lunes, abril 14, 2014

CARLES DIAZ - ENTREVISTA Y POEMAS




Presentamos una entrevista con el poeta Carles Díaz, quien tuvo a bien responder el cuestionario que le hicimos llegar. Incluimos tres poemas como muestra de su trabajo y una brevísima biografía al final. Hacemos público nuestro agradecimiento a Carles por su colaboración con el blog y por sus respuestas que, estamos seguros, servirán a muchos de nuestros lectores/as que trabajan con la palabra.

Josefina Matta
Directora del blog.



(Entrevista de Ronald Vega / Selección y transcripción de poemas de Tristán de Mar / Diagramación de Julio Dalton / Corrección general de Josefina Matta)






ENTREVISTA







¿Cuál ha sido el origen de tu formación poética y en qué momento consideras que te encuentras en la actualidad?



Mi vínculo con la poesía comenzó de manera informal en mis veranos de infancia, quizá por asimilación. Tuve el privilegio de conocer a mi bisabuela paterna que era una mujer muy culta que escribía versos. Fue con ella que tuve acceso a una suerte de « oralidad » que es (o era) muy propia del campo chileno, quizá latino-americano. Por ella me vino la inquietud de la palabra, que siempre estuvo asociada a la tierra no desde un punto de vista intelectual sino mas bien afectivo. Crecí escuchando pasajes del Cid, de las guerras Púnicas, la oración por todos de Andrés Bello, las llamadas « vidas ejemplares » y sobretodo muchas leyendas. Desde niño me fascinó (y más tarde intrigo) el hecho de que en sus relatos se mezclaba la mitología nacional con el árbol genealógico, es decir que siempre había un pariente o un ancestro que había visto, sufrido o luchado contra alguno de estos seres (la Llorona, por ejemplo, que es un personaje mayor de la mitología chilena y que tiene analogías en toda América) o bien, en el caso contrario, un familiar que había sido salvado por algún santo o por la Virgen. Se hablaba de algún familiar lejano que era médium, curandero o héroe de una batalla del siglo XIX o, aun mas, de algún cercano que había engañado al diablo. Recuerdo a mi bisabuela y a mi tía hablando « solemnemente » de estas cosas y dando un valor agregado a ciertos tópicos como la tierra, el pan, el tiempo, el ancestro, la virtud, la raíz, la palabra. Esas ideas eran casi arquetipos y en cada conversación, aparecía algún versillo de memoria o improvisado. O bien, mi bisabuela dictaba palabras que le venían a la cabeza y mi tía los iba escribiendo en un cuaderno. Con el tiempo me di cuenta que mi infancia había sido alimentada subterraneamente por una especie de surrealismo rural, por una sensibilidad que marcó mi identidad y que difícilmente podría comprenderse hoy en una sociedad de telecomunicaciones en donde se ha perdido el vinculo con la leyenda, con lo sagrado.

Respecto a mis años de estudiante, estos fueron, por lo general, caóticos y siempre aborrecí la institucionalizacion de la poesía. La declamación de versos escolares me agobiaba sobremanera y esa idea subyacente de veneración de los « padres de la literatura nacional » me incomodaba. Sin embargo, nunca me sentí un rebelde porque mi contestación no era contra los autores sino contra los mecanismos de enseñanza : aprender el Siglo de oro español como una disección quirúrgica me parecía un crimen. En mi cabeza, Juan del Encina, fray Luis y Bernal Díaz del Castillo debían escupir fuego viendo ciertos manuales de enseñanza. Luego, leer las glorias afectivas de la literatura me parecía en parte sospechoso. A Neruda y a Mistral les conocí mucho más tarde y me llevó tiempo deshacerme de ciertos prejuicios para apreciar la dimensión profunda de su obra. Lo mismo me ocurrió con la imposición escolar del panamericanismo literario que fue una de las razones por las que no quise estudiar literatura española. Yo no pretendía hacer de la poesía ni de la literatura una profesión. Había oído por ahí que cuando se entra en la dimensión administrativa y burocrática de las pasiones, discretamente estas corren el riesgo de apagarse y volverse moneda corriente. El propio Whitman hablaba de la multiplicidad del ser y W. Blake, a quien leí largas horas como a un enamorado, se refería al sentimiento extra-ordinario de los actos, de la búsqueda de lo heróico. Desde pequeño quise ser poeta y dedicarme a la escritura, confrontarme a la dificultad de la palabra, a la complejidad de la transmisión. Por ello, no podía aceptar verme en la encrucijada de la cultura universitaria, escribiendo papers por kilómetro, escribiendo por necesidad administrativa más que por necesidad vital. Entré a la universidad de Chile en 1997 a estudiar historia y teoría del arte y ello me abrió una serie de posibilidades alternativas para comprender la estética y el rol del arte en el sentido amplio del término. Tuve la gran suerte de ser alumno, entre otros, de Adolfo Couve (1940-1998) de Alberto Pérez (1926-1999) y de María Eugenia Brito, que considero como personas trascendentales. Fue a través de aquellas miradas críticas que mi reflexión se fue alimentando y educando. La educación, en el sentido platónico, es un proceso complejo que se asocia al despojo de ciertas impresiones, a la revisitación de lo que uno entiende como tradición, quizá a la refundación de una experiencia. Yo podría decir que mis años universitarios me permitieron « nombrar » y « designar » una dimensión de la realidad, de los objetos e incluso de la propia humanidad. Mi expedición al interior de la poesía no fue rectilínea sino circular y una de las reflexiones que me acompaña hasta hoy, es aquella de la expresión artística, que sea esta pintura o poesía, como un arma, un faro, un puente entre la absurdidad y lo lucido. En tiempos como este en donde se amalgama arte, cultura, espectáculo y diversión, el arte debe entenderse como algo necesario para la elevación del espíritu, en su dimensión política y trascendente.



