lunes, abril 25, 2011

TRISTÁN D`MAR: PÁGINA DE DIARIO

ABRIL 18

Hay días en los que todo es cuestionable comenzando por uno mismo. Esto de mantenerse en el plano de las ideas y los sueños siempre termina resultando peligroso, sobretodo cuando te surgen preguntas tales como ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿A qué estoy jugando ahora? Hablo de jugar por que recuerdo mucho cuando niño, aquellos días en que uno mismo prepara todo un ambiente para jugar a ser algo, por ejemplo, si juegas a que eres médico, tomas cosas de la cocina y las ordenas de tal forma que tu habitación, o el espacio elegido para el juego, de la impresión de ser realmente un consultorio médico, y así es, el niño se siente un médico por todo un día, con pacientes, recetas, auscultaciones a muñecas, y, si el lugar es el consultorio, su imaginación puede llevarlo a hacer de la casa un verdadero hospital para él. Así con mi vida. En días como estos pienso que lo que hago es jugar a ser escritor, ahora me pregunto ¿Y por qué no hacer de todo esto un juego? El problema viene cuando la realidad aparece despiadada para decirte que lo real es que eres un hombre de más de treinta años que trabaja por las noches en un bar en un país que no es el tuyo –aunque pueda ser, con todas sus diferencias, una representación en pequeño del mío- ganando menos de siete dólares la noche, alguien a quien sólo el hambre lo mueve a hacer las cosas que debería hacer, una persona que puede ver como posibilidades reales los proyectos más absurdos e irrealizables. Es peligroso esto de andar siempre en las nubes. Pero ¡me he pasado casi toda mi vida así!, tanto que ya me resulta imposible retroceder. No sé muy bien lo que hago, es cierto, menos sé lo que haré, lo único que me queda claro es qué cosas no haría ya a estas alturas de mi vida, cosas como trabajar en lo mismo por mucho tiempo, casarme, tener hijos, adquirir bienes. Esto es el “limbo perpetuo”. Entonces pienso mucho en el trabajo como única forma de redención. Pero cómo poder dedicarme al trabajo para vivir si tengo que dedicarme al trabajo para comer. ¿El equilibrio? Tal vez, si me empeño más en materializar las ideas, en hacer que desciendan lentamente hasta tocar el suelo –pienso que las ideas pueden llegar a ser tan reales que podrían incluso vencer la ley de la gravedad- me sentiría mucho mejor que ahora, mucho menos tonto que en este mismo instante. Necesito renovarme, tomar un nuevo impulso, está claro que no puedo seguir así. Pero cómo se puede llegar a ser tan fluctuante, vivir siempre en los extremos, un día con pasión y confianza desmedida en lo que se hace, y el otro totalmente desanimado, con un desánimo que te lleva a la cama toda una tarde, y encima, como el colmo de las contradicciones, reniego del mal uso de mi tiempo libre. Estoy desesperado, molesto conmigo, me auto apaleo, llego a pensar incluso que en verdad escribir no es mi verdadero oficio, aún sabiendo, o intuyendo, que luego de esto no me queda nada, es decir, si escribir no es realmente lo mío, podría, sin temor a equivocarme, decir que soy un bueno para nada. Reniego contra mí por que creo que me estoy engañando, por que así lo siento ahora. Me culpo directamente de lo que me sucede. Me doy pena, pobre ser que intentó evadir las responsabilidades del mundo por un sueño pensando que podría ser real, y luego despierta y ve frente a él lo inútil de todo lo que hace y piensa, de lo que escribe, de su vida misma. No quiero decir ni hacer nada que me anime, no lo siento así, no quiero engañarme más, me siento mal, desmoralizado, siento que los día pasan y pesan sobre mí y lo que hago, que todo es inútil, que estoy perdido, realmente perdido en un laberinto que yo mismo he creado y del cual no puedo salir sino destruyéndolo, pero tengo miedo de hacerlo por que no quiero quedarme en la nada absoluta, en el vacío total. He perdido la confianza en mis ideas, capacidades y sentimientos por que siento que en todo este tiempo no me han conducido a nada bueno, no me han conducido a nada, y esto no me lo invento, esto lo palpo, lo compruebo, lo vivo todos los días de esta vida. No sé qué es lo que necesito, en verdad tampoco es que esté en la miseria, tengo un techo para dormir y, por lo menos ahora, el