sábado, febrero 01, 2014

DIARIO DE LOS SUBURBIOS – ELMER ARANA DESDE LOS MÁRGENES




GRITAR DESDE EL NAUFRAGIO – 

APUNTES SOBRE “DIARIO DE LOS 

SUBURBIOS”

Escribe: Ronald Vega



En una noche cualquiera y de forma casual, y no por eso menos contundente, Elmer Arana se encuentra cara a cara con el mundo marginal a fines de los noventa. Este hecho se complementa con su ir y venir entre la costa y la sierra durante su infancia, con su vida en una Huamanga de violencia urbana tras la guerra, con su trabajo docente. Fruto de todo esto publica, iniciando esta década, su libro “Diario de los suburbios”, un conjunto de poemas desgarrados y personales que giran en torno a la soledad y el desamor social; la rebeldía como reacción a una marginalidad avasallante puebla las páginas de este libro, pero también esa ternura tan propia –y honda a la vez- del que odia porque ama, la ira de quien sabe que le están robando la alegría.

El Ilustre mediocre, se hacía llamar este poeta –con el permiso de Ricardo Ríos- que apareció a finales de los noventa como ganador de un modesto concurso literario convocado por el programa radial Kontracorriente, dirigido por un grupo de voluntariosos jóvenes cuyas vidas coincidieron por aquellos años en la ciudad de Huamanga. Luego se licenció en educación y desde entonces no ha dejado la actividad docente –tampoco la literaria-, no solo en las aulas sino participando activamente en congresos y seminarios sobre el tema.

Volviendo al libro tenemos que decir que su inocencia es honesta. Al respecto, Arana parece confirmar las palabras del poeta cubano Eliseo Diego: “Uno no escribe así porque se lo propone, sino porque una oscura necesidad lo impulsa desde adentro”. Eso se nota, no estamos frente al discurso de alguien que ve las cosas desde fuera e intenta plasmar una sensibilidad que no le pertenece; alguien que desde la orilla observa el correr del río caudaloso y nos lo cuenta, aunque esa sensibilidad no deja de ser válida, siempre ha de carecer de la profundidad de quien nos habla –grita- desde el naufragio.

Y ahí es donde está Arana en este libro, en las aguas tormentosas del rio de la vida que atraviesa los meandros de una juventud desencantada. Si tomamos la definición de Rilke sobre la obra de arte, no podemos negar, después de leer “Diario de los suburbios”, que estamos frente a una. Rilke dice: “Una obra de arte es buena cuando ha nacido de una necesidad interior. La naturaleza de su origen es solo quien la juzga”.  Y es precisamente esa necesidad interior la que –aunque por momentos se desborde- impregna las páginas de este libro.

No es precisamente el lenguaje depurado la característica principal del libro. Arana se encuentra lejos de cualquier experimentación o vanguardia, aborda sus temas como dominando –aunque a veces se deje dominar- a un caballo salvaje que vive dentro de él. Lucha con sus demonios sumergiéndose en sus infiernos, desde donde emerge con ásperas imágenes que llevan consigo el sentir de ese otro mundo cuya existencia aprendemos a negar con profesionalismo.
Manuel Moreno Jimeno: “…la creación surge desde el interior del ser, por lo común inesperadamente, como el resultado de todas las cosas vividas”.




“LA VIOLENCIA SE HACE CADA VEZ 

MÁS NATURAL” - 

ENTREVISTA CON ELMER ARANA


Una entrevista de: Tristán De Mar.


"Elmer Arana"

El poema de apertura tiene este verso: “Si quieres saber de mi / deberías mirarte al espejo / luego de que la locura / te desvista sobre el pavimento”. ¿Quién es y de dónde viene Elmer Arana?

Yo nací en Ayacucho en los inicios de los 80. Mi padre es ayacuchano, aunque mis raíces maternas están en Chincha. He vivido dos vidas paralelas casi contrapuestas: entre la costa y la sierra, entre el mar y los cerros. Durante mi infancia y adolescencia en el tiempo que duraban las clases escolares residía en Ayacucho junto con mis padres. Vivíamos en la casa de mis abuelos paternos. De ellos aprendí el quechua, el gusto por el huayno. Entre los amigos del barrio aprendí a oír la música chicha. Acabado el colegio tuve la suerte de codirigir el grupo de Teatro de la IE “San Ramón”, aquí conocí a alumnos que provenían de familias disfuncionales. Muchos de ellos integraban pandillas juveniles. Era el año 1997. Las pandillas proliferaban en Ayacucho.

