jueves, octubre 09, 2014

PARA MIRARSE A SÍ MISMO



Vino la fotografía a quitarme la idea de pintor frustrado que siempre he tenido. Soy de los que terminaron el colegio dibujando figuras humanas usando líneas rectas y rostros que no servían ni para asustar a un niño miedoso. La fotografía me devolvió la esperanza.

Una foto puede llegar a ser un cuadro de la vida. Un buen paisaje fotografiado, como un buen cuadro dibujado, se convierten en lugares de reposo para quien los observa. Es posible habitar por un momento esos lugares retratados con sólo mirarlos. 

Como todo arte, la fotografía tiene su misterio que, como todo misterio, requiere de un rito de iniciación: el revelado.

El desarrollo de la tecnología, que ha facilitado tanto la práctica del arte fotográfico, ha alejado a muchos de este misterio. Nos hemos adentrado en ella por la puerta grande del mundo digital. Pero el misterio sigue ahí, esperando. 

Me pregunto por qué no se enseña fotografía en las escuelas. Me respondo diciendo que, al ser una expresión artística, la fotografía requiere de abstracción, y la escuela, como toda forma de asimilación humana al mundo contemporáneo, requiere de atención. Claro que existe la fotografía publicitaria, que bien podría llamarse un arte, pero del engaño. O la fotografía de moda, que también podríamos considerar un arte, pero de la vanidad.

La tecnología, al abaratar los costos, facilita el acceso al mundo de la fotografía. Una cámara no deja de ser un medio, el arte está en la mirada de quien hace la foto. Si el arte es una forma de conocernos, practicar la fotografía es ahora mismo uno de los medios más sencillos y menos costosos para hacerlo.

Paisajes los hay por todos lados, incluso si no nos gustan, en la ciudad siempre encontraremos algo interesante que fotografiar, y si no, queda también la opción de componer un cuadro, ubicar elementos dentro de él y hacer una imagen de ello. 

Practicar la fotografía es una forma de mirarnos en una foto estando detrás de la cámara.


Un abrazo y hasta el domingo.




Fotos: Ronald Vega-Pezo










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