martes, noviembre 18, 2014

LA MÚSICA...


"Porque yo soy, nave sin rumbo en altamar, que sueña con algún lugar, en donde pueda al fin vivir, en donde pueda al fin morir."
Yul.




Me parece que la música no se escucha, sino que uno se escucha a sí mismo a través de ella. 
  
Hay un momento para cada cosa, para vivirla. No toda música que se escucha se vive, y es cuando sucede esto último que se abren los sentidos. Entonces la melodía entra por todos lados y no se limita unicamente a los oídos. 

Es una suerte de posesión la que se experimenta. Cuando se puede sentir la fuerza, el color, la densidad o la temperatura de una canción, cuando ésta se convierte en una alfombra mágica que nos pasea por los cielos, y desde ahí podemos ver la vida misma, cuando pasa eso, entramos en conexión con fuerzas invisbles que despiertan sensaciones que antes no se conocían.

La vives, la conoces. 

Saberse de memoria nombres y fechas, que tal disco es de tal año o tal autor de tal país, no garantiza nada. Es como  con la literatura en el colegio, puedes encontrar estudiantes que conocen al derecho y al revés la vida de escritores pero jamás han vibrado con algún cuento o poema. La experiencia del encuentro con la obra produce una fusión con la misma. Sino ¿por qué existen esas canciones, en el caso de la música, a las que siemrpe volvemos ó de las que nunca partimos?

En las artes, todo es para todos.

Me sorprende como las buenas obras pueden superar largamente la vida de quien las hizo, incluso llegan a desaparecerlo. El autor que muere sepultado por su propia obra. O ¿No nos ha pasado que una canción nos gusta y podemos pasar mucho tiempo sin saber quién la compuso y sin que eso nos importe?

Y en el momento que descubrimos quien era, queremos saber más, no tanto de esta persona pero sí de lo que hizo, de su obra, entonces descubrimos en ella nuevos mundos que conservan la impronta de aquel que durante tanto tiempo nos deslumbró. 

Me ha pasado con Brahms. No sé quien es, nada conozco de su vida y por ahora carece de importancia. Pero, cuando la Danza Húngara No4 suena, el tiempo se detiene y la melodía entra por mis venas y cada momento es una historia distinta dentro de la misma historia: la historia de la vida.

Hoy es cumpleaños de un amigo con quien aprendí a escuchar la música, a comprenderla en su naturaliad, a sentir su vibración y compartirla. Con él, y con un par de buenos amigos más, aprendí el lado colectivo de la apreciación musical. Y, lo pienso ahora, tal vez Brahms apareció para recordarme que jamás se olvida a las personas, los hermanos con quienes se compartieron esos momentos iniciáticos, y que la amistad nacida de la música, crece y se desarrolla con ella. 





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