miércoles, enero 25, 2012

ENTREVISTA CON ELMER ARANA



El escritor Elmer Arana (Ayacucho 1981), habla sobre su trabajo literario, la actual situación de la literatura en Ayacucho y otros temas de interés en la siguiente entrevista. Al final publicamos un poema de su libro titulado "Diario de los suburbios".


Una entrevista de: Julio Dalton.


Comenzaste haciendo cuentos. ¿Cómo alternas tu trabajo en prosa y poesía? ¿En cuál de éstos terrenos sientes que tienes mayor desenvolvimiento?

Hace tiempo me preguntaron si quería ser poeta o narrador. No creo que haya contradicción entre ambos oficios. El 2011 obtuve un premio en ensayo con un trabajo sobre Arguedas, un género al que casi no le daba muchas atenciones. La narrativa, la poesía, la redacción científica me brinda satisfacciones distintas. Todo depende de lo que persigas. No me imagino escribiendo solo poesía o solo narrativa. Cualquier tema o asunto puede ser abordado desde cualquier género.

Ahora es cierto también que Vallejo es mejor poeta que narrador, que Ribeyro es mejor cuentista que novelista. Pero hay excepciones que alientan la posibilidad de alternar el ejercicio de varios géneros: Borges es un ejemplo. En todo caso yo no aspiro a ser el mejor poeta o el mejor narrador; busco sólo comunicar desde donde me sienta más cómodo.


¿Cuáles son las características comunes de tu proceso creativo?

En general investigo sobre lo que quiero escribir. Es decir, al plantearme un proyecto literario, sea en prosa o verso, tengo que documentarme, informarme al respecto. No le dejo todo a la inspiración, en general las musas me son esquivas. Ya Oswaldo Reinoso decía que el escritor es 10% inspiración y 90% disciplina. «Diario de los suburbios» siguió ese camino. Tuve que leer mucho sobre todo lo relacionado con grupos marginales: introducirme en los móviles de su conducta, apropiarme de su lenguaje, conversar con ellos, tomarme unos tragos. A partir de ello viene, recién, el tratamiento netamente literario: estructura, estilo, lenguaje, etc.


En "Diario de los suburbios", la marginalidad y el tiempo se presentan como ejes temáticos. ¿Hasta qué punto tu experiencia de vida marca el ritmo de tu trabajo literario?

Yo escribo sobre lo que conozco, sobre lo que me es familiar. En mi poesía la experiencia vital es innegable. Cada verso tiene algo mío. Es como el «Otro yo» que se desdobla para dar voz a seres marginales que pueblan mi libro. Ribeyro decía que el hombre tiene distintas personalidades –no solo una– que se desarrollan según las circunstancias. No existe la «creación» en el sentido de construir algo procedente de la pura imaginación; se inventa sobre la base de la realidad. Los personajes de «Diario de los suburbios» resultan de la síntesis de muchas personas que conocí directamente o por referencias de terceros. Lo que yo hago es sumar las particularidades de uno y otro.


¿Cómo asumes el trabajo literario?

Principalmente como una necesidad de decir algo: de comunicar lo que no se dice, lo que se guarda en el sótano. La literatura se ha hecho parte de mi vida. Puedo parecer Romántico pero un día poco fructífero en el trabajo, se justifica con la construcción, aunque sea, de un verso.

Ahora me encuentro a caballo con mi trabajo como profesor. Tengo que inventar espacios para escribir. Lidio contra el tiempo. La escritura no se puede asumir como un pasatiempo. Requiere constancia para dejar buenos frutos. Sin ello no se llega a ningún lado. Aspiro a dedicarme a la literatura profesionalmente.


Háblanos sobre las proyecciones actuales de la producción literaria en Ayacucho.

Se espera que llegue a buen puerto. Aún hay poca producción a nivel de libros. Lo que sucede es que el mercado no es propicio. La literatura, salvo las exigencias de los maestros en la temporada escolar, no vende y por consiguiente no ofrece al escritor posibilidades de vivir de su oficio.

El currículo del área de Comunicación en la Educación Básica incluye contenidos de Literatura Regional; sin embargo los escolares leen poco sobre ella: se conoce a Cervantes, a Hemingway, a Bryce; pero se ignoran a los de casa: Víctor Tenorio, Julián Pérez, Marcial Molina, por citar algunos ejemplos, y ni qué decir de los escritores emergentes. Esta vía debiera ser explotada para asegurar que la literatura ayacuchana tenga un mercado al cual alimentar con la producción regional. Así los escritores tendrían cierto oxígeno para dedicarse, si no profesionalmente por lo menos con más rigor, a su trabajo.

