viernes, mayo 02, 2014

CONTRA EL TRABAJO






Por lo general llamamos trabajo a cualquier actividad que cumpla dos condiciones indispensables : ser hecha por obligación y para conseguir dinero. Pocas actividades que no reúnan estas condiciones en el mundo actual pueden ser consideradas trabajo.

Vemos por las mañanas los autobuses repletos de trabajadores/as, algunos repuestos por el sueño, una ducha y el desayuno, otros, a pesar de todo eso, aún somnolientos. Por las noches todos hemos visto un panorama similar, muchos por ser parte de ello no lo hemos visto en su real crudeza, este es un panorama aterrador. Una escena dramática: Buses repletos de gentes adormiladas, con la cabeza pegada a las lunas del micro, boquiabiertos, babeando, profundamente dormidos, cansados. Muertos.

Al día siguiente volver a empezar.

¿Es eso lo que celebramos? ¿En medio de todo eso hay que dar las gracias? Por cada trabajador, por el esfuerzo que hace, detrás de ellos hay alguien que haciendo menos esfuerzo gana diez, veinte, cuarenta, cincuenta veces más que ese trabajador. Esa persona en treinta años habrá logrado, con el esfuerzo de ese trabajador, multiplicar por miles sus ingresos.

Nuestros barrios son aldeas de esclavos. Es doloroso pero es verdad. Nos movemos de la periferia al centro para “trabajar”, de la misma manera en que los esclavos se movían desde sus barracas hasta los campos de cultivo para cumplir con su jornada. Y como en aquellos tiempos, los patrones viven en lujosas mansiones a las cuales los esclavos no entran (salvo como servidumbre), no tienen acceso. Para ellos las barracas antes, las barriadas ahora.

El estado es cómplice, es culpable. El estado cumple la función de mantener esa relación. Cualquier estado hace lo mismo, cualquier estado se sustenta sobre el trabajo, o lo que se llama trabajo pero que en verdad es una forma de esclavitud y explotación. ¿Es posible vivir de la vida de los demás? Es posible y así lo hacemos, somos la única especie en el planeta que está organizada bajo la explotación de sí misma para beneficio de unos pocos, esa forma es llamada trabajo.

Es falso que, como dice la constitución (esa honorable mentira) el trabajo dignifique. ¿Acaso es digna una persona que regresa a casa molida, babeando en un micro? ¿Es digna una persona que tuvo que cancelar sus sueños por trabajar en algo que jamás ha querido? ¿Es digna una persona que se pasa treinta años haciendo lo mismo, todos los días, enriqueciendo a otro que vive de ese trabajo? ¿Es digno que alguien trabaje doce horas al día por el sueldo mínimo? ¿Es digno que los que trabajen bajo este sistema sean siempre los mismos? El grueso de “trabajadores” se mueven de la periferia al centro y no al revés. ¿QUIENES SON LOS QUE TRABAJAN Y PARA QUIENES?

Nosotros cuestionamos el trabajo cuando es una obligación. Al principito el trabajo era una fiesta, una ceremonia. Ahora hemos hecho de él un suplicio, una agonía, hemos convertido el trabajo en muerte, en explotación, en aprovechamiento de los demás.

El trabajo es la piedra angular de esta sociedad. El trabajo es la raíz del problema. La sociedad basada en el trabajo no solo explota al hombre sino que devasta el planeta. El trabajo es contrario a la libertad. Los puestos de trabajo son cárceles y los patrones carceleros y los que están encima de ellos son los dueños de las cárceles y nosotros, ya sabemos lo que nos toca. Con lo que tu trabajo produce hay alguien que gana muchísimo más, el patrón no te quiere, finge quererte mientras produzcas ganancias para él, mientras le seas útil, cuando esto no sea así te botará como a un perro. La organización del trabajo es vertical y nosotros estamos en la base. El trabajo es una maldición, es la máxima representación de la vileza humana.

Que cada persona elija libremente su trabajo,  que tengamos la posibilidad de desarrollarnos en aquello que nos demande el espíritu, que cada persona disfrute de su trabajo, que el trabajo no mate, que el trabajo genere vida y no muerte, que el trabajo sea libertad QUE NADIE CONTRATE A NADIE, que cada uno se desarrolle según su vocación sin tener que resignarse a ser lo que puede ser porque no pudo ser lo que quiso ser. Que todos podamos ser lo que queremos, que nadie trabaje por obligación en algo que no quiere porque eso es engordar a gente que no trabaja, a gente que siempre quiere mas, a gente hambrienta de dinero. Que cada uno sea dueño de su propio destino en el mundo; QUE NO TENGAMOS QUE COMPRARNOS Y VENDERNOS CUAL MERCANCIAS, que alguna vez se acabe esto, que se destruya el trabajo y sobre eso se construya un mundo donde la libertad real sea quien guíe la organización de la sociedad.










Colectivo Voz Urgente
Josefina Matta - Ronald Vega - Julio Dalton - Tristan De Mar. 
Mayo 2014