sábado, julio 13, 2013

PEQUEÑOS PROBLEMAS DE UNA MAÑANA CUALQUIERA




Escribe: Tristán De Mar




Lo peor que puede pasar en la relación Hombre – Ducha Eléctrica, es que esta deje de funcionar en el mejor momento del baño.

El agua caliente recorriéndote el cuerpo como una extensión líquida de la frazada; el vapor a tu alrededor, nube de sueño que se resiste a dejarte, el aroma a jabón y shampoo esparcido entre las cuatro paredes de losetas. Afuera, la música que elegiste para iniciar el día, tu ropa limpia, lista para ser usada, te espera sobre la cama. Todo anuncia un buen día, hasta que la ducha deja de cantar.

Sabes que es grave. Tiemblas, buscas la toalla, tienes el cuerpo lleno de jabón, cierras de inmediato la llave del agua, corrientes de aire frio te erizan la piel. Por un momento pasa por tu cabeza la idea de ir a la cocina y poner agua a calentar para terminar el baño, no te puedes quedar ahí, porque si a alguien le tienen sin cuidado los desperfectos de tu ducha eléctrica es al tiempo.

Terminar con agua fría lo que comenzaste con agua caliente. Lo piensas, dudas, pero ya llevas ahí tres minutos, parado sobre la tina con la toalla a la espalda, temblando, mirando de un lado a otro como si de alguna loseta volara hasta ti la solución del problema. Hazlo, te dices decidido, pero cuando abres la llave, el primer chorro de agua llega como directo del polo.


Se acabó el sueño, esta es la realidad: siete y cuarentaicinco de la mañana, tu hora de entrada es a las ocho, y estas parado en la tina, desnudo, temblando, poniendo primero el dedo tímido, la mano temblorosa, el brazo temeroso en el gran chorro de agua helada que cae de tu ducha eléctrica –de apellido italiano- que acaba de malograrse.