jueves, enero 20, 2011

GRAN MADRE



A Angélica Zegarra Aparicio








La abuela está en la cocina olor a querosén



Prepara la comida del mañana



Observa el mundo desde su ventana de maíz y tiempo



Tejedora de esperanza en lana de arcoíris



Fundadora de ciudades en el desierto



Háblame de la historia que transita tus venas



De lo que éramos antes que nuestros huesos se formen



Del olvido, ese felino silencioso que ronda el pasado para devorar todo lo bueno que tiene



Cuéntame de la tristeza que habita en tu silla de ruedas



Vuelve a lanzar tus palabras sobre nuestras cabezas, ahora que ya podemos saltar más alto



Alguien tendrá que contar la historia que guardan tus brazos, ver las viejas fotografías que conservan tus pupilas.



De ti recibí lo que necesitaba y con eso estoy tranquilo, me basta para este largo viaje donde el pasado es empuñadura para esta espada de sangre.



Llegas desde un “pobres pero dignos”, con el fresco de la mañana, para preguntarme por qué busco tan lejos algo que siempre estuvo aquí, y traes hasta mí, voces petrificadas en imágenes sepia, lejanos cantos que atrapan las razones en medio del sopor, suaves caricias que me regresan a la cama para soñar el polvo de los años



Queda tranquila, mujer elevada, he recibido tu mensaje



Gran hermana del tiempo / viento del alba



¿Quién podría negar el saber que tus manos transmiten?



Si nuestros huesos se formaron entre tus brazos



Si los primeros cantos se acunaron en tu voz



Abuelita campesina de ciudad



Mujer pájaro que sale del nido a esa jungla inclemente de humo y vajilla ajena, de donde sólo vuelve con algo que acalle el hambre de los críos



Hoy celebro tu entereza en los momentos difíciles



Andar decidido en medio de la tempestad / sonrisa de niña avejentada / silencio de tiempo en la mirada



Aquí estamos para cantarte quienes heredamos ese esfuerzo



Aquí para decirte que la bofetada del mundo sigue siendo la misma, ahora enfundada en guante blanco de seda



Mujeres y hombres nacidos de esa tierra donde se refundieron tus manos para edificar la primera casa



Bajo el techo rústico en que nos encontramos todos por primera vez



Y para siempre.







Tristán D' Mar

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