miércoles, noviembre 30, 2011

DEL SILENCIO COMO BÚSQUEDA

Josefina Matta


Partimos dando por sentado que existe dentro de todo ser humano la necesidad de buscar, a pesar que la sociedad se empeña en alejarnos de dicha necesidad.
La idea de búsqueda abre demasiadas posibilidades como para abordarlas en este trabajo, que más bien intentará centrarse en la importancia del silencio como condición que garantiza esta búsqueda.

Cuando hablamos de búsqueda nos referimos a ese trabajo que la persona hace sobre sí misma, las razones que nos mueven a ello son y deberían ser personales, fruto de crisis internas por las que solemos atravesar. El trabajo de búsqueda deberá ser privado y único.

Aceptada esta necesidad, cada persona tomará el camino que más le convenga, aquel en el que sienta mayor comodidad, un camino que esté dentro de sus posibilidades. El trabajo a realizarse variará según la persona y estará íntimamente ligado al conflicto interno del que ha nacido.

Cuanto más profundo sea el conflicto, más profundo será el trabajo.

Para este tipo de búsqueda conviene no centrarse en aquello que se quiera encontrar. Esto por dos motivos. Primero por que eso que se busca puede variar, incluso puede no estar dentro de uno. Puede ser, por ejemplo, que a alguien le interese buscar eso que muchos llaman “paz interior”, entonces comienza un trabajo de búsqueda utilizando diversas técnicas. Aún poniendo un gran esfuerzo de su parte, puede al final llegar a la conclusión de que no puede encontrar la “paz interior”, tal vez no haya sido eso lo que realmente buscaba. Considerar esto como un fracaso, es uno de los errores más comunes por el cual muchas personas dejan de trabajar en la búsqueda.

En segundo lugar, sucede también que al centrar el trabajo en “encontrar” aquello que se busca, pasan inadvertidas frente a la persona muchas otras cosas que aparecen durante el trabajo de búsqueda. Así, concentrada en hallar una flor determinada, la persona cierra los sentidos a la percepción del jardín en su conjunto, y de otras flores que pueden ser todavía más hermosas que aquella que buscamos.

Lo mejor será buscar sin esperar encontrar nada, salvo el hecho de ser “encontrado”. Romper con la idea de la búsqueda como un medio o un fin (tema de interminables debates) y aceptarla como lo que realmente es: un estado del ser para la observación de sí mismo. Nada más. Al desacralizar la idea de la búsqueda, cualquier persona puede apropiarse de ella y, no sin seriedad y esfuerzo, llevarla a la práctica. El resultado de este trabajo, como ya sabemos, es incierto. Pero no por eso menos importante.

Es necesario señalar que cualquier búsqueda deberá llevarse a cabo sólo en base a una férrea voluntad para afrontar los cambios que el trabajo conlleva. Los resultados que estos cambios -en los hábitos, horarios, comidas, consumos y demás actividades de la vida cotidiana- generan en la persona, deberán ser siempre observados con gran atención.

Los cambios nacen y se aceptan a partir de la voluntad de quien quiera trabajar en la búsqueda. Esa voluntad dirigirá y propondrá a las persona cuáles son los cambios que su trabajo necesita. Puesto que sólo busca la persona que siente una ausencia, nadie más que uno sabe qué es lo que necesita para llenar ese vacío. En tal sentido, sólo la persona que quiera trabajar, sabrá cuáles son los cambios que deberá aplicar a su vida cotidiana para beneficiar “su” búsqueda.

Lo importante será siempre observarse constantemente, puesto que uno mismo es el mejor juez y crítico de su trabajo.

Dejamos en claro entonces dos cosas. La primera es que cada persona sabe por dónde comenzar su búsqueda, y la segunda, que la observación es indispensable en el transcurso de ésta.
Sobre el primer punto añadiremos que toda búsqueda implica siempre un cierto nivel de renuncia. La renuncia es favorable al trabajo de búsqueda y es que, dado que la sociedad ha desarrollado para su subsistencia todo un sofisticado sistema por el cual el ser humano se desinteresa de este trabajo, es necesario, individualmente, hacer frente a ese sistema.