¿Hasta donde -si consideras que existe- llega la influencia de la poesía latinoamericana en tu trabajo?



Pienso que mas allá de una tradición poética propiamente tal (en términos de estructura y de historia), podría reconocerme “latinoamericano” sobretodo en los recursos, en el imaginario (simbólico y cultural, original y reconocible). Te hablaba al principio de cómo se forjó en mí la inquietud por la palabra y por la escritura, a través de la “tradición oral”. Ciertamente, y como muchos, cargo sobre mi cabeza con un panteón de figuras que van de Dario a Octavio Paz, pasando por Vallejo, Marti, Guillén, Bernárdez, De Rockha, Borges y una larga lista de autores desconocidos, todos confundidos en tiempo y espacio. Poseo varias antologías hispanoamericanas en las cuales suelo “bucear” y muy especialmente en las antologías de autores “populares” que la Gran historia de la literatura no retuvo los nombres. Me considero ahijado de los movimientos de vanguardias latinoamericanos en cuanto he hecho de mi propio ejercicio poético una toma de riesgo, así como de la intertextualidad una experiencia. En ese sentido, la irrealidad de Vicente Huidobro, la incorporeidad de su manifiesto Creacionista fue para mi un punto álgido en la dirección de mi escritura. A partir de aquellas lecturas fui mirando y corriendo por el siglo XX a diferentes velocidades, intentando guardar una cierta memoria en la que confluyeran y se diluyeran todas las obsesiones paridas al interior de la lengua. De ello heredé la inquietud estética y la reflexión necesaria que debe acompañar al proceso creativo cuya escisión con el arte contemporáneo es sintomática.



¿Cómo afecta el bilinguismo el trabajo poético? Especifica por favor tu caso personal.



Poseer dos idiomas es acceder en paralelo a dos realidades convergentes. Apropiárselas y a partir de dicha experiencia, trazar lineas de exploración. No veo en ello un condicionamiento de ningún tipo, al contrario, me parece un asunto enriquecedor cuyo resultado depende de cada individuo. Se puede vivir en París y escribir sobre Lima como se puede vivir en Londres y vivir “a la mexicana”. La lengua es el primer pasaporte de acceso a una cultura, es un mecanismo de cohesión y un elemento que va más allá de lo posible, de lo inmediato. Indirectamente, ello acarrea una noción distinta del tiempo: la comprensión implica una coyuntura de factores (sean estos culturales, morales o ideológicos) frente a los cuales es necesario una cierta “lentitud”, una obertura de espíritu, de rechazo de todo prejuicio, de todo cliché. Ello se aúna a la definición de las identidades que, por lo general, son estandarizadas en función de un arquetipo-modelo definido generalmente por los aparatajes político-comerciales. En ese sentido, pienso por ejemplo en el hecho poético de Bernard Manciet que logro dar cuenta, sin reivindicación ni artilugio, de una presencia distintiva de la poesía occitana regionalista que no se opone a la tradición francesa sino que la complementa.

La sutileza de la lengua, del idioma debería presentarse como una riqueza de la multiplicidad, especialmente en nuestra época de homogeneizacion y de asimilación industrial. Lo digo siempre : “Huidobro hablaba de la necesidad del poeta por reinventar la lengua, por escribir en una lengua nueva. Despojarse de las cargas culturales, re-aprender a nombrar las cosas”.



