jueves, diciembre 29, 2011

A LA JUVENTUD - JORGE BASADRE

LA primera cosa que tiene que hacer toda auténtica juventud es aprender a no venderse. Nada más grave para el futuro y para la salud moral de una nación que las asambleas de pusilánimes o aprovechadores venales cuyo lenguaje común es tratarse mutuamente como respetables.

No sólo los políticos, sino muchos grandes médicos y grandes abogados y profesores y aristócratas e intelectuales entran en esa lucrativa confraternidad.

El deber fundamental de un joven es el de la decencia substancial. Para construirla y sostenerla, ningún material mejor que la indiferencia necesaria para que las naturalezas subalternas importen poco.

Hay que aprender a decir que no en contra de uno mismo. Será el mejor acto que se pueda realizar en un país enfermo de consentir. Si en el espíritu de la nueva generación predomina la tendencia a decir que sí, hay que sospechar que la decadencia colectiva es tremenda. Pero nada tan sencillo aparentemente y tan difícil de hacer bien y tan delicado para realizar con rigor, nada tan arduo que requiera tanto coraje como ser hombres de afirmación y no de mera negación.

Sobre las ruinas de lo que se niega, hay que fundar lo positivo. La verdadera calidad de un espíritu depende del modo como prolonga hacia adelante su pensamiento y su acción bien parado en los pies propios, adherido con garras a las verdades sólidas y esenciales contra todos los elementos contingentes de la existencia exterior, sin confiar más que en el fruto de la dedicación de la vida a una labor clara y humana.

Quien no se sienta capaz de ser religiosamente honrado en su soledad, se condenará fácilmente a la perdición y por sonora que sea su creencia proclamada, por ruidosos que suenen los golpes que se da al pecho, se entregará fácilmente a la individual rapiña y a todo lo peor con tal de que le otorgue poder.

Acuérdense siempre los jóvenes de eso y busquen en torno suyo a los que desdeñan el grito público y hacen de su retiro o de su callada acción la sola gloria capaz de interesarlos.

Desconfíen de los teóricos apurados por hacer de su orgullo un imperio y de los que en su arsenal recóndito sólo albergan como armas la calumnia, el insulto, la vejación. Es muy común que los gestos ampulosos cubran un sistema de miserias. Lo que un hombre es en su intimidad -esto es lo único que es.

Nada de lo anterior implica un consejo de puro intelectualismo. Tan peligroso como otros puede ser el mito de la cultura, llámese humanismo del Renacimiento, filosofismo del siglo XVIII, adoración del siglo XIX por la ciencia. Hay esclavos de bienes corporales -el dinero, el lujo, el predominio- como hay esclavos de bienes intelectuales -el libro, la educación, la fama. Tanto en las limitaciones especializadas del profesionalismo como en la frivolidad del diletantismo existe desde un ángulo distinto, análogo condenable divorcio entre la Inteligencia y la Realidad profunda.

Así como la ley fundamental de la economía no es la acumulación sino la utilización de los valores materiales en beneficio de las exigencias del hombre y de la civilización, también la ley fundamental de la cultura no es la acumulación del saber sino su adaptación al hombre para la realización completa de sus destinos.

El saber es como la riqueza. Fecundo cuando está al servicio del hombre; peligroso cuando está al servicio de sí mismo. De acuerdo con la jerarquía natural de los valores; no es el número de escuelas, ni el número de libros ni la cantidad de escritores lo que valoriza a un pueblo, sino la calidad de sus hombres y la naturaleza de su cultura, la sabiduría del corazón. Es el corazón lo que está en el centro del hombre total.

(1946)

martes, diciembre 20, 2011

EL ZUCHE: ORIGEN IDEOLÓGICO DE LA DINASTÍA EN COREA DEL NORTE

Escribe: JULIO DALTON




















Tras el reciente anuncio de la muerte de Kim Jong Il, nuevamente vuelve a hablarse de este enigmático país asiático en el cual, desde 1948, se ha instalado una dinastía que ahora coronará a su segundo heredero.



Terminada la Segunda Guerra Mundial, la península de Corea se dividió en dos estados: el norte comunista, bajo la tutela de la ex Unión Soviética, y el sur capitalista, impulsado por los Estados Unidos. Ambas naciones vivieron en tensión constante, la misma que desembocó en la Guerra de Corea entre 1950 y 1953.



El primer líder Coreano, quien diseñó e implantó en todo el país la ideología “Zuche”, fue Kim Il Sung, padre del recientemente fallecido Kim Jong Il. A Kim Il Sung se le conoce en Corea del Norte como “El Gran Líder”, y la suya, al igual que la de su hijo, es una imagen venerada por todos los ciudadanos del país.