En necesario agruparse, formar colectivos para hacer frente a un problema común: el desinterés por la lectura, y en particular por la literatura. Agruparse, permite a su vez, a cada uno de sus integrantes, madurar literariamente, comulgar en intereses que, dentro de lo divergente, busquen derroteros para la literatura actual. Así surgieron hombres tan importantes del Grupo Norte, Hora Zero, la Generación del 50. Sin embargo, compruebo que aún las voces están dispersas. Existe una organización como la Asociación de Escritores de Ayacucho que no es representativa porque no se ha oxigenado. Se ha creado una brecha entre los escritores de antaño y los emergentes. El problema surge cuando se intenta establecer paradigmas literarios restrictivos, cuando se quiere encasillar toda la creación en un molde, excluyendo a los que escapan a esos cánones. El espacio es tan amplio como para permitir la coexistencia de perspectivas literarias diversas.

La crítica literaria en Ayacucho es inexistente como cuerpo. La universidad de Huamanga tampoco los forma. A los sumo encuentras comentarios u opiniones muy personales sobre tal o cual texto.

A pesar de tales circunstancias se sigue publicando aunque no en grandes proporciones. Los medios de difusión son distintos: libros, plaquetas, medios virtuales. Tenemos, por citar solo unos nombres, a Sócrates Zuzunaga (Copé de novela el 2009), Willy del Pozo, Julián Pérez, Nora Alarcón, Víctor Tenorio, Samuel Cavero entre los más difundidos; o a Cayo Santos, Pedro Olórtegui, Vladimir Pizarro quienes prefieren moverse en la discreción de una plaqueta, un libro, o los blogs.


¿A qué aspiras como escritor?

Ocuparme de los otros. Dejar el personalísimo trato que se da sobre todo a la poesía. Aspiro a que mis libros se lean. A formar parte de una generación que renueve la literatura de este lado del mundo. Muchos dicen que la literatura no debe tener compromiso. El compromiso es innegable. Se escribe porque se está disconforme con las cosas. Si todo fuera maravilloso la literatura no tendría razón de ser. La literatura es como una venganza que uno cobra con la vida misma en el sentido que te permite subvertir el orden. La literatura opera sobre la sensibilidad y la sensibilidad sobre la actitud de la gente.


¿Cuáles son tus referentes literarios más importantes, tanto en prosa como en poesía?

Conocí la poesía de Vallejo y la de Scorza. Luego accedí a la Pentalogía narrativa de este último. Scorza empezó como poeta, luego ingresó a los campos de la novela. A mí me parece extraordinario el tinte poético que cubren las novelas de Scorza, algo que también aprecio en García Márquez. Es decir, el cuidado del lenguaje no creo que sea exclusividad de la poesía. Alguna vez un escritor me dijo: en poesía importa más el fondo que la forma, al contrario de la narrativa donde lo vital es el fondo o contenido. No creo que esa afirmación sea rígida. Un ejemplo de ello es el cuento «La molicie» de Ribeyro donde el manejo del lenguaje cobra dimensiones poéticas.

En poesía intento que el lenguaje no sea un obstáculo para el lector. Darle un tratamiento estético y literario al lenguaje coloquial y hasta procaz.

Mi poesía no solo se alimenta de lecturas literarias, sino también, y básicamente de mis experiencias, de la música, el cine. Creo que el conocimiento no solo es libresco; la encuentras en las calles, en toda la vida.


¿Tiene fe en la humanidad? Explica tu respuesta.

Intento no perderla. Pienso que se puede intentar construir un mundo sobre la base de las diferencias.


¿Te sientes parte de una generación? ¿Cuál es la relación que tienes con tus contemporáneos?

Inevitablemente formo parte una generación. Algunos amigos con quienes emprendimos proyectos comunes aún están en la brega. Otros ya se retiraron por situaciones adversas o eligieron caminos más sensatos. Los que elegimos la literatura o el arte seguimos creyendo que desde esta trinchera se puede aportar en la construcción de otra sociedad menos personalista y que alienta la individualidad.

