domingo, enero 01, 2012

EN LA FIESTA DE AÑO NUEVO

Veinte años despues me encuentro con el Miki. El matón del barrio está frente a mí, escrutándome con esos ojos chinos, preguntándome con una voz sacada de peli de terror sobre mi vida.

Yo tranquilo, lo miro, fumo pausado y le cuento que me hice escritor, que publico libros. Él se sirve a vaso lleno y me escucha. Es la fiesta de fin de año, a la que después del momento familiar de bienvenida del año nuevo, me vine, a la vuelta de casa, en la esquina del movimiento, donde todos los años hacen fiesta en la calle.

El Miki me escucha en silencio, yo siento que hablo de más y me callo, además, creo que mi historia de vida no puede ser algo tan interesante para un prontuariado delincuente. Me equivoqué. El Miki habla de su hija que –yo sin saberlo nunca- fue mi alumna cuando era profesor de literatura en un colegio del barrio.

¿Sí?, mira qué casualidad, claro que la recuerdo, Sally era su nombre, la recuerdo bien, era una chica muy atenta, siempre hacía preguntas al final de cada clase, sí, muy buena chica.

Nunca he recordado a mis alumnos, cada que terminaba el año escolar me olvidaba de todos por una cuestión de terapia, pero a esta chica sí que la recordaba, me acuerdo que le prestaba libros de mi biblioteca personal, le prestaba también algunas películas, era una chica muy inteligente ¡Y era hija del Miki!

Mi chamaca siempre hablaba de ti, que mi profesor esto que mi profesor lo otro, que me prestó tal libro, que me prestó tal película, y yo le dije ¿Quién chucha es tu profesor? Es el profesor Vera papá, el que vive en independencia. Ah, el cegatón, le dije yo, está bien entonces hija, todo lo que ese huevón te de lo tienes que aprovechar, y me acordé de ti despues de tantos años de haber salido del cole pe vera. Tamare si eras un capo pe huevón, con tu musica rara, tus libros, te saqué al toque.

Y qué fue de tu chibola, le pregunto al Miki entre vaso y vaso.

Se fue pe causa. Me dejó, conoció a un blanquiñoso de no sé donde y se quitó.

No papá, tú no tienes futuro, siempre estás metido en cosas feas, yo quiero hacer otras cosas, yo quiero hacer mi vida.

Siempre me decía eso, una vez incluso me dijo que le daba pena.

Sí papá, yo siento pena de ti, de lo que haces, de la vida que tienes, y yo no quiero esa vida, yo quiero algo mejor para mi.

A la chica no le faltaban razones para pensar así y eso el Miki lo sabía.

Yo le dije que normal, que haga de su vida lo que quiera, pero que recuerde que haga lo que haga yo siempre sería su padre y que contaría conmigo cuando lo necesite. Hace como cuatro años que no la veo.

Silencio.

¡Salú carajo! ¡Nada de penas en el año nuevo!, el negro Domínguez ha llegado con una caja de cervezas, yo dejé la conversa con el Miki y me agarré de charla con el vecino Timoteo, el bodeguero del barrio.

Era de día, tendrían que ser las siete de la mañana más o menos cuando puse automático y comencé a caminar de regreso a casa.

Oe Vera, la voz del Miki llamándome .

Ya me quito huevón , es tarde, me voy a jatear, le digo hablando torpe. Miki se acerca, me detengo, él viene con dos botellas en la mano. Yo, un cigarrilo en los labios, lo miro por debajo de mis anteojos.

Salú pe huevón, cómo chucha te vas a ir si todavía no hemos hablado.

Eructo, mi cuerpo se tambalea un poco.

Hablar de qué.

No te hagas el huevón que me la sé todita.

Asumare causa tú tas en otra.

Pero no. El Miki no estaba en otra, estaba en esta y sabía muy bien de lo que hablaba, al punto que llegué a pensar que estuvo veinte años esperando este momento.

Tú te levantaste a mi hermana la Evelyn.

La primera vez en mi vida que estuve enamorado fue de esa mujer. Teníamos quince años. De lejos, la hermana del Miki era la más linda de toda la cuadra, ninguna otra chica le hacía sombra. Íbamos al mismo colegio, el Miki era mayor que nosotros; en ese tiempo ya andaba metido en huevadas pero nunca me hizo el pare, nunca me increpó nada, nunca sino hasta hoy, en esta mañana de fiesta de año nuevo en que lo veo así, ebrio de tiempo, preguntándome, ahora en tono violento, por qué no me casé con su hermana.

Por tu culpa mi hermanita se fue a la mierda, ella estaba recontra templada de ti y tú la dejaste, por eso se metió con cualquiera y la cagó. Se metió con un imbécil que al toque nomás la embarazó y de ahí desapareció. A ese conchesumadre lo he buscado por mar y tierra pero nunca lo encontré. Mi sobrino, para qué, es un niñito de la putamadre, ahora ya tiene quince años y es más despierto que mandado a hacer.

En ese entonces a Evelyn la amaba tanto como a mi país, pero al igual que éste, me pagó mal. Sus ojos eran el mar y yo un náufrego feliz en sus aguas tranquilas, pero las cosas tomaron otro rumbo y nos separamos; fue uno de los tantos golpes duros que me dio la vida. Desde ahí no supe nada más de Evelyn hasta hoy que su hermano, entre lágrimas, me habla de ella.

Yo quería que tú y mi hermana sean pareja, yo los veía huevón y decía putamadre que feliz es mi hermanita con este nerd, pero es su felicidad pe, y me gustaba huevón, pero después te fuiste y ahí la Evelyn se jodió.

No Miki. La gente se jode y le pasa lo que le pasa por que así lo quiere. Nadie es culpable del destino de otro. Cada cual se hace su propio camino.

La fiesta ya estaba en degenere. El sol despuntaba, la gente caminaba dando tumbos, algunos caían sin más y quedaban roncando sobre la vereda. Ahora cómo salgo de esta, pensaba mientras el Miki seguía culpándome por lo que sucedió con su hermana. Comenzaba a hartarme.

Ya está Miki, yo no tengo nada que ver con lo que pasó con tu hermana.

Él insistía. Lo empujé y cayó pesado al suelo. La gente se ganó con el pase y comenzaron a acercarse. Miki se puso de pie, tenía fuego en los ojos. Yo me ponía en guardia. Cuando se levanta abre los brazos y se abalanza hacia mi. Me abraza, pega sus labios a mi oído y me dice: para mí, tú y mi hermana siguen juntos. Me besa en la mejilla y se aleja con los que se acercaban. Retornan a la fiesta.

De regreso a casa una mujer me saluda. Roberto, me dice, la veo y dudo; a pocos pasos de la mujer me detengo, mis ojos se humedecen. Evelyn, digo, nos abrazamos.




Ronald Vega

1 comentario:

Anónimo dijo...

No me gusto