lunes, diciembre 23, 2013

DOSIS Y LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN...



Escribe: Ronald Vega.

Aquella vez que los escuché, después de muchos años, la cosa me quedó bastante clara: algo, o alguien, en esta banda no encaja. Al terminar su presentación ya no tenía dudas: ese algo se llama teclado y ese alguien Cristhian, su ejecutor. La banda: Dosis.

Ese no era un descubrimiento personal, al interior de la banda, intuyo, ya lo sabían: era la última presentación con su tecladista de siempre. Lo primero que pensé esa tarde, luego de escucharlos en un parque zonal hace algunas semanas, fue una sentencia que, aunque penosa y dura –por lo que la banda Dosis significa en la escena musical del sur de Lima- no me pareció menos real: esta banda ya fue.

Días después, rumbo a la estación La Cultura del metro de Lima para escucharlos, llevaba dentro una imperiosa necesidad de comprobar mi equívoco, pero no fue así. La ausencia del teclado durante aquella presentación fue para mí un vacío irreparable en la música de esta banda que, a comienzos de la década pasada -cuando nos veíamos saturados de imitadores de Zack de la Rocha- hizo de canciones como “La Señal”, un pequeño paraíso donde poder descansar de tanta escases de originalidad.

Desde esos años los he seguido. 

Este fin de semana los he vuelto a escuchar y no solo comprobé lo equivocado que estaba al creer que la banda fenecía, sino que, por el contrario, he sentido que esta banda ha encontrado el camino que como proyecto musical desea recorrer: pulcra presentación, ejecuciones precisas, contundencia en escena y esa seguridad que emana de la gente que sabe bien lo que está haciendo y por qué lo hace. 

Inútil caer en trasnochadas nostalgias por los tiempos idos, por suerte todavía conservo mi disco de Dosis de aquellos años; lo cierto es que hoy esta banda  no se parece a la banda que fue hace ya más de diez años. “Aunque me fuercen yo nunca voy a decir, que todo tiempo por pasado fue mejor, mañana es mejor…”

¿Y Cristhian?

Cristhian es un loco alucinado, un musicalizador de sueños, es, en resumen, atmósfera. Lo que el ex tecladista de Dosis presentó este fin de semana como proyecto solista,  fue el abrirse de sus puertas custodiadas por años; a mi humilde entender, fue lo que siempre quiso hacer. Y lo hizo bien. Cristhian es más Cristhian tocando sin Dosis, y Dosis es más Dosis tocando sin Cristhian.´

Y esto recién empieza. Cristh Dance –nombre del proyecto solista del ex Dosis-  está dando sus primeros pasos y no necesita un camino definido porque es, repito que desde mi humilde entender, un tornado. Él no necesita un camino porque parece                 querer abarcarlo todo, el hecho de no deberse a nadie más que a su propio interés, lo mantiene alejado de todo lo que no haya nacido de su voluntad en el sentido más puro. La expansión lo define. En él no parece haber complacencias de ningún tipo. Lo único que le interesa es fluir. Cristh Dance no hace sonidos, él mismo es un sonido más dentro de la atmósfera que logra crear.

Me alegra. Todo ha sido para bien; cada uno de estos caminos que hoy se bifurcan, parecen tener claro el horizonte que persiguen y no es para menos, partiendo ambos de una misma escuela, creada junto a bandas como “Voces de adentro” (de la cual siempre se tiene un nostálgico recuerdo), que marcó el rumbo -en vmt-  de lo que nosotros, los ignaros conchudos conocemos como dark. (Con todas las variantes que este género pueda tener).

En buena hora se bifurcaron los caminos. Larga vida para ambas propuestas.





"Dosis"



"Cristh Dance"