A todo lo que, desarrollado por la sociedad, nos aleja de una idea del trabajo de búsqueda –es decir nos aleja del mirarnos a nosotros mismos-, a toda esa serie de dependencias de las cuales nos parece imposible alejarnos, a todo ello le llamaremos ruido.

Existen varios niveles de ruido. Una persona que se observe a sí mismo con un mínimo de honestidad y deseos de trabajar, podrá fácilmente identificar cuáles son los elementos, actividades o costumbres que le generan mayores niveles de ruido en su interior. Aquello que le genere más ruido, será su principal obstáculo para el trabajo de búsqueda, en consecuencia tendrá que alejarse de ello, cortar ese ruido y otros que considere dificultan su trabajo. Deberá en suma, crear el silencio.

Así como tiene niveles, el ruido tiene también clases. Vivimos en un mundo de ruidos externos ante los cuales por lo general nada podemos hacer. Sólo si logramos construir nuestro propio silencio, eliminando o alejándonos de los ruidos internos, los ruidos que el exterior genera no podrán afectarnos o lo harán en menor grado. Nuestro silencio interior, obtenido a partir de la renuncia, se erige como muralla impidiendo que el ruido exterior nos afecte.

Pondremos aquí un ejemplo. Una persona descubre, luego de observarse con detenimiento, que el uso de internet es su principal generador de ruido, que su apego a este medio no le permite iniciar su trabajo de búsqueda. Comenzará entonces, paralelamente a su trabajo de búsqueda, a distanciarse de este ruido paulatinamente o tal vez de forma brusca, eso ya dependerá de la persona. Lo cierto es que el silencio que creará en su interior a partir de este alejamiento, fortalecerá su nivel de resistencia a los ruidos externos. Siguiendo este ejemplo diremos que, aunque la vida cotidiana de esta persona se desarrolle en lugares donde hay demasiada bulla, esta no afectará el silencio interior que la persona ha creado al alejarse de lo que consideró “su” ruido.

La supresión de los deseos más fuertes que la persona tenga, favorecerá la creación de su silencio interior, y este silencio a su vez facilitará el estado de búsqueda.

Existen muchos tipos de ruido al interior de una persona, ésta deberá observarse a sí misma para saber con cuál de estos tantos ruidos tendrá que lidiar. Incluso se puede dar el caso de que sean varios los ruidos que impiden nuestro trabajo de búsqueda.

Citamos el internet como ejemplo de ruido, y tal vez, hoy por hoy, sea aplicable a muchas personas, pero no debemos olvidar que lo que es válido para unos no lo es para otros. La identificación de los ruidos es, al igual que la búsqueda, un trabajo individual.

En el texto titulado “Los secretos del silencio”, firmado por un “miembro de la orden de los magos”, se señala: “Los grandes problemas se resuelven solamente cuando la mente se encuentra libre de toda emoción perturbadora y el alma reposa liberada de toda ansiedad”. Esa ansiedad y la emoción perturbadora no son otra cosa que los ruidos que habitan dentro de nosotros. La eliminación de éstos, es decir, la creación del silencio, construirá alrededor nuestro un ambiente favorable a la búsqueda. Continúa el citado texto: “Para oír la voz interna, se debe acallar las cosas externas. La confusión y barullo del mundo debe dar lugar al inefable mundo del silencio”.
Está claro que las cosas que aquí se llaman “externas” son difíciles de acallar, salvo por quienes tengan la dicha de poseer una casa de campo, un espacio propio alejado de la ciudad. Esta dicha es de pocas personas. Por eso, para la mayoría será más factible acallar los ruidos internos -que en muchos casos la sociedad ha establecido en nuestro ser- para llegar al “mundo del silencio” interior.

Un esquema que nos permita ver en su amplitud lo que aquí tratamos podría ser de la siguiente manera:

CONFLICTO / CAOS / CONFUSIÓN - IDENTIFICACIÓN DE RUIDOS / ELIMINACIÓN O ALEJAMIENTO DE ÉSTOS / SILENCIO - "ESTADO DE BÚSQUEDA"

Otra característica importante de los ruidos es que no son permanentes en su esencia. Lo que se considera un ruido al iniciarse el trabajo, puede dar paso a otro que en un inicio no habíamos contemplado.

