domingo, julio 22, 2012

EMILIO ADOLFO WESTPHALEN: LITERATURA Y SOCIEDAD



TAL VEZ NUNCA COMO AHORA se ha aborrecido tanto de las facultades creadoras del hombre según se expresan en el arte y la poesía, se ha tratado por todos los medios de desprestigiar la labor del artista, de rebajarlo al puesto de funcionario de la propaganda política, de imponerle normas ajenas a su vocación, ya sean los dictados de la historia, las obligaciones que impone la actualidad o el deber de defender a una u otra clase social. En las sociedades totalitarias o de tendencias totalitarias que predominan actualmente (¿Hasta qué extremo no habrá cundido el contagio, cuántas de nuestras instituciones o de nuestros usos llamados democráticos no están ya carcomidos por el mal?), se mira con desconfianza y hostilidad una actividad que por su esencia misma se opone a la menor regimentación, a cualquier especie de control desde fuera de ella misma; se sospecha de un acto que brota de de las zonas más oscuras del ser y que expone a todos los ojos una imagen inquietante de las posibilidades humanas, de sus potencias oscuras y de su destino incierto.  

¿Cómo explicar que desde la Revolución Industrial, o acaso desde antes se haya tendido a temer toda manifestación libre y desinteresada del espíritu humano? ¿Por qué no habrá casi interés sino por la fabricación de mercaderías en serie y la multiplicación de su consumo? ¿Por qué no ha de importar sino la cantidad, la máquina, el robot la cháchara embrutecedora de la publicidad y la propaganda? ¿Es posible que ahora lo ideal sera convertir a los hombres en autómatas y suprimir el sueño, la imaginación, el amor, la poesía, el éxtasis? ¿En las sociedades perfectas del racionalismo positivista que se trata de imponer, estará todo fijado de antemano, todas las acciones y todos los pensamientos preestablecidos, como se relata en numerosas utopías y novelas de anticipación? ¿Serán entonces sólo válidas la eficacia y la regularidad de la máquina? ¿Será el destino de la civilización industrial, donde la máquina estaba destinada a librar al hombre de ciertas servidumbres y trabas económicas y sociales, precisamente de convertir al hombre en máquina? ¿Será cierta la perspectiva horripilante que nos ofrece de un mundo exclusivo de autómatas?

Contra esa perspectiva sólo es dable oponer el arte y su espíritu libre y desmedido. Sí, me hago una idea muy elevada del arte y la literatura, creo que n son un reflejo de la realidad social y económica de una época, tampoco una imitación de la naturaleza ni –como algunos suponen- una secreción más del organismo humano. Considero la obra de arte más bien comoun objeto ambiguo entre la realidad y lo imaginario, tan satisfactorio y decepcionante como puede ser el hombremismo, el único objeto, desde luego, que expresa esa circunstancia humana de sentirse el hombre un ente prisionero, pequeño, nulo, pero que en la exaltación, en el olvido de sí mismo, en el delirio, logra  a vaces sobrepasar esos límites. Por la obra de arte, (¿acaso exclusivamente por ella?) el hombre se conoce y reconoce, en ella adquiere conciencia delo que lo ata o destruye y también vislumbra la vía de escape, de la liberación. En la negrura de lo cotidiano, la canción, el poema, la danza, la obra plástica se abren con el fulgor de soles íntimos y en la sorpresa y el choque se rehace nuestro ser y adquirimos una conciencia más amplia de nosotros mismo y del mundo.

En una definición del hombre no cabe prescindir de su actividad estética: aún más, quizá sea según esa actividad que puede definírsele con más cercaníade acierto, con la seguridad de dar en la proximidad  del blanco. Una comunidad no será armónica, feliz, si sus miembros no están en libertad de seguir sus inclinaciones artísticas. Esto no es quimérico; todavía un escritor contemporáneo de Bali puede afirmar que en esa isla todavía casi todos sus habitantes se sienten artistas, en una y otra forma. (Aunque también en Bali las cosas cambian. Con la introducción de los artefactos y las costumbres occidentales ya no hay lugar ni tiempo para la sprácticas de las artes ni quién las proteja)

Es verdad de lo más vulgar reconocer que el artista, como cualquiera de nosotros, vive en común con cierto número de hombres . De esta perogrullada no se sigue sin embargo, que esté en la obligación de escuchar y aceptar las indicaciones o mandatos de profesores de la literatura, censores morales o religiosos, funcionarios de gobierno, directores de corporaciones o secretarios de partidos. En verdad, para el cumplimiento de su misión el artista no ha de satisfacer sino a la demanda interior de creación. Unicamente así hará la obra verdadera. (…)

No puede sin embargo claudicar; su deber es defender la autonomía absoluta de su obra . No puede ceder en ello sin anula el valor que pueda tener tato para sí como para los demás, es decir, sin anular también su alcance social. Ha de oponerse a queines quieran señalarle normas y trazarle caminos. A él corresponde encontrar la norma desconocida y abrir el camino inédito. Si se quiere por otra parte que el hombre no degenere en autómata, no habrá otro medio sino tratar de revivir en él sus potenacias de creación, su sentido estético, o sea, la disponibilidad completa, el aura de libertad que el arte procura.

En el sombrío paisaje de nuestros días, rasgado por los alaridos del odio y la muerte y el ensordecedor murmullo de los autómatas, quizá la clara voz de un poet, bortando del veneno más cristalino y transparente, pueda inscribir contra tanta ignorancia, destrucción y miseria la nueva esperanza y una recién nacida buenaventura.


Fragmento del ensayo titulado "Literatura y sociedad", publicado inicialmente en el Suplemento Dominical del diario El Comercio, Lima, Febrero de 1960. 

Aparecido recientemente en el libro "Mundo Mágico", recopilación de poemas y ensayos de Westphalen, editado por la Municipalidad de Lima, Marzo de 2012.






Emilio Adolfo Westphalen (Lima, 1911 - 2001).- Poeta. Sus libros de poesía "Las ínsulas extrañas" en 1933 y "Abolición de la muerte" en 1935, lo convirtieron en una de las voces más importantes de la poesía peruana. Editó importantes revistas culturales como "Amaru" y "Las Moradas". Versos suyos aparecen en una canción de Chacalón.