Para conocer en parte el tenor de la idea “Zuche”, tomaremos fragmentos del libro titulado “KIM IL SUNG: Respuestas a las preguntas de los corresponsales extranjeros.” Editado en castellano en Pyongyang, capital de Corea del Norte, en el año 1974. Es decir, veintiséis años después de instalado el régimen.



Sobre la idea Zuche en relación con el arte y la litratura dice Kim Il Sung: “Ponemos énfasis en desarrollar un arte al servicio del pueblo , un arte que el pueblo acepte. Procuramos que cuando alguien escriba un verso se esfuerce por hacerlo comprensible a todos (…) La literatura tampoco debe ser literatura por la literatura, sino una literatura destinada a educar al pueblo. Con este fin se deben escribir obras populares, fáciles de comprender y con valores educativos.”



El Zuche, entonces, viene a ser el dominio total por parte del partido en el poder (En el caso de Corea del Norte se trata del Partido de los Trabajadores) de todas las esferas del quehacer ciudadano. La sociedad de Orwell en 1984. Es el arte al servicio del pueblo, el pueblo al servicio del partido, el partido al servicio del líder. Por eso el gestor del Zuche remarca: “Desarrollar el arte por el arte no tiene ningún sentido”.



Para esatablecer el Zuche debieron crear toda una “clase” intelectual que aportara a la ideología. Kim Il Sung cuenta cómo se dio este proceso: “En lo tocante a esos viejos intelectuales educados en la vieja escuela y que sirvieron a la sociedad burguesa o feudal, adoptamos la orientación de hacer la revolucón junto con ellos, siempre que estuvieran con el pueblo y trabajaran a favor del progreso nacional, y fuimos educándolos y tranformándolos, en el transcurso de la práctica revolucinaria.”



Por consguiente el Zuche, que significa “…adoptar una actitud de dueño en la revolución y construcción de su país”, no admite más verdades que aquellas que nazcan de la cabeza del líder.



Un mesianismo demencial.



Así lo establece el Gran Líder: “Las revoluciones no se exportan ni se importan. Los extranjeros no podrían hacer la revolucón en lugar nuestro. El dueño de la revolucón en cada país es su propio pueblo…”, claro, el pueblo dirigido por un partido y el partido dirigido por un líder.



Así llegamos a la muerte de Kim Jong Il, el hijo de Kim Il Sung, que sucedió a su padre tras la muerte de éste en 1993. Como cuestión anecdótica, debemos señalar que tras la participación en el último mundial de Corea del Norte, algunos de los jugadores de su selección se quedaron en Sudáfrica, se perdieron -o escabulleron diríamos mejor-, para escapar del régimen.



Amnistía Iternacional tiene denuncias sobre campos de concentración en el país, además se acusa al régimen del desaparecido Kim Jong Il de haber realizado experimentos con humanos, mejor dicho, probar armas químicas con disidentes Norcoreanos.



Son muchas las denuncias que muestran al régimen de Pyongyang como déspota e inhumano; hablamos de un país que lleva décadas manteniendo un hermetismo infranqueable. El año pasado Kim Jong Un (27 años), hijo de Kim Jong Il y nieto de Kim Il Sung, fue designado heredero del régimen y ahora le toca el turno de asumir el cargo.



El nieto del patriarca estudó en Suiza, su contacto con el mundo occidental se considera una esperanza de felxibilización del regimen norcoreano en materia de política internacional.

lunes, diciembre 12, 2011

Prólogo a Los Lanzallamas - ROBERTO ARLT

Con Los lanzallamas finaliza la novela de Los siete locos.Estoy contento de haber tenido la voluntad de trabajar, en condiciones bastante desfavorables, para dar fin a una obra que exigía soledad y recogimiento. Escribí siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana.

Digo esto para estimular a los principiantes en la vocación, a quienes siempre les interesa el procedimiento técnico del novelista. Cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal. Dios o el Diablo están junto a uno dictándole inefables palabras.

Orgullosamente afirmo que escribir, para mí, constituye un lujo. No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo. Máxime si cuando se trabaja se piensa que existe gente a quien la preocupación de buscarse distracciones les produce surmenage.

Pasando a otra cosa: se dice de mí que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, no tendría dificultad en citar a numerosa gente que escribe bien y a quienes únicamente leen correctos miembros de su familia.

Para hacer estilo son necesarias comodidades, rentas, vida holgada. Pero por lo general, la gente que disfruta de tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura. O la encara como un excelente procedimiento para singularizarse en los salones de sociedad.

Me atrae ardientemente la belleza. ¡Cuántas veces he deseado trabajar una novela, que como las de Flaubert, se compusiera de panorámicos lienzos…! Mas hoy, entre los ruidos de un edificio social que se desmorona inevitablemente, no es posible pensar en bordados. El estilo requiere tiempo, y si yo escuchara los consejos de mis camaradas, me ocurriría lo que les sucede a algunos de ellos: escribiría un libro cada diez años, para tomarme después unas vacaciones de diez años por haber tardado diez años en escribir cien razonables páginas discretas.

