lunes, agosto 31, 2009

LA BIOGRAFÍA DE FÉLIX CARRILLO

Un relato de: Ronald Vega


Desde muy lejos había venido Félix Carrillo a su ciudad natal. Hace varios años tuvo que abandonarla por los mismos motivos por los que hoy mucha gente continuaba haciéndolo. Llovía. Era una de esas lluvias tenues que recordaba de su época de infancia. Llevaba tres días en cama, tras su llegada cayó enfermo, quedando bajo los atentos cuidados de una nieta que habitaba en el pueblo la vieja casa familiar. Solo ella quedaba, sus demás familiares habían partido, algunos para no volver más. Él también lo había pensado así, pero cuando se enteró de lo del premio, encontró en ello una razón para volver.

Ese viernes la nieta no estaba en casa y él decidió salir, en busca de sus pasos perdidos por esas calles empedradas, donde aún podía escuchar la risa de los años pasados. Una vez fuera, caminó bajo la lluvia menuda, enfundado en un sobretodo y una bufanda de lana que hace muchos años le tejió, todo amor, su difunta esposa.
El premio. Algunos años antes de su partida, cuando ya estuvo jubilado, se dedicó a escribir. Lo hacía por dejar salir todo aquello que en las conversaciones de bar, junto a sus amistades, le era difícil de explicar. Dos libros, un poemario y uno de cuentos, publicó antes de dejar su pueblo, en ese tiempo de guerra que hasta ahora, después de tantos años, continuaba. Un premio, después de todos estos años, era algo que aún le costaba creer.

Dirigía sus pasos hacia aquel bar comprobando que durante su ausencia muchos negocios habían cerrado. El pueblo había cambiado, cosa que le costaba aceptar mientras paseaba su avejentado cuerpo por esas calles vacías a esa hora de la noche. Muchos de sus amigos ya no estaban, él se enteró de esas dolorosas partidas en el exilio, a través de las cartas que recibía de su nieta. Tuvo una sensación de soledad que le recorría el cuerpo como un viento frío, elevando ese mechón de blancos cabellos sobre su frente. Buscó apresurado un lugar donde calentarse un poco y, tras caminar unas calles más, pudo ver un negocio abierto. Era una librería que recordaba. El dueño, contemporáneo suyo, había muerto unos años antes dejando el negocio a uno de sus hijos, quien puso un café como complemento.

Dos jóvenes jugaban ajedrez en una de las mesas. Concentrados en su juego, no percibieron la presencia del anciano. El dueño del negocio lo atendió como a cualquier otro cliente. Félix no quiso hacer preguntas. Pidió un café y eligió una mesa al costado de los jóvenes del ajedrez. Minutos después se dirigió a la estantería de libros y dejó correr sus dedos por sobre ellos, tomando un al azar.

Anonadado quedó luego de leer el título: "La biografía de Félix Carrillo". El autor del texto era uno de sus amigos de juventud sobre cuya muerte se había enterado hace algunos años, en una de las cartas que recibía de su nieta. Suspiró y regresó a su mesa. Luego del primer sorbo de café comenzó a ojear el texto con emoción. Encontró en aquellas páginas el retrato de sus años juveniles, antes de la guerra, cuando trabajaba en la oficina de correos. Su primer libro que, hasta antes de leer eso y enterarse de lo del premio, pensaba que había pasado desapercibido. Sí, era su vida, comenzó a descubrirse en cada página leída, ahora comenzaba a creer que nada había sido en vano. Pensaba en mañana, el día de la entrega del premio. Aunque ninguno de sus familiares y amigos, salvo su nieta, asistiría, se sentía contento con el hecho de ser premiado. Tendría que escribir un discurso, pensaba. Hubiera querido llamar a alguien a quien decir te quiero, o abrazar a un amigo. Se hizo una fiesta en su pecho, pero estaba sólo. Sólo en su propia ciudad.

Súbita tristeza se apoderó de su ser, lloraba en silencio. Uno de los jóvenes del ajedrez lo notó, pero ¿Qué podría significar el llanto de un anciano ante un jaque inminente en tres jugadas? A él no le importaba que alguien notara su llanto, ni él mismo se daba cuenta que le caían las lágrimas, el llanto verdadero lo sentía atrapado en la garganta. Antes de decidirse por comprar el libro, luego de un buen rato de haber estado leyendo fragmentos de su propia vida, se detuvo consternado en las últimas páginas. Ahora reía con disimulo ante aquel subtítulo : "La muerte de Félix Carrillo".


"Luego de varios años de exilio a causa de la guerra, Carrillo retornó al pueblo invitado por el municipio para recibir un premio literario. –La risa se borró de pronto del rostro del anciano- La noche antes del acto, saliendo de un conocido café de la ciudad, fue apuñalado por un grupo de delincuentes cuando regresaba a su casa…"

Cerró el libro, lo pagó y salió. Afuera había escampado. El olor que despiden las ciudades luego de la lluvia, ascendía lento hacia el cielo. En la calle, y luego de unos pasos en dirección a su casa, Félix Carrillo vio su cuerpo tirado en el pavimento sobre una mancha de sangre que se extendía a su alrededor. Unos segundos permaneció mirando la escena, luego de un suspiro dio media vuelta tomando otro camino para regresar a casa. Al llegar, se dejó caer sobre el sofá con el libro entre las manos.

¿Tú estuviste leyendo este libro? Preguntó la nieta a su esposo cuando volvieron a casa.

No. Respondió este mientras encendía el televisor.

Qué raro, dijo ella. Luego tomó el libro del sofá y lo puso junto a los demás en aquel viejo librero.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ronald, qué lindo escribes querido amigo... estaré atenta a tu blog,y cambiando de tema, cómo estás? estás feliz? espero que sí, te mando un abrazo, tu amiga sandrex

Anónimo dijo...

yo tb te mando un abrazo de gallinazo