¿Cual es la apreciación de Latinoamérica en general y de su poesía en particular, a partir de tu experiencia Europea?



Tengo la impresión de que se conoce muy poco de la poesía latino-americana en Europa, como del arte latino-americano en general. Aparte de los “padres espirituales” que evoqué cuando hablaba de las grandes antologías, los autores contemporáneos traducidos al francés (o al alemán o al italiano) son escasos, a diferencia de la narrativa. Ello tiene quizá que ver con dos factores: el del lector y el del lugar de la poesía actualmente. Cuando me refiero al lector, pienso en que la poesía es un genero marginal que en Francia, como en muchas otras partes, se presenta extremadamente cansado y se dirige a un publico reducido. Sin entrar en cuestiones deontológicas de tipo “cómo se define la poesía contemporánea”, tengo el sentimiento que esta forma de escritura pena a encontrar eco en el contexto actual. Es corriente oír que “la gente ya no lee poesía” que “la poesía es cosa de élite”, que “la poesía esta agonizante”. Es triste constatar que incluso ciertas manifestaciones de tipo oficial como Le printemps des poètes insisten en mostrar una visión completamente anacrónica del panorama amplio de la escritura, de la poesía. Seria interesante abrir esos espacios a otros contextos en donde la palabra juega aun un rol mayor, en donde la poesía es cosa de contingencia y en donde se expresa aun con vigor una sensibilidad, una cosmovisión y una autenticidad del ser. ¿Qué se conoce aquí en Francia de la poesía francofona de ultramar? ¿Qué poeta contemporáneo se cita y se lee fuera de la metrópolis francesa ? Eso no se sabe mayormente. Como anécdota, es cosa de fijarse en el lenguaje de la clase política y en las alusiones que se hacen. Antiguamente, la retorica citaba permanentemente a los intelectuales, a los poetas. Hoy en día, los que nos dirigen son funcionarios que están mas preocupados del indice de comercio y del twitter, o como siuticamente les llaman “redes sociales”. El problema, y es mi visión personal, es que muchas veces estas operaciones de difusión se confunden de código y terminan haciendo de la cultura un accesorio, un bien de consumo políticamente correcto, un passe-partout. Es cosa de ver las programaciones y de contar el publico asistente. ¡Se trata siempre de un puñado de individuos!. Se habla por ahí de la necesidad de una “cultura popular”, de una adaptación de las artes al pueblo. El siglo XX acarreo el fantasma de abrir los espacios de representación al pueblo, de derribar la frontera elitista. Ese principio fue tristemente incomprendido por nuestra época. Yo pienso que debería hablarse sencillamente de cultura y no de “popular” o de “élite”, eso me parece sospechoso. Tengo la impresión de que lo popular termina siempre por degenerarse, acercándose a la cultura Disney, al esparcimiento analfabeto, al ruido, al consumo, a la publicidad, a la televisión, al exceso, al eufemismo, como dijo Huxley, a la ocupación del espíritu con lo lúdico, lo fútil, lo emocional y lo instintivo para impedir que el espíritu piense. Yo creo que ese es un tema complejo que tiene que ver con la educación : debería haber una voluntad política de fondo, en Europa como en América-latina, por llevar a la gente al ballet, a la opera, al teatro, a escuchar poesía, a leer, a hacer del libro una experiencia trascendente. Una voluntad por restituir ese vinculo que alguna vez existió con la “plaza publica”, con la excelencia suprema del arte por el arte, con las compañías ambulantes, con la declamación “a cielo abierto” de la poesía, con la tradición republicana inicial que hacía del arte una necesidad, un vehículo, un medio de toma de conciencia. Hoy, uno se percata que todo va dirigido a una incultura consensuada, a un formataje y a una reducción del individuo-cliente que se presenta alienado e incapaz de cualquier revolución imaginable ya que su línea de horizonte no va más allá de sus preocupaciones banales y mediocres.