Años más tarde, cuando caminaba por la Vía Los Libertadores, de madrugada, me abordó un muchacho de pantalón jean, polo, camisa manga larga, una gorra y unas zapatillas deportivas. Tenía una botella de trago en la mano. Me invitó a brindar con él. Guiado por el  miedo le acepté. Me dijo que no me haría nada, que solo quería conversar con alguien. Se sentó y sacó un cuchillo que dejó descansar en el asfalto en señal de paz. Me senté a beber con él hasta el amanecer. Me contó que había salido de la cárcel, que su esposa y su hija lo detestaban: me contó toda su tragedia. Cuando se despidió me dijo: “Catalán, para servirte”. Luego descubrí que era un hombre respetado por las calles y las noches.

Después de mucho tiempo y recordando ese suceso escribí el poema “El hombre de las alturas” que es casi el génesis de “Diario de los suburbios”, luego “El escolar” y otros más. Entonces me propuse poetizar el mundo de las barriadas a través de la visión de un Yo poético marginal, habitado en los extramuros.

En uno de sus poemas dice: “En verdad Dios / fue un pendejo / te dejó la hostia / y se llevó el vino / prohibió la manzana / y te ofreció el hambre”. ¿En qué cree Elmer Arana y cual es su relación con la fe?

Einstein decía que el hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir. Qué dirían los hombres medievales de la tecnología  y la ciencia que nos sorprende y agobia en nuestros días: dirían que es obra de dios. Es decir, la ciencia aún es muy joven, tanto que muchos de los enigmas de la historia aún están por descubrirse. Estoy seguro que cuando el hombre abra la puerta que nos separa de Dios, encontrará a otro hombre. Siendo así no me queda más que creer en el propio hombre.

La fe en tanto ejercicio adscrito a una religión específica la tolero pero no la práctico. Los fundamentalismos religiosos han causado más muertes que las propias guerras expansionistas.

Cuando dice: “Mi país es un pueblo joven”, ¿Qué clase de visión del Perú está manifestando? ¿Cómo ve Elmer Arana el Perú de hoy? Reflexione sobre el país. (No me diga por favor: “De repente no me entiendas / tendrías que subir a mis cerros”)

El Perú como nación aún está en proceso de afirmarse. Somos un país lleno de brechas abiertas. La diversidad cultural, lingüística, étnica (de lo que, perogrullescamente nos ufanamos) en realidad ha ocasionado muchos desencuentros entre los propios peruanos. Todos quieren occidentalizarse. Los discursos interculturales dictados desde el escritorio no se asemejan ni remotamente a la realidad. El menosprecio por el ser distinto, por el otro, no ha superado los límites del empapelamiento. La escuela no educa en la tolerancia, en la aceptación del otro.

Cuando digo “Mi país es un pueblo joven” me estoy refiriendo a esa categoría de país fragmentado, aún adolescente que no ha podido aceptar sus diferencias.

¿Le cabe a usted alguna esperanza en el ser humano?

Si no creemos en el ser humano no habría entonces en quién. Somos seres duales gobernados por nuestros dioses y demonios, por nuestra imperfección. Sin embargo, hace falta recuperar la sensibilidad, la capacidad de asombro ante tanta tragedia. Es increíble pero la violencia se hace cada vez más natural, se la difunde sin mayor reparo por los medios de comunicación.

Un verso al final del libro dice: “No temo nada / porque nada tengo”. ¿Cómo entiende usted la libertad? Reflexione sobre este término.

Contextualizado dentro del poema, esa frase sintetiza un estado de resignación, de una libertad que no llega sino con la muerte.

Por otro lado, el antropólogo Manuel Jesús Granados en un estudio sobre la violencia política surgida en los 80, manifestaba que eran los grupos humanos más empobrecidos los potenciales sujetos en quienes una doctrina radical podría echar raíces. Si no tienes qué perder, ¿qué temor te impide buscar otros derroteros?

