lunes, diciembre 16, 2013

EL MENSAJE DE CHILE

Escribe: Ronald Vega


El ausentismo electoral en Chile ha bordeado el 60 % de electores y eso es una gran ventaja. Gracias a la eliminación del voto obligatorio, hoy Chile sabe que seis de cada diez ciudadanos no cree en las instituciones públicas, o por lo menos duda de la efectividad de la democracia en relación con su vida. Cada uno habrá tenido sus razones para no ir a votar, aún así no se puede negar que ese porcentaje de ausentes, superior a la mitad de electores, representan un alto nivel de descontento.

Esto es, repito, una ventaja. Ahora el gobierno elegido sabe, y lo dijo la presidenta electa, que parte de su trabajo será devolver a esas personas la confianza en las instituciones de gobierno. Más allá de que lo logre o no, lo que aquí me interesa rescatar son las ventajas de eliminar el voto obligatorio.

Al no tener la costumbre de “no elegir” (que es una forma democrática de manifestar el descontento), la mayoría de personas que se enfrentan a una cédula de votación en el Perú, se sienten en la obligación de marcar algo, lo que sea, el menos malo. Ya vivimos, desde hace muchos años, ese resultado. Las consecuencias las vivimos hasta hoy.

La coerción que el estado ejerce sobre el ciudadano para que vote (multas, impedimentos de salida del país y tramitaciones, etc.) jamás permitirá saber qué porcentaje de ciudadanos y ciudadanas en este país, desconfiamos, o hemos perdido la fe en las instituciones. Intuimos que debe ser un alto porcentaje, tal vez mayor que en Chile, pero, mientras el voto siga siendo obligatorio, jamás lo sabremos, y seguiremos dentro del chato universo de las encuestas.

Cualquier presidente puede decir que gobierna para todos, pero jamás sabremos a cuántos de ese “todos” les da lo mismo si quien gobierna es el presidente o Pluto.

Eliminar el voto obligatorio, o voto por coerción o contra la voluntad, que es el que tenemos actualmente en el Perú, permitirá por fin medir hasta qué punto hemos perdido la fe, y cuanto tenemos que hacer para recuperarla. 

Es una democracia mirándose las heridas, única forma de curarse por si sola.  

¡Arriba las Jirafas espaciales!