Cuando se dice en Chile que es una “tierra de poetas” supongo que hay ahí una identificación afectiva que muestra a la poesía como algo dinámico y presente, aun necesario. En el campo chileno se habla a alta voz, es corriente oír a la gente hablando sola. Se canta. Lo que en Europa son “reservas folclóricas” en varias partes de América son aun realidades. Mistral y Neruda, los dos Nobeles chilenos, fueron literalmente “hijos de la tierra”, no salieron de grandes salones y le torcieron el brazo a un “destino” histórico. Son dos figuras de actualidad que se leen indistintamente en el patio del pobre o en la terraza del rico. Lo mismo ocurre con la mayoría de los autores que escribieron “desde el margen”, que sean De Rockha, Arteche, Millan, Lihn o Teillier. Se trata por lo general de autores que escribieron a partir de la noción de “genio” y no desde un punto de vista acomodaticio en donde la poesía es solo un placebo de afirmación social, un dolor burgués o una cosa destinada a los enamorados. No pretendo hablar de un contexto social ni de una historicidad que predetermina la validez de una producción artística, aun si es verdad que cada objeto cultural se inscribe en un tiempo y en una “necesidad” determinada. Seria interesante que se tradujera a estos autores ya que, para una gran parte, América se quedo fijada en el Canto General de Neruda o en la imagen grosera y fastidiosa de la tarjeta postal : un continente extremadamente dividido, incapaz de acceder a la modernidad, religioso, atravesado por calles polvorientas, perros callejeros, niños futboleros, teleseries y politicos corruptos y chovinistas.

Quizá, y probablemente me equivoque, se trata de un círculo vicioso en el cual las grandes editoriales mantienen vigente los nombres de ciertos autores (por lo general, en los estantes de una librería cualquiera en Francia vas a encontrar sistemáticamente : Rimbaud, Baudelaire, Aragon, Eluard, Bonnefoy y Jacottet). Ello es legitimo -y necesario-, sin embargo, es necesario también correr riesgos y oír voces jóvenes. Dar y extender la palabra. Es ahí en donde me parece que la acción de editoriales alternativas juega un rol decisivo en la difusión de escrituras contemporáneas. El problema es que muchas veces estas editoriales tienen que lidiar con cuestiones de rentabilidad y de logística en donde al cabo de un tiempo, contribuir a la multiplicidad creativa se vuelve un acto de jardinero en tierra baldía.

Seria interesante también dejar abierta la pregunta por otro elemento, quizá a menor escala pero no menos curioso, que es la difusión de la poesía y de la literatura hispanoamericana a través de los programas de enseñanza del idioma español y ese es tema de largo debate : ¿Qué se lee ? ¿Cómo se seleccionan esos autores? ¿Qué criterios se privilegian?



Me gustaría tu opinión sobre el surrealismo, su validez en la actualidad (si es que la tiene), su influencia en tu trabajo, tus referentes dentro de este movimiento.



El surrealismo sigue siendo mi espacio de pertenencia, aun si éste se presenta actualmente como una fórmula extremadamente agotada. Ello tiene que ver con las modalidades y las estrategias de escritura contemporánea y con la posición del arte en general. Es como en las artes plásticas: muchos “artistas” se dicen “abstractos” sin haber jamas estudiado el dibujo a mano alzada. Llegaron a la abstracción por facilidad y no por trabajo, y luego disfrazan a la “obra” con argumentos discursivos y retóricos para ocultar su vacío. Mucha gente se reclama contra los discursos estéticos, contra toda forma de enseñanza y de educación formal, afirmándose en una “libertad de forma” innata que se presenta, finalmente, extremadamente limitada debido a su falta de cultura, de reflexión, a su falta de coraje en donde no hay riesgo alguno, en donde la experiencia y el hecho artístico se presentan por delegación, sin la responsabilidad de movilizar el arte a partir de su sentido primario: “ars”, hacer, crear. Adolfo Couve hablaba de la arrogancia y del gran chantaje del arte contemporáneo en donde se eleva a los artistas a un rango que en verdad no les corresponde.

Sin querer ocasionar que cierta gente termine por "rasgarse las vestiduras" frente al ultraje mayor que estoy diciendo, considero que el problema es que muchos “artistas” y “poetas” actuales hacen del ego la prioridad y del objeto artístico así como de su lenguaje, una consecuencia. Se pone de relieve la excentricidad y la autocomplaciente convicción de que cada individuo es artista desde la infancia, que el arte es libre y que finalmente, el sin sentido tiene en verdad un sentido metafísico. Ello se manifiesta a través de la sucesiva amalgama de repeticiones, de explicaciones en bric à brac de especulaciones posteriores al hecho “creativo”, de citaciones descosidas y exuberantes (por lo general, utilizando una terminología ad-hoc replegada en si misma), de justificaciones copiadas y desgastadas para afirmar un contenido que en verdad no tiene engranaje ni trascendencia. A ello, la demagogia simplona responde : el arte no tiene que buscar trascender ni revelar, el arte es una experiencia individual.
Aun si puede parecer anticuado y abyecto, yo sostengo que el artista debe consagrarse a la creación y no a buscar a todo precio el reconocimiento. En el arte el terreno de juego es incierto : nunca se sabe a donde se va ni cual sera el resultado, ni siquiera si la producción sera correcta. Y es que no se puede ser escritor o artista a medio tiempo o en función del estado anímico; el arte implica una inquietud permanente, una mirada particular y critica del entorno, de la existencia y de todo aquello que escapa a lo cuantificable. No pretendo dar lecciones de moral, he escuchado a ciertos autores afirmarse “surrealistas” para justificar la lírica fácil y lo absurdo que no es mas que una serie de acumulaciones, de tipo : una naranja azul vuela sobre el cielo cuando en el fondo de tus ojos un castillo ficticio arde en llamas y te veo escapar en traje de parada por las escaleras de un tigre que va con sus fauces submarinas escupiendo brasas, banderas gringas, paisajes y nervaduras góticas... (esto que te digo se me viene a la cabeza al instante).

