche, al costado de la foto. Abrazados han quedado dormidos en el silencio de la madrugada. Madrugada de Hospital.

La enfermera entra en la habitación vacía. Recoge las cosas de la mesa de noche para entregar a los familiares –es algo que lleva años haciendo-, toma la fotografía de dos jóvenes sonrientes en algún parque y la pone dentro de un maletín, junto a la ropa de quien hasta esta mañana ocupaba ese lugar. Antes de dejar la habitación ha tropezado con algo debajo de la cama. Tras agacharse encuentra un bulto de sábanas anudadas y al costado un girasol. Toma el girasol con delicadeza y lo pone en el maletín.

Ella ha despertado aturdida. Anoche donó sangre para su vida y se siente debilitada. Mira por la ventana y observa su auto. Piensa en él. Llueve.


No hay comentarios.: