lunes, enero 06, 2014

LA PRIMERA BANDA



Escribe Julio Dalton



Por aquel entonces a nosotros, aún niños, nos era imposible salir a la calle y comprar un casette, a pesar de eso estábamos muy interesados en la música. Nos reuníamos en casa de mi amigo Juancito Villa por las tardes después del colegio. Algunas veces llegaba alguien más pero por lo general la banda éramos los dos. 

Yo tomaba la escoba roja como guitarra y Juancito, a quien llamábamos Juancho (por el lagarto) juntaba unas cajas del garaje y con unas cucharas se ponía a tocar.


"El lagarto Juancho"


Cuando su madre merodeaba hacíamos shalalás tipo Beatles (obviamente sin saber que los Beatles eran mucho más que eso), pero cuando la señora salía, siempre avisaba antes de salir Juancito estoy yendo donde tu tía Pilar ahorita regreso pórtense bien Nosotros pasábamos del inocuo repertorio televisivo  a los gritos e insultos contra nuestros profesores, sandeces que nos hacían llorar de la risa.

Poco tiempo después dimos nuestro primer recital para la mamá de Juancho y la tía Pilar. Ensayamos, Juancho eligió las mejores cajas que había en el garaje y yo le saqué brillo a la escoba roja. 

Ambas quedaron satisfechas, de haber sido empresarias musicales nos hubiesen hecho un jugoso contrato ahí mismo, pero eran la madre y la tía de mi amigo Juancho, ahí, entre riendo y llorando, quien sabe si de alegría o pena, o las dos cosas, hablando de comprarnos instrumentos para motivarnos aún más en la música.

Al tiempo la tía Pilar viajó a trabajar a España, pero ni el tiempo ni la distancia hizo que olvidara la novel banda rock de su sobrino y así fue como aquel verano del 86 Juancho y yo, con gran algarabía, abríamos el paquete con el casette que la buena tía nos había enviado. 

Después de leer la tarjeta que decía “para mis pequeños músicos”, quedamos sorprendidos; sorpresa que duró poco para convertirse en una suerte de espasmo ante los primeros sonidos que salieron cuando hicimos sonar el toca casette.


"Kortatu - 1985"


Esa primera canción nos hizo bailar de inmediato y la segunda también, y las cosas que decían, algunas, claro, eran incomprensibles, pero daba lo mismo, el ritmo era algo nuevo para nosotros: jamás habíamos escuchado ska.

Algunas frases nos entusiasmaban: “Mañana hará el tiempo que a mí me de la gana” (Don Vito y la revuelta en el frenopático) o “Uno se pasa años y años con la nariz metida entre los libros mientras el mundo se escapa frente a uno” (La Cultura), otras nos hacían estallar de la risa “Lo siento no lo puedo remediar tu cara de culo nunca pude aguantar” (Sospechosos) Solo muchos años después conocería lo que querían decir esas letras. Por ahora era todo diversión.

Todas las canciones eran bailables, Juancho y yo saltábamos de un lado a otro de alegría.

Tiempo después el mismo casette nos llevó varias veces al diccionario, aquel viejo Karten del 82 que tenía en mi casa y comencé a llevar a casa de Juancho cuando nos hacíamos las primeras preguntas sobre las letras de las canciones. 

Pero eso fue después, lo primero que hicimos durante muchos meses fue poner el casette a todo volumen, bailarlo y versionarlo escoba y cajas en mano, como un play back.

Fue el gran inicio.