La escritura obedece a una necesidad del genero humano y no a una cuestión de capricho social, de sufrimiento recreativo, de una actitud pública. La escritura es como una empresa constante de descubrimiento, de duda. Es un territorio incomodo, muchas veces hostil, sin certeza. Es un edificio que se construye en siglos, es una espera de algo que se desconoce, es el reconocerse ignorante, pasajero, quizá como jugar un rol. Pienso que hay que confrontarse a la dificultad y buscar una cierta épica en la creación, algo que se arranque de lo ordinario, de lo rutinario. La responsabilidad recae, en primer lugar, en manos del artista. Pero no se debe olvidar la idea del circuito, de la difusión, de los espacios. En el caso de la poesía, yo hablaba de la acción de las editoriales alternativas cuyos criterios de publicación están dirigidos a hacer avanzar la cuestión de la escritura y no caer en la complacencia del diario de vida, de la terapia colectiva o de la escritura fácil que se cree a si misma inteligente. En cuanto a las artes plásticas, el problema se acentúa con los apoyos institucionales y los espacios privilegiados que dan a ciertas manifestaciones el rango y el valor de “artístico”. Ello remite a reflexionar sobre el rol de la critica, de los gestores culturales. ¿Qué hace del zapato suspendido a una cuerda, de un par de calzones sucios desparramados por el suelo o de un gato embalsamado al centro de una sala de arte una “obra” digna de considerarse como tal? La transversalidad, las nuevas tecnologías y la tan de moda pluridisciplinaridad (performance, instalación, etc) dejan abierto el problema de las categorías y de las definiciones.

Te decía que me siento cercano a la idea de una comunidad poética surrealista en la medida que fue allí en donde hice mis armas. Junto a Huidobro, me hice compañero de Alberti, de Cernuda, de Aleixandre, de Cirlot, de Jaime Sáenz. Sin embargo, no sé como definir aquello en la actualidad, pienso mas bien en una escritura híbrida, como lo dijo Eugenia Brito cuando escribió el prologo a mi primer libro. Ella agregó el término : neo-barroco. No me siento cómodo con la estructura sistemática del automatismo, aun si mi trabajo nada en lo absurdo y no pierde de norte el simbolismo, busco puntos de complemento en la “gran familia”, como le llamo yo a los que estuvieron y que siguen vigentes. Me conviene el principio del dialogo abierto con los tiempos. Puedo aprender mucho de Cravan como de la poesía gauchesca, así como de la literatura antigua como de la escritura popular. Cuando di a leer mis textos al escritor uruguayo Clemente Padín, este me envió una formidable carta felicitándome por mi “trabajo experimental”. Lo mismo me dijo el gran Señor, don Edmundo Herrera en la sociedad de escritores de Chile, quien me prologó junto a Eugenia Brito el primer poemario.



¿Terminaste por adoptar el francés como lengua para tu poesía? (Pienso en el caso de César Moro)



