sábado, junio 15, 2013

EL DESCUBRIMIENTO DE LA VOZ POÉTICA



Escribe: Tristán De Mar.


En los tiempos que todavía se hablaba de poesía en la escuela, hace ya mucho, escuché por vez primera el término voz poética. La que habla en primera persona, el yo poético, entendí que se trataba de la voz de quien escribe la poesía, la voz que te habla a través del poema, pero eso no es otra cosa que la voz del autor del poema, tal vez sea una de las tantas formas por las que el hombre busque la inmortalidad; deben haber varios textos al respecto.

He encontrado, después de tanto, la voz poética: estaba en el baño.

Diría mejor que fue ahí donde hizo su aparición para decirme que “…por eso me alegra saber que a pesar de todo y de todos nosotros / incluso de nuestras pobres almas tiradas al viento / todavía se puede escribir sobre tantas cosas sencillas / como si fuesen el rostro más hermoso y sincero del mundo…” Yo la escuché, eso fue lo que me dijo, lo sé porque la voz poética comenzó a repetir ese verso, varias veces, como para qué no lo olvide. Toda voz tiene siempre algo que decir, toda persona tiene siempre algo que escuchar.

Es simple. Me encerré en el baño a leer en voz alta un libro (“Los rostros ebrios de la noche” del poeta Juan Cristóbal) y en medio de la lectura, esa voz poética que vive dentro mío, como dentro de cada uno, me habló, se dirigió a mí, porque la voz poética no es otra cosa que nuestra propia voz en medio de un cuarto de mayólicas. No era la voz del poeta, era mi voz, lo puedo jurar. Nunca he escuchado la voz de Juan Cristóbal, pero dudo mucho que se parezca a la mía como para haberme confundido. El gato Félix pensaría igual.

La voz poética vive en cada uno de nosotros, el poeta la activa a través de sus versos. Recomendación: leer poesía encerrado en el baño. Y tal vez puedas leerte Trilce completito y no escuches tu voz poética, como puedas leer algún verso de un poeta de poca monta y la escuches. La voz poética no sabe de reconocimientos, no sabe de nada que no sea lo que necesitas escuchar en el momento en que lo necesitas escuchar. Una vez que aparece por vez primera, comienza ya a acercarse a ti cada vez más.

Los poetas, entonces, concluyo, no son, ni tienen la voz poética, tal vez tengan “su” voz poética, pero esa no necesariamente tendrá que ser la nuestra. Nuestra voz poética puede estar, como en mi caso, dormida durante muchos años, en espera del verso que la despierte. Y ¿Para qué sirve descubrir la voz poética? No tengo idea, es como una llave que podría abrir una puerta o cortar un cara, todos tenemos puertas cerradas y caras qué cortar, pero no lo sabremos hasta que no descubramos esa voz. La poesía, es cierto, entra en nosotros, más todavía cuando la vocalizamos, cuando la hacemos corpórea con nuestra voz, entonces podemos sentirla, vibrar, incluso llorar, o reír con ella, envolvernos en nuestra propia voz poética; pero siempre hay un momento en que esta voz ya no solamente se deja escuchar sino que nos habla, interpela, nos cuadra y nos dice lo que tenemos que escuchar.

Buena práctica es hacer la prueba de escuchar nuestra propia voz primero. Es una forma incorpórea de mirarnos al espejo. Amar tu voz, familiarizarte con ella, como con tu pene o tu clítoris, así, igual con tu voz, tocarla, acariciarla, sentir su existencia. Ese me parece es un buen primer paso para llegar a la manifestación de la voz poética. No hay que rehuirla, es buena, nuestra voz es la expresión del alma cuando la usamos conscientemente y en soledad. ¿Cantas? Hazlo en el baño y a voz en cuello. Ahora pienso lo intenso que debe ser trabajar la voz poética mirándose al espejo, incluso iluminado únicamente por una vela puesta a la altura del mentón. Eso debe ser alucinante. Sería cuestión de intentarlo.

Reconocer la voz es también una forma inconsciente de mejorar nuestra autoestima, de quererse un poco más, pero sobretodo, de asentarse en las relaciones con los demás. Decir, esta es mi voz, así suena y me gusta, pero para eso hay que trabajar a solas, siempre, la soledad es madre de los descubrimientos.
Siempre es mejor si no hay gente al lado, podrían tener, como en mi caso, problemas con los vecinos. En este caso no es recomendable hacerlo en horas de la madrugada.

Hay un libro de poemas para cada uno de nosotros que puede estar en el lugar menos pensado. Pero la voz poética, la que te hablará y repetirá las veces que sea necesario aquello que debes saber, esta en el baño de tu casa. Entra, búscala ahí, búscate ahí y escúchala, escúchate, la poesía es el mejor pretexto.