miércoles, abril 17, 2013

EL LEGADO DE ARMANDO VILLANUEVA DEL CAMPO



Muy breves palabras prologables a este libro de Víctor Polay Campos. Y tienen que ser breves porque tanto en el artículo del doctor Javier Valle-Riestra, uno de los más brillantes juristas contemporáneos, como en mis declaraciones formuladas como testigo en el proceso a Polay y al MRTA, está expresado todo lo que yo tendría que decir sobre esta causa que ya ha despertado interés de los tribunales, jueces, políticos y sociólogos del mundo.

Lo que quiero reiterar es mi pensamiento respecto a las imputaciones a Víctor Polay Campos de ser un terrorista. Polay fue un guerrillero, consecuencia de los momentos en que el Perú vivía un grave problema de confusión social -que todavía no ha desaparecido- derivado del proceso histórico latinoamericano y agudizado en regímenes anteriores al que se inauguró en 1985, problemas que determinaron movimientos sociopolíticos que anduvieron por caminos extraviados, incurriendo en acciones repudiables que nunca deben ser olvidadas, pero tampoco indebidamente interpretadas. Pero estas circunstancias no implican que todo el proceso en el que intervinieron miembros del MRTA, y por ende Polay, constituyera acciones terroristas. Tampoco debe confundirse al MRTA con el ‘polpoteano’ Sendero Luminoso. Podrá decirse que hay pruebas de crímenes. Es evidente. Sí, sí es evidente que los hubo, pero esto no puede significar que se acuse a todos los miembros de un movimiento guerrillero responsabilizándolo de acciones individuales o colectivas que merecieron y merecen justa sanción. Permítaseme repetirlo, justa sanción. En estos casos, la responsabilidad es personal tanto en una acción individual como en una acción de grupo y no se puede confundir las cosas. Que en el ejército norteamericano que injustamente ocupa Irak se haya encontrado violadores no condena a todos los soldados del Tío Sam: es, pues, menester distinguir. Y como producto de todo lo que yo he analizado y consultado, el caso Polay no implica responsabilidad criminal.

Por otra parte, no hay que olvidar que nuestro país ha sido pródigo en llamar terroristas a muchos de los que lucharon por la libertad y la justicia, teniendo algunas veces que responder con la violencia de los libertadores a la violencia de los tiranos. Lo digo yo, que hace décadas fui protagonista de esa lucha por la libertad en la que la heroicidad de mujeres y hombres del Perú se puso de manifiesto en cruzadas por la justicia social, ¡y también fuimos llamados terroristas! Recuérdense las “leyes” que pusieron fuera de la ley al Partido Aprista Peruano y las calumnias lanzadas contra su propio jefe, acusado también de terrorista: acusación que llegó hasta el Tribunal de La Haya que, en célebre juicio histórico, rechazó las imputaciones y las calumnias lanzadas por una dictadura contra el líder continental.

Quiero expresar algo que se deriva de mi manera de pensar sobre este caso. Estoy de acuerdo con Javier Valle-Riestra en preferir la amnistía al paredón, paredón del que son gonfaloneros quienes jamás lucharon contra las dictaduras. No hay que olvidar tampoco a los caídos enfrentando la guerrilla. Fueron patriotas. Pero también pudieron cometer graves errores. No hay que olvidar, pero hay que saber perdonar.

Amnistía para todos los que combatieron con dignidad es lo que necesita el Perú.

Armando Villanueva del Campo


En: Polay Campos, Víctor. En el banquillo. ¿Terrorista o rebelde? Lima: Canta Editores, 2007



         Armando Villanueva del Campo, detenido en 1949 durante la dictadura del general Odría

martes, abril 16, 2013

DOS DE ONETTI



"Cuando un escritor es algo más que un aficionado, cuando pide a la literatura algo más que los elogios de honrados ciudadanos que son sus amigos, o de burgueses con mentalidad burguesa que lo son del Arte, con mayúsculas, podrá verse obligado por la vida a hacer cualquier clase de cosa, pero seguirá escribiendo. No porque tenga un deber a cumplir consigo mismo, ni una urgente defensa cultural que hacer, ni un premio ministerial para cobrar. Escribirá porque sí, porque no tendrá más remedio que hacerlo, porque es su vicio, su pasión y su desgracia".


"Hay un solo camino. El que hubo siempre. Que el creador de verdad tenga la fuerza de vivir solitario y mire dentro suyo. Que comprenda que no tenemos huella para seguir, que el camino habrá de hacérselo cada uno, tenaz y alegremente, cortando la sombra del monte y los arbustos enanos".



Juan Carlos Onetti. Citado por Mario Vargas Llosa en el libro " El viaje a la ficción - el mundo de Juan Carlos Onetti"



lunes, abril 15, 2013

LA PIEDRA ALADA


El pelícano herido, se alejó del mar
              y vino a morir
sobre esta breve piedra del desierto.
Buscó,
durante algunos días, una dignidad
para su postura final:
acabó como el bello movimiento congelado
                       de una danza.

Su carne todavía agónica
empezó a ser devorada por prolijas alimañas, y sus huesos
blancos y leves
resbalaron y se dispersaron en la arena.
                            Extrañamente
en el lomo de la piedra persistió una de sus alas,
sus gelatinosos tendones se secaron
y se adhirieron a la piedra
como si fuera un cuerpo.

Durante varios días
          el viento marino
batió inútilmente el ala, batió sin entender
que podemos imaginar un ave, la más bella,
pero no hacerla volar.



José Watanabe, del libro "La Piedra Alada"  (2005)

miércoles, abril 10, 2013

PODRÍA DESTERRARTE...


Podría desterrarte
a las primeras épocas del llanto,
a lugares oscuros del amor,
anteriores al recuerdo.
Podría devolverte
a tu materia inicial,
para que fueras como una espada
o una sombra en mi mano.
Te empujo
por espacios exactos que permiten
el deseo o el sueño.
Por selvas
donde la luz permanece todavía,
siempre.
No te olvido.
No eres la olvidada costumbre
que determina un gesto
dulce, un movimiento
pronto. No eres esa presencia
sin tiempo,
soportada en los muebles,
sin mancha en los espejos.
Hay todavía un cuerpo de espaldas
entre nosotros,
una distancia sin sonido,
un párpado vacío que nos separa.
Hay una atmósfera de voces apagadas
que reemplaza al silencio
entre nosotros.



Washington Delgado
Del libro "Formas de la ausencia" - 1955