El poeta congoleño-bordolés Gabriel Okoundji escribió algo así como que “la lengua materna se lleva siempre en la naturaleza profunda del ser”. Es algo verdadero que pone de manifiesto no solamente una percepción o una sensibilidad particular, sino también una identidad. El tema de la identidad me parece crucial en esta época, ya lo decía cuando evocaba el asunto de la homogeneizacion y de la relación socio-cultural entre vencedores y vencidos. Una lengua es un reservorio de vida, un poder, algo que evoluciona, algo que transmite una cierta idea de la cultura de un pueblo pero también un anuncio que se escribe hacia el futuro. Yo escribo en francés por una cuestión tanto afectiva como intelectual. Quizá soy victima consciente de un anacronismo, porque siempre me apasiono el transito entre América y Francia a partir de la segunda mitad del siglo XIX y me crié con esa cultura del galicismo y con el mito del escritor castellano que piensa y escribe en francés. Yo escribo con las armas del momento y con los recursos que se me presentan. Cuando estoy en Valparaíso o en Petorca, las imágenes toman forma de una chilenidad que es interesante explotar y abrir, universalizar. Hablo evidentemente de una visión ilustrada y no de un ámbito de exaltación, de propaganda o de idealización... aun si te confieso que cuando pequeño soñaba con que ese minúsculo punto geográfico que es el valle de Petorca se volviese un lugar universal, un territorio particular pero abierto al mundo. Que se leyese la poesía y se dijese: Ah, Petorca! Como quien dice Fenicia, Paris, Macondo, Marrakech, Macchu-Picchu. Cuando estoy en Aquitania busco las puertas abiertas de la tierra, de la historia, de lo invisible. Finalmente, aun si la lengua es la coyuntura esencial y el medio de expresión formal de la escritura, me parece que esta toma carácter y fuerza en un conjunto de cosas que se van añadiendo a la lengua. Por ello no puedo decirte que hoy adopté el francés como algo decisivo y exclusivo. Mis textos pasan de una lengua a la otra e incluso se pierden en el frañol. Sueño con poder escribir en otras lenguas, o al menos, comprenderlas a la lectura. Ejercer directamente la interpretación que a veces se contamina con la llamada cultura de la traducción.






POEMAS





         
 I       Mañana vendrán a vestirme de signo.
         Abajo, muy abajo, llenarán mi boca de barro.
         Doblemente mudo, entre las cartas y mi garganta que cruje
         la alambrada se hará visible
         entre yo y alguno de los muchos que creo ser.

         Formando una lluvia de señales
         amarradas al fuego, iré apuñalando a los espejos
         que han perdido su nombre
         buscando la cabeza de un hilo huérfano
         perdido en la punta de una linterna ciega.

         No me resigno a ser un molino cosido a una estrella.

         Abro los ojos y veo una bandada de pájaros que cojean
         saliendo del hocico de una campana.
         Los animales me dicen cosas en un lenguaje sonoro;
         como una enredadera nacida bajo las uñas
         se van plegando a una compuerta imprescindible
         hasta estrangular mi boca en una ventana
         que cuelga del techo de una florería.

II       Me alegra saber que hay cosas que han muerto
         dentro del pecho de una ballena.
         Tarde o temprano, le saldrá por la cola
         un millar de escaleras que irán a aplastar la altura
         que aguarda a la entrada de un volcán
         dormido en la piel del que siente y del que bebe
         de estas palabras, sin saber el hondor de su aventura.

         ¿Qué cielo habrá el 5 de octubre de 2075
         a eso de las cinco y treinta y dos de la madrugada
         entre la frontera de Düsseldorf y São João de Madeira?

         Eso lo pregunto mirándote a los ojos
         porque muchas veces he pensado escribir un libro
         empleando el tiempo futuro, yéndome en carroza
         de escalinata en escalinata por el pecho de una cuerda
         hasta llegar a la trompa que ahorcó a Moisés Cáceres
         en un ángulo de la avenue des gobelins.

         Joven, rey de una tarde, rey soñado
         que no entendió por qué habían tantas sillas en las veredas.
         Murió en el momento en que supe que mi nombre era
         Manuel, nacido en una terraza de España, llamado Giorgio
         en Toscana, Andreas en Grecia, Markus « el alemán »
         acusado de incendiar
         la irresistible cabeza de una conserje.

III      Aún tengo cosas amontonadas que susurran
         la desorganización de lo que debería ser un poema :
         voy a pintarte un cuadro de color azul y pelo negro
         en la puerta de tu casa, para que no olvides
         que si el color es un símbolo, la luz es la realidad.
         Anoche soñé que la Torre Eiffel se partia en dos ;
         Una mitad se alejaba aullando, doblada en sus aristas.
         Como queriendo perderle de vista, la boletería se paseaba
         con un volantín encumbrado desde la tierra
         hasta los vidrios preliminares de la luna.

         Levanté los brazos para alentar a un gentío sordo
         que celebraba la luz de las lámparas en África.
         Creía estar solo al borde de una playa de aguradiente,
         que las cabezas eran telescopios perdidos en otra piel.
         Tan lejana me soplaba la distancia
         que me fui soplando de silencio hasta llegar a la bóveda
         de una botella de champán, revuelta y sin memoria.
         La visión duró un segundo o acaso menos.
         Vino luego un trueno de sabor ingrávido
         diciéndome al oído que la más universal
         de las muertes comienza con la respiración
         y brota cada noche en la sombrilla del sueño.