La libertad aún no la entiendo. Supongo que ha de ser unos esos tantos conceptos utópicos que no encuentran su correspondencia en la vida.




"Diario de los suburbios" - Elmer Arana - Editorial Pasacalle - 2010




TRES POEMAS DE “DIARIO DE LOS 

SUBURBIOS”

Selección de: Josefina Matta.





EL HOMBRE DE LAS ALTURAS

Vivo aquí, en las alturas,
cubierto de silencio y arenal.

Mis días son un vaivén
de vidas, de caminos
de papas fritas y orfandad.

Mi casa es un retazo
triplay, polilla, basural.
Vacía,
como una olla sin arroz al medio día.

Abajo habitan los otros,
con sus luces de neón,
sus cementos pulidos
y trajes que no conocen de esta arena,
ni de esta niebla que me asfixia.

El sol es un perro cancerbero
que me ahuyenta de los llanos.
Sus llamas chispean y alumbran mis costras
y mi olor a trago barato.

Mas en las noches soy el rey.
Mi imperio descansa entre la niebla.
Y entonces desciendo al llano.

Soy un guerrero mítico:
mis cuchillos cortan el viento y la espesura.
Las damas gritan y huyen azoradas
buscando la luz.

Arrebato los sueños,
destrozo amantes,
arruino paseos,
destruyo risas y lunas.

Nada puede detenerme
cuando la noche me vomita a las avenidas
como animal prehistórico.
Nada puede mutilarme
cuando invado el pavimento,
cuando me lanzo por unos soles
que tintinean buscándome.

El cuchillo danza ondulante,
mientras Chacalón me dice
que vuelva a ser como ayer
y yo prefiero el instante.

Entonces el sol, enemigo de los sueños,
vuelve a anularme,
a desvestirme en el asfalto
y no tengo mas remedio que regresar,
volver a mis cerros,
a esconderme en la neblina
con el maíz sobre mis hombros,
vasto para alimentar un día en las alturas.

De repente no me entiendas.
Tendrías que subir a mis cerros.
Entonces hablaremos
bajo el gobierno de un calentadito
y una chicha que resuena
como navaja sobre el asfalto.


ESTANCIA EN LA OTRA ORILLA

Vengo de un lugar lejano
donde la niebla huele a humo de tabaco
y el sol se viste de fuelle extraño.

En mi comarca la luz es un castigo;
la noche, una bendición.
Aquí los niños juegan con palas y picos;
juegan a triciclos que venden pan.
Aquí la mayoría de edad
Se alcanza a los cinco.

Nuestra vida es tan vertiginosa
que la infancia
apenas nos dura el primer llanto,
luego nos descubrimos púberes
y nuestros primeros pasos
buscan los filones estrellados de espanto.

Nuestra ciudad
es una hilera de avenidas polvorientas,
llenas de orín,
de pájaros inciertos.

El sol desconfía de nuestros suelos.
La lluvia nos aborrece;
nos da largos chaparrones a veces
que nos desnudan de todo
en una pampa polvorienta
que de tanta agua nos despoja el cuerpo.

Mi país es un pueblo joven.
Las leyes duermen
en la cáscara de una avenida.
El triplay es nuestro producto bandera.
Y el agua de acequia la bebida oficial.

En mi ciudad los linderos están demarcados.
Para entrar en él
deberás tener la altura de los collados:
tener mucha hambre,
y llevar una pena enfundada en los puños.


FUNERALES

No merezco nada.

Ya he muerto.
Sin funerales,
sin viuda,
sin responso.

No temo nada
porque nada tengo.

El dolor ha muerto.

Te susurro desde aquí,
En el fuego donde me incendio.



Texto: Ronald Vega / Entrevista: Tristán de Mar / Selección de imágenes: Julio Dalton / Corrección y selección de poemas: Josefina Matta.
Más informaciòn sobre Elmer Arana en Voz Urgente (Enetrevista realizada por Julio Dalton en el año 2012):  http://vozurgente.blogspot.com/2012/01/entrevista-con-elmer-arana.html