Variando, otras personas se escandalizan de la brutalidad con que expreso ciertas situaciones perfectamente naturales a las relaciones entre ambos sexos. Después, estas mismas columnas de la sociedad me han hablado de James Joyce, poniendo los ojos en blanco. Ello provenía del deleite espiritual que les ocasionaba cierto personaje de Ulises, un señor que se desayuna más o menos aromáticamente aspirando con la nariz, en un inodoro, el hedor de los excrementos que ha defecado un minuto antes.

Pero James Joyce es inglés. James Joyce no ha sido traducido al castellano, y es de buen gusto llenarse la boca hablando de él. El día que James Joyce esté al alcance de todos los bolsillos, las columnas de la sociedad se inventarán un nuevo ídolo a quien no leerán sino media docena de iniciados.

En realidad, uno no sabe qué pensar de la gente. Si son idiotas en serio, o si se toman a pecho la burda comedia que representan en todas las horas de sus días y sus noches.

De cualquier manera, como primera providencia he resuelto no enviar ninguna obra mía a la sección de crítica literaria de los periódicos. ¿Con qué objeto? Para que un señor enfático entre el estorbo de dos llamadas telefónicas escriba para satisfacción de las personas honorables:

"El señor Roberto Arlt persiste aferrado a un realismo de pésimo gusto, etc., etc."
No, no y no.
Han pasado esos tiempos. El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un "cross" a la mandíbula. Sí, un libro tras otro, y "que los eunucos bufen".

El porvenir es triunfalmente nuestro.

Nos lo hemos ganado con sudor de tinta y rechinar de dientes, frente a la "Underwood", que golpeamos con manos fatigadas, hora tras hora, hora tras hora. A veces se le caía a uno la cabeza de fatiga, pero…. Mientras escribo estas líneas pienso en mi próxima novela. Se titulará El Amor brujo y aparecerá en agosto del año 1932.
Y que el futuro diga.

Roberto Arlt

domingo, diciembre 04, 2011

DOS POEMAS DE NICANOR PARRA

La situación se torna delicada

BASTA mirar el sol
a través de un vidrio ahumado
para ver que la cosa va mal:
¿o les parece a ustedes que va bien?

Yo propongo volver
a los coches tirados por caballos
al avión a vapor
a los televisores de piedra.

Los antiguos tenían razón:
hay que volver a cocinar a leña.


Chile

DA risa ver a los campesinos de Santiago de Chile
ir y venir por las calles del centro
o por las calles de los alrededores
preoucupados-lívidos-muertos de susto
porque no tienen plata
porque no pueden pagar una letra
-porque no pueden publicar un libro-
como si se desplazaran por una ciudad
en circunstancia de que nos desplazamos por el desierto.

Creemos ser país
y la verdad es que somos apenas paisaje.


NOTA.- Estos poemas han sido tomados de AMARU Revista de artes y ciencas. No 6 Abril - Junio de 1968 - Lima.

sábado, diciembre 03, 2011

MENSAJE AL PAPA


Tú no eres el confesionario, !oh Papa!: nosotros lo somos.

Compréndenos y que los católicos nos comprendan.

En nombre de la Patria, en nombre de la Familia, impulsas a la venta de las almas y a la libre trituración de los cuerpos.

Entre nuestra alma y nosotros mismos, tenemos bastantes caminos que transitar, bastantes distancias que salvar para que vengan a interponerse tus tambaleantes sacerdotes y ese cúmulo de aventuradas doctrinas con que se nutren todos los castrados del liberalismo mundial. A tu dios católico y cristiano que -como los otros dioses- ha concebido todo el mal:

1. Te lo has metido al bolsillo.

2. Nada tenemos que hacer con tus cánones, índex, pecados, confesionarios, clerigalla; pensamos en otra guerra, una guerra contra ti, Papa, perro.

Aquí el espíritu acepta confesarse ante el espíritu.

De la cabeza a los pies de tu mascarada romana, triunfa el odio a las verdades inmediatas del alma, a esas llamas que consumen el espíritu mismo. No hay Dios, Biblia o Evangelio, no hay palabras que puedan detener al espíritu.

No estamos en el mundo. !Oh Papa confinado en el mundo!, ni la tierra ni Dios hablan de ti.

El mundo es el abismo del alma, Papa contrahecho, Papa ajeno al alma; déjanos nadar en nuestros cuerpos, deja nuestras almas en nuestras almas; nosotros no necesitamos tu cuchillo de claridades.



Antonin Artaud.
Carta a los poderes.
Editorial Argonauta.
Bs. As.