lunes, octubre 22, 2012

...VAYA CON EL CABELLO LARGO...


Regresaba del trabajo y en el bus estaban tres de ellas. Por su juventud intuí que aún estaban en la escuela; cuando escuché en parte sus diálogos lo confirmé: tres niñas aspirantes a policía.

Bueno, cada quien es libre de hacer de su vida lo que mejor le parezca y nadie tendría derecho alguno a criticar la decisión de estas jóvenes. El problema está en la institución que obliga a estas niñas a masculinizarse (cabello, uniforme, incluso su forma de hablar) para pertenecer a dicho cuerpo.

Algunos plantean el debate sobre la presencia de homosexuales en las fuerzas armadas. Que entre quien quiera sin tener que perder su identidad. Sería la consigna.

Pero hablamos de una institución diseñada por hombres para hombres, el hecho de la inclusión de mujeres en las fuerzas armadas, aún con todos esos cambios en su imagen que están obligadas a hacer, ¿representa un adelanto?

No estamos aquí hablando de si las mujeres se maquillan o no; o si pueden usar blusas escotadas y tacos. Claro que estamos hablando de instituciones que tienen en la homogeneización y la monocromía dos de sus características irrenunciables. (¿Alguien piensa una comisaría de colores?) Bueno, está bien, esas son las condiciones, pero ¿QUÉ TIENE LA SOCIEDAD CONTRA EL CABELLO DE LAS MUJERES EN PARTICULAR Y CONTRA EL CABELLO LARGO EN GENERAL?

Desde la escuela y la casa la mujer no puede andar con el cabello suelto, vale decir libre, cayéndole por la espalda como una catarata de bucles negros y brillosos. La orden la dio un hombre, que duda cabe, pero, los hombres ¿Qué tememos con el cabello suelto de una mujer?

¿POR QUÉ?



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