IV      Entre mi cráneo y el futuro han levantado tantos muros
         como el viento empujando a los torbellinos a ahogarse
         en los campos geotérmicos del Tatío y del golfo de Vizcaya,
         allí donde la espada de un nenúfar se ha encabritado
         para impedir que ninguna línea recta
         perfore la almohada donde la galaxia reparte los affluentes
         de una película que por todas partes se propaga.

         A dos manos, gritando, he visto a una puerta
         chorreando rios de oraciones bajo el soplo de la noche.
         Así era yo hace treinta años, un nudo de señas ciegas
         después de un largo viaje a las entrañas.
         No hablo de la patria…mi admiración por todos es impertinente
         como el riesgo de la explosion de la suerte.
         Hay que vestirse siempre de claraboya y no olvidar ninguna de las calles
         que el ojo ha pegado en los huecos de la sombra.
         El grito espera en todas las esquinas.

         Ante tales misterios
         no quisiera irme de la calle San Nicolás
         sin hablar el francés como se hace en las fotografías.
         Voy a buscar un ruso, descendiente de una antigua familia
         del Imperio, para que me acompañe a escribir un proyecto absurdo
         que reinventará los océanos de la lengua.
         Vamos a rodar cuesta abajo como una naranja perversa ;
         nos habremos robado las líneas férreas.


titulo: Una camisa es la noche (une chemise est la nuit)
Versión en español. Publicación: Antologia IV Encuentro Internacional de poetas y escritores. Catamarca (Argentina), 2008.






I        El viento muere en la noche solitaria.
         Nadie lo sabe.

         El cielo huye, levantándose
         a orillas de las tumbas en éxtasis
         sobre el último filo de la lengua.

         Una palabra lejana se apodera de mí.

         En mis numerosos funerales voy cantando
         de piedra en piedra, doblemente transparente
         voy disolviéndome sin término
         en una imagen presentida.

         Me levanto de mi cuerpo.
         Salgo en busca de los círculos
         de tierra azul con que se configuró
         el lenguaje de los caballos que cantan
         en la orilla de un papel.

         Salto con el pantalón en llamas
         de sombra en sombra la caída
         tuerce mis huesos a dormirse al viento.

II       Soy la noche ebria que suda,
         soy la bestia del olvido y guardo en mi hocico
         la forma de un oxidado grito de muerte.

         Tengo aquí dentro un nudo de voces
         nacientes del recuerdo de aquí y allá
        
         Soy el avión con barbas de humo
         sobrevolando los surcos capilares del remolino
         que me castiga contemplando cada uno
         de mis nombres escondidos en el mundo.

         Como un hombre de tiza
         me disperso frente a un espejo
         y en mi pecho se emplaza una escala
         que resurgirá al otro lado de una pirámide
         redonda, en el tronco austral de un golfo
         dormido como una flecha,
         abierto a otras navajas de un filo circular.

         Un gran barco de bronce me rodea con su brazo
         desatando la máscara
         entre yo y el que creo ser.
         El agua brota, no sé por donde,
         Me vuelvo verdoso, espeso
         como una isla callada durmiendo entre dos mares.

III      He aquí lo difícil de convertirme en otros
         pues siendo multiples, les amo aún más
         reconociendo que en la mirada se pierde todo,
         como el color de un muro hambriento
         que algún día fue guardián de la sombra.

         Quisiera poder decir las cosas
         a traves de la piedra gastada
         por encima de aquellos altos muros de agua
         con que las ballenas antiguas recibían el fuego.
         Que al mirarme en el acero
         mi sombra-espejo resbale por la piel del día,
         más desnuda que el vino derramándose
         y el pan abriéndose a los labios de la tierra
         como una luz que no tiene sonido propio.

         Decir las cosas sobre una pausa suspendida,
         breve vértigo donde se abre una flor
         y así como del fondo de la escritura
         nacer y desembocar en la garganta
         donde los silencios enmudecen.

         Cierro los ojos. Veo televisores encendidos.
         Veo pasar una muralla de coches.
         Veo un millar de guantes grises sobre la hierba
         y el cuello de ciudades que fingen ser un tigre muerto
         naciendo a cada instante.

IV      A ratos, llevo la lengua cortada
         y como siguiendo su propia cabeza
         una llínea va tras de si misma
         cerrando los ojos, bebiendo el agua recien nacida.