Para mí ha sido importante coincidir, casi por casualidad, con el grupo «Kontracorriente» que dirigía Ronald Vega en Ayacucho, allá por el 2001. Luego de haber ganado un concurso de cuentos que organizó «Kontracorriente» me empeciné con la idea de ser escritor. Al integrarme, aunque brevemente, a ese grupo, me nutrí de otras experiencias que hasta ahora siguen alimentando no solo mi escritura sino mi vida. Desde entonces nunca volví a ver la vida con los mismos ojos.


¿Qué es para ti lo mejor del hecho de vivir?

La viva misma ya es lo mejor que ha podido suceder. Cómo Borges, creo que la vida es una suerte, una gran oportunidad para explorarla. La vida es una sola. Vamos a estar poco tiempo así que hay que sacarle provecho.



ESTANCIA EN LA OTRA ORILLA


Vengo de un lugar lejano

donde la niebla huele a humo de tabaco

y el sol se viste de fuelle extraño.


En mi comarca la luz es un castigo

la noche, una bendición.

Aquí los niños juegan con palas y picos;

juegan a triciclos que venden pan.

Aquí la mayoría de edad

se alcanza a los cinco.


Nuestra vida es tan vertiginosa

que la infancia

apenas nos dura el primer llanto,

luego nos descubrimos púberes

y nuestros primeros pasos

buscan los filones estrellados de espanto.


Nuestra ciudad

es una hilera de avenidas polvorientas,

llenas de orín,

de pájaros inciertos.


El sol desconfía de nuestros suelos.

La lluvia nos aborrece;

nos da largos chaparrones a veces

que nos desnudan de todo

en una pampa polvorienta

que de tanta agua nos despoja del cuerpo.


Mi país es un pueblo joven.

las leyes duermen

en la cáscara de una avenida.

El triplay es nuestro producto bandera.

y el agua de acequia la bebida oficial.


En mi ciudad los linderos están demarcados.

Para entrar en él

deberás tener la altura de los collados:

tener mucha hambre,

y llevar una pena enfundada en los puños.



domingo, enero 01, 2012

EN LA FIESTA DE AÑO NUEVO

Veinte años despues me encuentro con el Miki. El matón del barrio está frente a mí, escrutándome con esos ojos chinos, preguntándome con una voz sacada de peli de terror sobre mi vida.

Yo tranquilo, lo miro, fumo pausado y le cuento que me hice escritor, que publico libros. Él se sirve a vaso lleno y me escucha. Es la fiesta de fin de año, a la que después del momento familiar de bienvenida del año nuevo, me vine, a la vuelta de casa, en la esquina del movimiento, donde todos los años hacen fiesta en la calle.

El Miki me escucha en silencio, yo siento que hablo de más y me callo, además, creo que mi historia de vida no puede ser algo tan interesante para un prontuariado delincuente. Me equivoqué. El Miki habla de su hija que –yo sin saberlo nunca- fue mi alumna cuando era profesor de literatura en un colegio del barrio.

¿Sí?, mira qué casualidad, claro que la recuerdo, Sally era su nombre, la recuerdo bien, era una chica muy atenta, siempre hacía preguntas al final de cada clase, sí, muy buena chica.

Nunca he recordado a mis alumnos, cada que terminaba el año escolar me olvidaba de todos por una cuestión de terapia, pero a esta chica sí que la recordaba, me acuerdo que le prestaba libros de mi biblioteca personal, le prestaba también algunas películas, era una chica muy inteligente ¡Y era hija del Miki!

Mi chamaca siempre hablaba de ti, que mi profesor esto que mi profesor lo otro, que me prestó tal libro, que me prestó tal película, y yo le dije ¿Quién chucha es tu profesor? Es el profesor Vera papá, el que vive en independencia. Ah, el cegatón, le dije yo, está bien entonces hija, todo lo que ese huevón te de lo tienes que aprovechar, y me acordé de ti despues de tantos años de haber salido del cole pe vera. Tamare si eras un capo pe huevón, con tu musica rara, tus libros, te saqué al toque.

Y qué fue de tu chibola, le pregunto al Miki entre vaso y vaso.

Se fue pe causa. Me dejó, conoció a un blanquiñoso de no sé donde y se quitó.

No papá, tú no tienes futuro, siempre estás metido en cosas feas, yo quiero hacer otras cosas, yo quiero hacer mi vida.

Siempre me decía eso, una vez incluso me dijo que le daba pena.

Sí papá, yo siento pena de ti, de lo que haces, de la vida que tienes, y yo no quiero esa vida, yo quiero algo mejor para mi.

