lunes, noviembre 22, 2010

SOBRE UNA VENTANA


Una ventana es una puerta: para el viento. Se podría de ello concluir que una puerta es una ventana: para el hombre. Esto se le tuvo que haber ocurrido alguna vez a Julio Cortázar. Pero no hablaré aquí ni de las puerta-ventanas ni del buen Julio. Solo quiero hablar de esta ventana. Porque esta ventana puede ser cualquier ventana pero cualquier ventana jamás podrá ser esta ventana. Esta tiene personalidad, garbo podría decirse. Si, el marco de madera antiguo y las lunas, que parecen tan antiguas como el marco, le dan a esta ventana un curioso aire aristocrático que se ha mantenido intacto durante todos estos años. Basta con abrir una de sus dos hojas para que el refrescante aire seco y salubre de la sierra se apodere de toda la habitación en esta apacible noche, tan propicia para mirar la ventana, lo cual no es lo mismo que mirar por la ventana, pues en este último acto la ventana es un medio para observar otras cosas, la calle y sus casas, el cielo, la luna, pero no. Al mirar la ventana es ella el objeto, es, esta ventana, la actriz principal de una obra que acaba de comenzar.

Si aceptamos, (cosa en la que a estas alturas creo debemos ya estar de acuerdo), que esta ventana es la actriz, se hace necesario reconocer que la cortina que la acompaña es el vestuario perfecto para el papel que le toca representar: La conexión entre el mundo y nosotros cuando nosotros nos encontramos en nuestro propio mundo. Esta habitación, y todo lo que en ella existe, es mi mundo, pero, cuando está la ventana abierta, como ahora, todo se convierte en una mezcla difícil de explicar, el mundo entra en mi mundo, sin que este último deje de ser lo que es. Toda esa maravilla se da gracias a esta ventana. No contenta con ello, me permite también salir al mundo sin sacar los pies del mío. Cuando me apoyo sobre el alféizar a encender un cigarrillo puedo escuchar el ruido de la calle aún sin estar en ella, además percibo la agradable sensación de estar abrazado a esta ventana o, mejor aún, de ser abrazado por ella. A diferencia de la puerta, esta ventana es silenciosa. En general las ventanas son silenciosas, sobre todo cuando se vive en un edificio, pero más allá de eso son silenciosas por que por ella hacen su ingreso seres silenciosos, como el viento, la luz o la mañana, la luna, la noche, la lluvia. En cambio por la puerta entran siempre seres bulliciosos. La vecina que viene a pedirte le regales unas cucharaditas de azúcar a las nueve de la mañana de un domingo luego de una tremenda e infructífera juerga de sábado, en la que, a pesar de haberlo intentado todo, no pudiste, ni siquiera por un segundo, recibir la bendición de la mirada luminosa en los ojos de Eloísa. Seres bulliciosos. Manuel, aquel a quien hasta esa noche podía yo seguir llamando amigo, el que bailó toda la noche con ella entre los brazos, atraviesa la puerta como un vendaval para contarme lo bien que es la mujer de mis sueños en la cama. Yo callado, como los seres que entran, o salen, por la ventana.

Ahora mismo esta ventana es la que separa mi mundo del mundo, pero también del otro mundo. Este, que hasta hace algunas horas seguía siendo mi mundo, ha dejado de serlo desde que el cuerpo de mi ex mejor amigo cayó ensangrentado sobre mi cama, luego de las tantas puñaladas que le proferí minutos después de terminar de contarme, con lujo de detalles, las intimidades de mi amada Eloísa. Y como con lo que llamamos mundo nunca me interesó entablar una relación seria, ahora solo me queda el otro mundo. El mismo al que espero llegar cuando deje de hablar de esta ventana.


Ronald Vega.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

ahora sobre una puerta

[killa*] dijo...

lo mas simple y significativo entra x esa ventana....

Anónimo dijo...

Esto fue un vendaval. Tranquilidad en un momento y tensión, desquite de la ira, y nuevamente una calma aparente de ese submundo íntimo. Felicitaciones!
Carol.

Anónimo dijo...

carol quicaña molina?

Elmer Arturo Arana Mesías dijo...

ROnal, este es un cuentazo. De muy buena factura. Abrazos. Elmer Arana