viernes, enero 01, 2010

HACIA LA ORGANIZACIÓN

Compañeras/os:

La realidad exige organización, la organización responsabilidad. Cada persona trae tras de sí la experiencia adquirida en el camino recorrido durante casi una década. En nuestras alforjas está también la indignación que produce volver al barrio y presenciar el triste espectáculo de la cultura. El cual no viene al caso discutir ahora. Mejor dicho, no es la intención de este texto entrar a esa reflexión por demás desoladora.

Hablemos de la organización. ¿Quiénes? ¿Para qué? ¿Por qué?, preguntas que se deben responder cara a cara, pero que aquí intentamos un asomo de respuestas por lo menos desde nuestra percepción. Una organización como la suma de indignaciones y experiencia, un espacio para la presentación de propuestas y generación de debate, la organización como el lugar para escucharnos después de algunos buenos años.

Contrarios al oportunismo desde el principio. Lo bueno de ser pocos es que nos conocemos, sin ánimos de hacer grupo cerrado, todos tienen posibilidad de voz y voto pero también de “veto”, la apertura debe ser franca y sincera, tanto como la crítica y la postura frente a los debates.

Una organización que busque levantar propuestas concretas y viables para el distrito, que logre tener una fuerza de acción y convocatoria capaz de ponerla en capacidad de diálogo con la población y en igualdad de negociación con cualquier otra organización a nivel local.

Defender el respeto por las diferencias como base para una amplia convocatoria. Sí, todo es relativo, pero el corrupto es corrupto y el oportunista es oportunista, una Organización que sepa desde el principio cuales son los ríos por los cuales no ha de navegar, dentro de la amplitud y el entendimiento.

Las circunstancias están dadas. Estamos las personas, la experiencia y el ánimo. Ahora somos dos generaciones, el viento sopla a favor.

Colectivo Voz Urgente



Villa María del Triunfo, 1 de Enero del 2010
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EL HÉROE

Corto de animación

DE COMPRAS EN EL SUPERMERCADO

Por: Josefina Mata

Lo siento, no puedo resistirlo, soy una compradora compulsiva. No se trata de comprar por comprar, debe haber un necesario “feeling” especial con la persona a quien le compres algo, se trata, creo yo, de un lenguaje gestual, miradas, sonrisas, tonos de voz, innumerables pequeñas cosas que a una, como compradora, la hacen entrar en confianza con quien vende. Yo, que aprendí a comprar así, he sufrido un duro e irreparable golpe con la aparición de los “Supermercados”.

No hay nadie. Solo una y el producto, en una fría y silenciosa relación, mecánica, absoluta, que se repite tantas veces como cosas se necesite comprar. Un supermercado es un estudio de cine en pleno rodaje de una película futurista, es una mezcla de nave espacial y aeropuerto, pulcro y congestionado. De un orden a veces desesperante. Me pondré catastrófica: Los supermercados son una muestra diminuta de lo que será el nuevo orden mundial del consumo, en algunos años más habrán (esto imagino que ya debe existir) barrios supermercados, ciudades supermercados, provincias supermercados, países supermercados, donde comprar será la nueva forma de vida.

Curiosamente, a pesar de todo, no he dejado de ser compradora, solo que ahora prefiero (aunque cada vez cuesta más encontrarlas) comprar en pequeñas bodeguitas, de esas que están en grave peligro de extinción, donde aún se puede charlar con la vendedora, reír un poco, sin tener que escuchar una voz tan mecánica que parece salir de la caja registradora.

El supermercado mata lo humano del acto de comprar.