A la chica no le faltaban razones para pensar así y eso el Miki lo sabía.

Yo le dije que normal, que haga de su vida lo que quiera, pero que recuerde que haga lo que haga yo siempre sería su padre y que contaría conmigo cuando lo necesite. Hace como cuatro años que no la veo.

Silencio.

¡Salú carajo! ¡Nada de penas en el año nuevo!, el negro Domínguez ha llegado con una caja de cervezas, yo dejé la conversa con el Miki y me agarré de charla con el vecino Timoteo, el bodeguero del barrio.

Era de día, tendrían que ser las siete de la mañana más o menos cuando puse automático y comencé a caminar de regreso a casa.

Oe Vera, la voz del Miki llamándome .

Ya me quito huevón , es tarde, me voy a jatear, le digo hablando torpe. Miki se acerca, me detengo, él viene con dos botellas en la mano. Yo, un cigarrilo en los labios, lo miro por debajo de mis anteojos.

Salú pe huevón, cómo chucha te vas a ir si todavía no hemos hablado.

Eructo, mi cuerpo se tambalea un poco.

Hablar de qué.

No te hagas el huevón que me la sé todita.

Asumare causa tú tas en otra.

Pero no. El Miki no estaba en otra, estaba en esta y sabía muy bien de lo que hablaba, al punto que llegué a pensar que estuvo veinte años esperando este momento.

Tú te levantaste a mi hermana la Evelyn.

La primera vez en mi vida que estuve enamorado fue de esa mujer. Teníamos quince años. De lejos, la hermana del Miki era la más linda de toda la cuadra, ninguna otra chica le hacía sombra. Íbamos al mismo colegio, el Miki era mayor que nosotros; en ese tiempo ya andaba metido en huevadas pero nunca me hizo el pare, nunca me increpó nada, nunca sino hasta hoy, en esta mañana de fiesta de año nuevo en que lo veo así, ebrio de tiempo, preguntándome, ahora en tono violento, por qué no me casé con su hermana.

Por tu culpa mi hermanita se fue a la mierda, ella estaba recontra templada de ti y tú la dejaste, por eso se metió con cualquiera y la cagó. Se metió con un imbécil que al toque nomás la embarazó y de ahí desapareció. A ese conchesumadre lo he buscado por mar y tierra pero nunca lo encontré. Mi sobrino, para qué, es un niñito de la putamadre, ahora ya tiene quince años y es más despierto que mandado a hacer.

En ese entonces a Evelyn la amaba tanto como a mi país, pero al igual que éste, me pagó mal. Sus ojos eran el mar y yo un náufrego feliz en sus aguas tranquilas, pero las cosas tomaron otro rumbo y nos separamos; fue uno de los tantos golpes duros que me dio la vida. Desde ahí no supe nada más de Evelyn hasta hoy que su hermano, entre lágrimas, me habla de ella.

Yo quería que tú y mi hermana sean pareja, yo los veía huevón y decía putamadre que feliz es mi hermanita con este nerd, pero es su felicidad pe, y me gustaba huevón, pero después te fuiste y ahí la Evelyn se jodió.

No Miki. La gente se jode y le pasa lo que le pasa por que así lo quiere. Nadie es culpable del destino de otro. Cada cual se hace su propio camino.

La fiesta ya estaba en degenere. El sol despuntaba, la gente caminaba dando tumbos, algunos caían sin más y quedaban roncando sobre la vereda. Ahora cómo salgo de esta, pensaba mientras el Miki seguía culpándome por lo que sucedió con su hermana. Comenzaba a hartarme.

Ya está Miki, yo no tengo nada que ver con lo que pasó con tu hermana.

Él insistía. Lo empujé y cayó pesado al suelo. La gente se ganó con el pase y comenzaron a acercarse. Miki se puso de pie, tenía fuego en los ojos. Yo me ponía en guardia. Cuando se levanta abre los brazos y se abalanza hacia mi. Me abraza, pega sus labios a mi oído y me dice: para mí, tú y mi hermana siguen juntos. Me besa en la mejilla y se aleja con los que se acercaban. Retornan a la fiesta.

De regreso a casa una mujer me saluda. Roberto, me dice, la veo y dudo; a pocos pasos de la mujer me detengo, mis ojos se humedecen. Evelyn, digo, nos abrazamos.




Ronald Vega