Sólo la observación nos mantendrá alertas a estos cambios que se van dando en el transcurrir del trabajo de búsqueda.

Con tantos años viviendo en medio del ruido, no resulta fácil realizar este trabajo.
Sucede que durante el trabajo, de pronto aparece un ruido que no conocíamos en nosotros, o que quizás antes no había tenido mayor importancia.

A un conocido le sucedió que, habiendo identificado los ruidos que obstaculizaban su trabajo, en medio del trabajo mismo, surgieron con demasiada fuerza otros ruidos que en un principio no había considerado, alejándolos estos del trabajo. Ahí es necesario tener la fuerza suficiente para reemprender la búsqueda, para levantarse después de la caída y continuar.

Haremos más claro el ejemplo. Esta persona descubrió que el sexo era su principal generador de ruido; como decidió emprender un trabajo de búsqueda, decidió alejarse de ello durante el tiempo que durara su trabajo. Llevaba ya varias semanas de meditación y de trabajo duro, había cambiado por completo sus hábitos cotidianos, se alejó de lo que le generaba ruido. Entonces cierto día comenzó a beber, y no paró de hacerlo hasta quedar en estado deplorable. Aunque esta persona nunca antes había tenido problemas con el alcohol, fue este “ruido” que apareció de forma intempestiva lo que lo alejó del trabajo.

Esto demuestra que en medio del trabajo pueden aparecer ruidos que antes no habíamos contemplado, ruidos que nos hacen retroceder y ante los cuales debemos mantenernos siempre en estado de alerta. Es natural que algo así suceda, como decíamos, con tantos años viviendo en medio de ruidos, es lógico que nuestro cuerpo reaccione ante el silencio. Sin embargo, es importante mantener la voluntad para comenzar de nuevo. Sí, es difícil, pero las grandes cosas no se consiguen de manera fácil.

“…no acato la posibilidad de que el ruido de repente se apague y no regrese, me encarnizo en la suposición de que el problema se ha posesionado del futuro…” En la novela “El silenciero”, el escritor argentino Antonio Di Benedetto, aborda el tema del ruido desde una perspectiva que resultaría interesante para quien se plantee el tema como algo de importancia. La novela está centrada sobretodo en los ruidos externos y en cómo estos ejercen presión sobre las personas. El personaje de la novela intenta rebelarse ante esta presión, la analiza, reflexiona sobre ella: “No en todos los casos es la música que yo elegiría. Suena en momentos en que yo desearía escuchar música, pero también cuando yo no querría escuchar música. Luego es música pero música impuesta. En consecuencia, la música, que es sonido, cuando es música impuesta se convierte en ruido.” Tal como el personaje de “El silenciero”, podríamos afirmar también que cualquier sonido, además de la música, cuando es impuesto se convierte en ruido. Vivimos entonces, todos los días, sometidos al ruido. Eso hace que el trabajo de búsqueda, y la necesaria creación del silencio, se conviertan en toda una experiencia de sacrificio.

Así como la persona decide cuáles son los ruidos que ha de enfrentar, y las técnicas que utilizará en el trabajo de búsqueda, de la misma forma la persona decidirá cuándo su trabajo ha terminado. A partir de ahí su relación con el ruido cambiará, su instinto para identificar nuevos ruidos se agudizará, permitiéndole tener conciencia del momento en que deberá re tomar el trabajo. Se notarán también cambios en las formas de relación con las personas, en la relación con su cuerpo y sus actividades diarias.

Este trabajo se hace cada día más importante y menos probable, pues el mundo en que vivimos se empeña en alejarnos de nosotros, dirigiendo nuestra vista siempre hacia afuera de nuestro ser.

Aquí, el esfuerzo no garantiza el éxito. En verdad nada lo garantiza, poco importa hasta dónde estemos dispuestos a llegar, lo más importante es cómo construimos el camino que deseamos recorrer.

martes, noviembre 15, 2011

VIDA EN MEDIO DE LA MUERTE



La señora Blanca Escobar percibe ruido y movimiento en la puerta del cementerio, sabe que es momento de trabajar. Toma su balde con agua y una flor, camina de la mano de su hijo Kevin hasta los pies del Cristo ubicado en la entrada; una vez ahí, de pie al lado del ataúd, pregunta el nombre del finado, y en medio del llanto y las miradas líquidas de los deudos, pedirá por el alma de quien acaba de llegar a su última morada.