         Como un día que se hace hombre
         de hora en hora, con un cuchillo
         la línea nombra por las calles de mi pierna
         una serie de insectos pálidos, con pelo suelto.

         En el amor, todos eran todos
         antes del lenguaje, antes de la mesa,
         de la ventana, del cohete, de la cruz,
         del baston, del traje de batalla, del rostro
         de un enfermero abandonado que brilla
         frente  a un perro mitad muerto y su aullido sarnoso.

V       El centro de la línea estaba inmóvil por el polvo
         que perfora la piedra, por el aceite que brota de los labios
         de otro viejo barco blindado
         que sangra mientras oye chocar y quebrarse
         los largos dientes de un hombre rabioso
         hecho real por el neón de la esquina
         que lo espía inventándole otro cuerpo.
         Sin cara, sin nombre
         con las luces de su frente encendidas
         antes de quemar agua de colonia
         Dios le habla en inglés :

         « Qué haré con las sucesivas voces
         que vienen a revolcarse en mi mano ?
         ¿Cuántas cabezas de monstruos marinos
habréis de trepar,
arrojando siglos a la sangre que muere
en la ola que se abrió sin forma,
apenas alta, como en la noche el musgo ? »  


titulo : Imagen presentida (Image pressentie)
Publicacion: Revue Voies d'encre, Num. 22, Bordeaux. 2007.






Dentro de la pantalla, la historia

cobra voluntad de refinería, objeto
y grandes escenarios,
donde la electrónica construye un reino
y el caballo de fuego
se destruye sobre el fondo de los ojos

!Escúchalo caer¡

Es un cometa de acero que sigue de largo ;
las estridencias de la herradura
que cae al mar son enormes,
incluso bajo el polvo,
donde las oscuras bocas vivientes
no conocen el rostro de la primavera

Cae a pedazos sobre las aguas
regando el salado campo con su cuerpo
que se estira doloroso
mordiendo los aceros.

Es una bestia que tiene miedo.

La procesion arrastra sus pies
hacia la hoguera nocturna
donde los templos de carne
son como una mano que sangra
por haberse volcado contra un cañón
en la hora precisa del sueño.

El temor lleva sus pasos
de golpe en golpe, la línea del mar
atraviesa sola
de la herradura se une el silencio
y luego en el abismo se divide

En algunas oportunidades
los huesos que naufragan
siguen siendo tan poderosos
que después de mutilados les crecen alas.

De herida en herida
se abrieron dos grandes molinos;
sangrante y solitario
el animal desmoronado

Sintió hambre por reventarse con el
oxidado corazón del cielo.

Alzando la cabeza
rompió los vidrios
que adornaban la prisión de los mares;
como lámpara de aceite
se planeó a la distancia y tras de sí
una estela de ruinas
fue la arquitectura del sacrificio.

!El animal había alcanzado
la independencia del vuelo¡

No necesitaba ya respirar
y sus pulmones cargados con petróleo 
escupían oscuras montañas de aceite
que caían sobre el techo de la Tierra
incendiando la pobreza y la inteligencia.

Al noreste de la atmósfera
un ejército de ángeles cobrizos
apuntó con dirección a la cúpula
desde donde provenían los relinchos;
tras ellos, un inmenso disco solar
presenciaba cauteloso
las riberas de su misteriosa fortuna.

Empapadas con espuma
los ojos del rocín
devoraron la velocidad
transfigurados en oscuro pozo
donde todos los ángeles serían ahogados.

!Solo se escuchará un llanto sobre la marea¡



Titulo : La caida

Publicacion : Antologia 100 poemas. Centenario Natalicio de Pablo Neruda.
Consejo comunal de cultura de Parral - Lom Ediciones, Santiago de Chile, 2004.












CARLES ALONSO DIAZ nació en 1978 en Santiago de Chile. Publicó "Episodios electrónicos" (2003) y "La voluntad del fragmento" (2004). En Francés ha publicado Les déferlantes nocturnes. Editions Abordo, Bordeaux, 2010 y Le fleuve à l'envers. Editions Abordo, 2013. Es doctorado en historia del arte. Trabaja en eso y escribe poesía. Vive en Bordeaux - Francia.





2 comentarios:

Juan Ignacio Soto Nauto dijo...

Que gran poeta, todo un orgullo, Carles es uno de los grandes, un verdadero ejemplo a los chilenos...

Paola Giulliano dijo...

Un grande! Por sus venas corre tinta y en su memoria profundas imágenes vivas