estómago lleno. Es como el niño, he decorado mi vida como para jugar al escritor, cada que entro a mi habitación siento que es el lugar de un escritor, con libros, un escritorio, papeles por todos lados con anotaciones, mi libreta de notas, periódicos y revistas, sí, entro y observo el cuarto y pienso, pucha aquí vive un escritor, pero luego me pregunto ¿Quién será el escritor que vive aquí?, entonces el juego termina por que no me siento parte del lugar que habito ni de las cosas que hay en él, yo no estoy en este juego que he creado para mi. ¿Qué es entonces todo esto? Y la verdad es que me da flojera reflexionar sobre el asunto por que es algo que siento inútil. La verdad es que no tengo profesión y por eso trabajo en un bar, tampoco creo ser escritor por que simplemente no he tenido el valor de escribir seriamente aún teniendo lo necesario para hacerlo, tampoco soy educador –aunque alguna vez haya trabajado en eso-.por que las dos veces que lo hice tuve que dejar el trabajo, creo haber fracasado en todo lo que me he propuesto, (no quiero comenzar a enumerar las cosas que me he propuesto en los últimos años por que me sentiría mucho peor que ahora, aunque sólo pensándolas ya me siento bastante peor) más bien en las cosas esas que se hacen por que se tienen que hacer creo haber sido bueno, he sido un buen grifero cuando trabajé en eso en Lima, he sido bueno en el trabajo de vigilante, ahora creo ser un buen camarero en ese bar, -digo esto por que en ninguno de esos trabajos he recibido queja alguna de lo hecho- resultado, no soy lo que creo ser sino lo que soy, y soy lo que hago, y lo que hago es ser camarero en un bar y lo hago bien. ¿Punto final de la reflexión? Tal vez tendría que agregar que nada sirve para nada, que en este mundo todo es inútil comenzando por los sueños, que sólo las órdenes y obligaciones son reales, que todo aquello que se hace por que se tiene que hacer garantiza una vida sin penurias ni angustias. ¡Maldito orden de mierda! ¿Es realmente imposible vivir alejado de ti? El equilibrio es una farsa, algo irrealizable, una utopía, un sueño más. Lo mismo esa autodisciplina que jamás he podido lograr. Ayer pensaba que el problema era esa pasión desmedida que ponía a las cosas que deseaba, pero no, ahora sé que el verdadero problema son las cosas que deseo. ¡Siempre he deseado imposibles! Hasta este momento, en que no deseo nada, no busco nada, me he dado cuenta de mi propio engaño y creo que es demasiado tarde para revertir el daño que esto me ha producido. ¡Todo es mentira! Comenzando por esas pocas cosas que consideraba verdad. Y ahora me veo solo, en medio de este mi propio teatro sin público, cabizbajo, con este mal guión entre mis manos, este guión que jamás he podido representar bien. Quisiera poder decirme que mañana será otro día, pero ya son tantos los días que me digo eso observando que todo sigue igual, todos los día son iguales, todas las gentes a mi alrededor hacen siempre lo mismo y son felices, o por lo menos parecen serlo, se divierten, bailan, ríen, comen, no tienen carencias, y yo me siento tan lejos de eso, tan irremediablemente lejos -aunque a veces quisiera acercarme a algo similar a lo que ellos viven-, encerrado en una jaula de sueños de la cual ya me es imposible salir, sueños a los cuales ya me siento cansado de enfrentar por que siempre terminan venciéndome, y a pesar de ello vuelven a levantarme para volver a golpearme, así ¿hasta el infinito?, que bueno saber que el infinito no existe, pero ¿Cuándo acabará todo esto? Soy demasiado cobarde como para acabar con mi vida. Creo estar condenado a esto pero me cuesta mucho asumirlo de forma real. Ahora mismo no quiero hacer nada, sólo dejar salir este malestar, esta pena, en forma de llanto, aquí, en la habitación de un escritor que no existe y que alguna vez pensé que era yo, sintiéndome otra vez derrotado por mis propios molinos de viento, sintiendo pena de mi y de lo que tengo en la cabeza y el alma, avergonzado de mi vida, sin saber qué hacer, pensando seriamente que lo mejor siempre será no hacer nada, o dejarme hacer por las cosas, eufemismo barato además de idiota. No sé, no sé nada, no me reconozco, creo que nunca he existido.


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