VIDA EN MEDIO DE LA MUERTE

“El mundo del Cementerio General de Cochabamba”


Texto, investigación y fotos de Ronald Vega


LOS INICIOS


Antes que existieran cementerios los cadáveres eran enterrados en casas; posteriormente, con la legalidad del cristianismo, los entierros comenzaron a realizarse en iglesias donde se disponía la ubicación de las tumbas según el rango social de la familia.

Fueron los griegos los primeros en introducir sarcófagos en ciudades, los llamaron mausoleos en honor a la tumba – templo del rey Mausolo, considerada una de las siete maravillas del mundo.

Durante la edad media comienza a contratarse artistas para el diseño de los mausoleos. Hasta ese momento, muertos y vivos compartían las ciudades, los entierros en las iglesias eran cada vez más numerosos.

Entonces comenzaron las epidemias. En 1787, en España, el rey Carlos III prohibió los enterramientos dentro de la ciudad debido a los múltiples problemas de salud que la descomposición de los cuerpos generaba en diversos lugares de Europa. Comenzaron así las construcciones de cementerios en las afueras de las ciudades.


NUESTROS CEMENTERIOS


En Bolivia, mediante decreto firmado en enero de 1826, Antonio José de Sucre ordenaba: “se establecieran cementerios para dar sepultura a los cadáveres, en todos los pueblos de la república, cualquiera que sea su vecindario”. Los problemas generados por los entierros en las iglesias habían llegado a una situación límite en el país. Así lo explica Sucre en el citado decreto: “la experiencia ha enseñado, que nada corrompe tanto la atmósfera de los pueblos como el enterramiento de cadáveres en ellos, y particularmente en las iglesias, donde la reunión de los fieles hace que el aire por falta de ventilación se cargue de miasmas”.

Para evitar que los curas de aquel entonces, que recibían dinero por los entierros en las iglesias, desacataran la orden, Sucre estableció en el decreto un punto específico dirigido a ellos: “Los curas párrocos, a quienes se les pruebe que se han enterrado cadáveres en sus iglesias un mes después de haber recibido este decreto, serán irremisiblemente separados de sus curatos sin derecho a recibir ningún beneficio eclesiástico por diez años”.

A pesar de ello, todavía tuvieron que transcurrir algunos años y muchos otros documentos oficiales para que aquella iniciativa del Gran Mariscal de Ayacucho sea aplicada en todo el territorio nacional.


DOS SEÑORASY UN NIÑO


Juan de la Cruz tiene trece años, cinco de ellos trabajando entre los muertos. Observa la puerta sentado en una banca del cementerio, a sus pies sus implementos de trabajo: un balde en cuyo interior hay dos pomos con cremas, una zampoña de plástico con los colores de la bandera boliviana y algunos trapos. Dos señoras entran por la puerta principal, Juan busca a una de ellas con la mirada; la mujer, con un gesto de mano, le indica que las siga. Juan se levanta de la banca y tomando su balde acompaña a las dos señoras hasta el lugar donde descansan sus seres queridos.

Enjuaga los recipientes para el agua y luego junta con las manos las hojas secas alrededor de las tumbas; limpia las lápidas y riega el césped, recibe unas monedas y regresa a su banca cerca de la puerta en espera de otro trabajo. “También saco brillo a las lápidas, a veces canto cuando me lo piden y pinto las letras”. Juan va al colegio por la mañana y por las tardes viene aquí a trabajar “Lo hago para ayudar en mi casa”, dice con orgullo disimulado.

Cuando se trata de lápidas, Juan muestra gran manejo de su oficio. Unta una de las cremas en su mano y repasa los bordes de metal, luego, con uno de sus trapos, saca el brillo dejando todo reluciente; letras, imágenes, bordes, todo queda como si fuera de bronce acabado de colocar. “Quisiera ser futbolista –dice Juan-, me gusta el fútbol y siempre voy al estadio a ver los partidos”.

Juan trabaja junto a una treintena de niños en el cementerio. En días especiales, día del niño o del estudiante, reciben regalos de diversas instituciones e incluso materiales para su trabajo.

