jueves, noviembre 13, 2014

CUENTO - HECHO HISTÓRICO - POEMA





EL CUENTO


Lo encontré revisando la antología Nuevo Cuento Latinoamericano, del crítico Julio Ortega, aparecida hace cinco años en españa. A pesar de la sugerencia del título, se me hizo difícil creer que hablaba de quien yo pensaba que hablaba. Leído el primer párrafo, lo confirmé: El cuento habla del poeta José Watanabe.

La escritora chilena, Andrea Jestanovic, autora del cuento titulado "El Ojo de Watanabe", narra el encuentro que tuvo con el poeta. En una parte del texto, incluye partes de una entevista que le hizo durante ese encuentro que se realizó un año antes de la muerte de quien en su momento fuera reconocido como Poeta Joven del Perú por su libro "Älbum de Familia". A pesar de los 18 años que trasncurrieron silenciosos hasta la aparición de su segundo libro, la voz de Watanabe se mantuvo vigente en el panorama literario peruano.

El cuento es un homenaje. La narración lo confirma y no es para menos. Una de las primeras cosas que leí de Watanbe fue una entrevista en la que ensaya una, para mí inolvidable, definición del poema: "Un poema es como una construcción ideada por un arquitecto. En ambos casos se busca crear espacios de vida. Escribir implica por eso, una mentalidad construccionista; implica generar áreas propias, autónomas, que persistan en la vida cotidiana." (Del libro: Tan Fragil Manjar, historias, libros y personajes. De Luis Eduardo García. Trujillo 2003)

El trabajo literario de Watanabe aparece en una época, los setentas, en la que se practicaba la poesía de choque. La época del movimiento Hora Zero en Lima. La voz de Watanabe tenía el sonido del correr de un manso río en medio de un incendio forestal. Sea tal vez por eso que sorprede saber que uno de sus poemas estuvo inspirado en una matanza. El siguiente texto es tomado del cuento de Jestanovic, aunque también puede encontrarse en la entrevista que la escritora chilena le hizo al poeta peruano: "Sí, es el único poema que alude explícitamente a la violencia. Ese poema lo escribí cuando el ejército asesinó a varios "terroristas" en Los Molinos, una comunidad campesina. En las fotos aparecían dispuestos los cuerpos inmóviles en fila sobre el piso y decidí ir hasta allá."


Portada de la antología de Julio Ortega




EL HECHO HISTÓRICO

Madrugada del 28 de abril de 1989. Los Molinos, cerca a la ciudad de Jauja, departamento de Junín, Perú. Más de cuarenta jóvenes guerrilleros, que se desplazaban hacia una zona de selva para incorporarse a la acción armada, son emboscados por cerca de 400 efectivos del ejército y de la marina. Ninguno quedó vivo. 

En Los Molinos, el ejército peruano cometió ejecuciones extrajudiciales. Los cuerpos presentaban disparos en la cabeza y el corazón. Muchos de ellos no fueron entregados a sus familiares. Testigos del hecho dijeron que muchos fueron asesinados luego de haberse rendido. Otros testigos del caso desaparecieron. La crueldad e insanía con la que mataron a estos jóvenes, representaba una política de estado frente a la subversión.

Hasta hoy no existe juzgamiento alguno por este caso. Tiempo después, en respuesta a la matanza, la organización armada asesinó al jefe militar del gobierno. Violencia que trae más violencia.


 Imagen de la matanza de Los Molinos. El presidente Alan García observa la escena.



EL POEMA

Watanabe tituló al poema "El Grito", en alusión al cuadro de Munch.



EL GRITO

Bajo el puente de Chosica el río se embalsa
y es de sangre,
pero la sangre no me es creída.
Los poetas hablan en lengua figurada, dicen.
Y yo porfío: No es el reflejo del cielo crepuscular, bermejo,
en el agua que hace de espejo.

Oyen el grito de la mujer
que contempla el río desde la baranda
pensando en las alegorías de Heráclito y Manrique
y que de pronto vio la sangre al natural fluyendo?
Ella es mujer verdadera. Por su flacura
no la sospechen metafísica.
Su flacura se debe a la fisiología de su grito:
Recoge sus carnes en su boca
y en el grito
las consume.
 

El viento del atardecer quiere arrancarle la cabeza,
miren cómo la defiende, cómo la sujeta
con sus manos
a sus hombros: Un gesto
finalmente optimista en su desesperación.
Viene gritando, gritando, desbordada gritando.
Ella no está restringida a la lengua figurada:
Hay matarifes
y no cielos bermejos, grita.
 

Yo escribo y mi estilo es mi represión. En el horror
sólo me permito este poema silencioso.





José Watanabe



1 comentario:

[killa*] dijo...

hace tiempo que he dejado la poesía, y se nota al leer esta pieza