jueves, mayo 01, 2014

EL CANTAUTOR







...da por terminada su presentación cuarenta y cinco minutos despues de haber comenzado. De todo este tiempo, han sido treinta minutos hablando al público y lo demás se fue con unas tres o cuatro canciones cortas y facilonas.

Al llegar a casa encuentra la mesa servida; luego de comer, cansado por el trabajo, va a su habitación para dormir, mañana tiene otra presentación.

Arrodillado a un costado de la cama, frente a un crucifijo que cuelga de la pared y dando la espalda a la ventana de su cuarto, el cantautor habla al crucifijo: gracias Señor por las bendiciones que me das, por darme este trabajo, por permitirme hacer que las personas que van a mis presentaciones se diviertan, se rían, gracias por darme la oportunidad de expresar mi sensibilidad a través de la música y poder despertar algo de conciencia en la gente...

-¡Mientes! –Dijo una voz tras de él. El cantautor, que no pasa los treinta años, sintió un chorro de agua helada cayéndole desde la nuca hasta pasar la frontera entre su espalda y lo que sigue de ella. No se decidía a voltear, estaba paralizado, la voz venía de la ventana pero todavía tenía la esperanza de que se tratara de una mala pasada producto del estrés de su trabajo. La voz volvió a sonar, más enérgica que la primera vez:

-¡Tú mientes! –No tenía dudas, alguien le estaba hablando, la cosa era con él. El cantautor metió la cabeza entre los brazos y comenzó a temblar de pánico sin decidirse a voltear. Lloraba. De su boca temblorosa salió una voz entrecortada para decir: padre nuestro que estas en los cielos santificado sea tu nombre...

-¡CÁLLATE! –Volvió a gritar la voz. Cuando sacó la cabeza de entre sus brazos estaba ahí. Frente a él, parado bajo el crucifijo, brazos cruzados y cara de pocos amigos, Dios mismo observaba al cantautor temblar y llorar mientras intentaba balbucear palabra.


Lo primero que pensó el cantautor cuando el miedo comenzaba a abandonarlo, fue que Dios en persona había venido para dictarle la letra de una próxima canción (esta será un hit de todas maneras) o para inspirarlo en su trabajo. Pero como Dios es capaz de conocer los pensamientos de las personas -y con mayor razon los de alguien que está a menos de un metro de él-, sin perder el tono de invectiva le dijo:

- La estupidez crece con el ego y la tuya comienza a rebasar los límites. Estas inclinando la balanza y eso no es bueno para nadie. De buena gana te mandaría ahora mismo al infierno pero el diablo ha enviado un comunicado diciendo que su cupo para imbéciles ha sido copado.

En medio de su asombro, el cantautor miraba con algo de resentimiento; jamás le habían hablado así, estaba más acostumbrado a aplausos y elogios que a críticas y agresiones, pero viniendo de Dios no podía sino agachar la cabeza, total, Dios es la verdad. Y la verdad, continuó hablando:

- Acabo de escuchar tres de tus canciones y supe que tenía que venir a verte personalmente. No puede ser que te llames cantautor, ¿Cómo es posible que pretendas ponerte al nivel de gente como Pablo Milanes o Silvio Rodríguez? ¡Una sola frase de Silvio vale más que todo lo que puedas escribir en tu vida!

La convicción con la que Dios dijo esta frase, llevó al cantautor a pensar que en verdad se trataba de algun viejo ex guerrillero cubano que se estaba haciendo pasar por el creador de todas las cosas, pero Dios, como siempre, escuchó el pensamiento y le dijo:

- Tu soberbia no tiene límites, muchacho, pero no es ese el problema, el problema es que nisquiera tiene fundamento. Hablas de la vida sin haber vivido más que para tu ego, incluso has llegado a hablar mal de mí en algunas de tus presentaciones; y lo peor es que hay gente que te sigue y no solo como público sino como ejemplo, quieren parecerse a ti y en tu caso eso es mucho peor que tener hijos. ¿No ves que ya tenemos demasiada idiotez en el mundo? ¡Basta con uno solo, no hace falta más Arjonas!

En ese momento el cantautor, con algo de indignación, se atrevió a responder y en su defensa dijo:

- Pero Dios, yo hablo de cosas importantes, del maltrato contra los animales por ejemplo, tengo mi canción contra las corridas de toros, ademas el gran ídolo de los cantautores del país ha dicho que es una de las canciones más preciosas con relacion al tema y que soy uno de los mejores cantautores del momento.

El buen Dios, en su infinita misericordia, disimuló una carcajada y dijo:

- Por favor, no me hagas reír, bien sabes que lo tuyo es oportunismo, hablas de eso con frases manidas para ganar público y billete, no para combatir nada. Además Moris ya lo dijo todo. El otro solo combate su propia soledad. No intentes justificarte con cosas elevadas o altruistas, lo único que te justifica es la decadencia de la especie. Que claro, es culpa mía.

En ese momento el cantautor sintió que el sueño lo vencía; antes de dormirse logró escuchar la voz que le decía: pero te voy a dar un segunda oportunidad...

Al día siguiente, rumbo a su presentación en una academia pre universitaria, guitarra al hombro el cantautor pensaba en la aparición de la noche anterior. Ya en el auditorio y frente a su público (cientos de jovenzuelos pseudo hipsters) que lo ovacionaba esperando que comenzara, el cantautor empezó a temblar, segundos después dejó caer la guitarra al suelo, miró por última vez al público y salió corriendo a la calle.

Lo primero que pensó afuera fue buscar una juguería abierta para meter sus manos en la licuadora; después quiso llegar a algún puente y aventarse desde ahí al río, pero en un arranque de lucidez (tal vez el único en su vida) pensó en la contaminación del planeta y desistió.

Luego de correr sin destino por varios minutos, se detuvo en una esquina frente a un kiosko de periódicos. Suspiró resignado, compró uno, lo abrió en la página de ofertas de trabajo y regresó a casa.  









Una historia de: Tristán De Mar.