Cuando termina, la lápida queda brillante y sus clientes satisfechos; pero las manos de Juan quedarán ennegrecidas por la crema hasta el final de la jornada, luego tendrá que frotárselas contra la pared para limpiarlas: “Es la única manera, no sale con nada”, me dice mirándose las manos.


ARQUITECTURA Y PROYECCIONES


Al igual que en cualquier ciudad Latinoamericana, en el cementerio de Cochabamba pueden distinguirse tres zonas marcadamente diferentes, sobretodo en su arquitectura. Una primera, que sería el centro histórico, muestra la típica arquitectura gótica de cementerio de cuento de terror; anchas cruces, bóvedas y mausoleos que de inmediato nos retrotraen a escenas de “trhiller” clásico. Avanzando un poco más, llegamos a lo que sería la zona moderna, donde los mausoleos son pequeñas y coloridas viviendas con paredes revestidas de losetas y puertas de vidrio grueso tipo cajero automático. Al final, en la última zona, se encuentran los barrios populares, nichos ubicados sobre tierra y en desorden, enterratorios, algunos mostrando señas de no ser visitados en años. Es curioso que en esta zona sólo estén enterrados niños. Se la conoce como el “Angelorio”.

La diversidad arquitectónica del cementerio se debe a que las familias compran el terreno y sobre él, salvo restricciones básicas de altura y espacio, son libres de construir como les plazca. Por eso en la actualidad, además de estas tres zonas, se pueden ver mausoleos peculiares, como aquel de estética oriental, por ejemplo, o el curioso estilo ufo - futurista de nave espacial, en un mausoleo ubicado cerca de la capilla.

Con el tiempo los cementerios se convertirán en museos. En la actualidad existe una red Internacional de Cementerios Patrimoniales; la tendencia apunta a que sean las instancias de turismo de las ciudades quienes se hagan cargo de reforzar la función social de un cementerio como lugar depositario de historia. En Cochabamba esto ya es una realidad. Fabiola Sandoval, responsable de la Dirección de Turismo de la municipalidad, explica los avances en este terreno: “Primero hemos hecho un relevamiento general en todo el cementerio, no solamente de los personajes notables sino también de la parte arquitectónica. Estamos trabajando con tesistas de la universidad, y después queremos que quienes se hagan cargo de esto sean los mismos niños que trabajan en el cementerio”.

La Dirección de Turismo ha creado un circuito de visita al cementerio mediante el cual la población podrá conocer los lugares donde descansan los restos de importantes personajes de la vida nacional y local, como el presidente René Barrientos, la escritora Adela Zamudio, el historiador Nataniel Aguirre, los Héroes de la Guerra del Chaco, entre otros. La idea es que Juan de la Cruz y sus demás compañeros sean los responsables de guiar a los visitantes en su recorrido. Próximamente se iniciará el trabajo de capacitación con los niños para fortalecer los conocimientos que tienen sobre su lugar de trabajo.

La propuesta de la dirección de turismo es ambiciosa “lo que nosotros queremos es que la gente entienda la puesta en valor del cementerio, por que la gente ve al campo santo como algo muy tétrico o triste, cuando en realidad no es así, se puede encontrar maravillas arquitectónicas, personajes de la historia, el arte, personajes históricos de Cochabamba que han trascendido a nivel nacional e internacional”.

Se trata de hacer del cementerio, un lugar de interés cultural para el ciudadano y el visitante, lo que en otras ciudades ya se está dando desde hace varios años y con muy buenos resultados.


UN TRABAJO QUE INICIA


“Nos hemos encontrado sin documentación alguna de los mausoleos y con casos de ventas ilegales de terrenos”. Sergio Gamarra es el administrador del cementerio y hace un año que inició su gestión. Diariamente llegan a su oficina los propietarios de espacios al interior del recinto para regularizar su situación.

Gamarra, y los demás funcionarios de la administración, tienen la responsabilidad de hacer cumplir las disposiciones vigentes para el uso del cementerio: “existen exigencias, por ejemplo las construcciones deben tener una altura máxima, sus planos deben estar aprobados; incluso por más que el doliente haya comprado ese predio, no puede venderlo. Ese predio le pertenece durante 99 años, luego de ese tiempo si los familiares no se hacen declarar herederos, el predio vuelve a posesión del gobierno municipal”.

La venta de terrenos al interior del cementerio sigue siendo el mayor dolor de cabeza para la administración: “Desde el año pasado que hemos tomado la administración se han detectado bastantes ventas ilegales –dice Gamarra-, los predios dentro del cementerio no son transferibles, no puede haber venta entre terceros”. Por desconocimiento de la norma, o por cuestiones económicas, sea cual fuera la razón, la venta de terrenos en el cementerio es ilegal, en esos casos la administración procede a la reversión: “Nosotros, cuando existen documentos de ventas o de transferencias, lo que hacemos es hacer la reversión de los predios que han sido vendidos ilegalmente”. Lo que antes fue vendido, pasa a manos del gobierno Municipal.

¿A qué apunta su gestión en la administración del cementerio?: “Apuntamos a dar la mayor comodidad a los dolientes, porque hay muchas falencias de servicios, seguridad, el mismo servicio en general. Queremos lograr la confianza de los dolientes en el servicio que les brindamos”.


EL OFICIO DE REZAR


“La bendición de dios padre, dios hijo, dios espíritu santo –en ese momento la señora Blanca, con su flor bañada en agua, hace la señal de la cruz sobre el ataúd-, dios padre creador te reciba en su santo reino y te tenga bajo su protección, descansa en paz…amén”. Al terminar, da a los deudos la recomendación más importante: “Se lo pueden llevar los pies por delante”. Luego, siempre guiada por su hijo Kevin, camina por entre los dolientes pidiendo una colaboración.

¿Por qué los pies por delante? “Los pies por delante porque cuando estamos vivos siempre lo que entra primero son tus pies, por eso decimos los pies por delante, que sería como entrar caminando”. El oficio de rezar lo heredó de su madre. Por aquellos años la señora Benedicta era acompañada por su pequeña hija: “hace muchísimos años atrás ella ha empezado con otra señora cuando eran jóvenes, las primeras han sido, después han comenzado a venir otras personas”.

La madre de Blanca, al igual que ella, era también invidente. Se cree que las plegarias de las personas invidentes tienen mayores posibilidades de ser escuchadas, sin embargo, no es precisamente por esa virtud por la que todas las rezadoras y rezadores del cementerio estén privados del sentido de la vista. Al respecto la señora Blanca aclara: “Esto es porque como no hay en qué más trabajar, porque la sociedad no nos da cabida para trabajar, por eso es el único medio que hemos encontrado el de rezar, esto es para las personas no videntes porque no hay en qué más trabajemos”.

La agudeza de su sentido del oído ha permitido a la señora Blanca aprender a tocar el teclado para acompañar con cantos sus plegarias. En su banca del cementerio recibe a personas que le piden un rezo por su bienestar y el de sus familiares: “Mayormente vienen para que les ayuden en su trabajo o estudios, y otros vienen por sus matrimonios, cuando están queriendo ir por mal camino, ellos piden a las almitas encomendar que les ayuden”.

Hace doce años llegó a trabajar en el cementerio, muchos la conocían como la niña que acompañaba a su madre, la hija de la pionera; por historia y tradición tenía aquí su lugar reservado.


MEJOR ANTES QUE DESPUÉS


El cementerio de Cochabamba está lleno de historia, de gente que ya no está, pero también de gente que vive y trabaja; es un lugar donde pasado y presente se estrechan invitándonos a ser parte de ese encuentro. El cementerio propone un diálogo con la historia y un encuentro con la realidad.

Vuelven ahora, como una invocación, las palabras de don Ramón Rivero, precisamente hablando del cementerio, allá en 1917: “…hagamos que en la mansión de los que fueron, se hermane el dolor con la piedad, la majestad de la muerte con la belleza del recinto”.



GALERÍA DE FOTOS


Arquitectura tradicional del cementerio




Juan de la Cruz con sus implementos de trabajo





Mausoleo en forma de nave espacial





Angelorio



Arquitectura moderna del cementerio





Agradecimientos: Archivo Histórico Municipal, Dirección de Turismo, Administración del Cementerio, Juan de la Cruz y Blanca Escobar.