martes, noviembre 04, 2014

SANDERS




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Los jueves por la noche, después del trabajo, Miguel y yo cenábamos en su casa y escuchábamos música. Fue en una de esas noches cuando lo escuché por primera vez, sin saber que no lo olvidaría jamás y que varios años después tendria entre manos un disco suyo.

El numero 93 de la Revista de Occidente, aparecido en febrero de 1989, está dedicado al Jazz. Incluye un artículo de Antonio Muñoz Molina titulado "El Jazz y la ficción", en el que el escritor español dice: “...para tocar o escribir en estado de inocencia es necesario saber mucho, y nadie se pierde en gozo en la libertad si previamente no se disciplinó hasta el límite, y el visible desorden no es nada si no está regido por un orden secreto”.

Y fue ese gozo en la libertad, que expresaba el saxo de Sanders aquella noche, lo que jamas olvidaría.

Hace años que no he vuelto a ver a Miguel, pero ahora mismo es como si volviéramos a estar juntos en la casa donde vivía en esos años –recuerdo esa noche como si hubiese sido ayer-, y me estuviera hablando, tal vez sintiéndose obligado a dar una explicación ante mi asombro, sobre la música de Pharaoa Sanders.

En la portada del disco aparece un hombre –intuyo Sanders- en posicion de meditación, con los brazos estirados a los costados. Eso por fuera, dentro es un universo ilimitado de sonido, sesion de espiritismo que avanza intensa desde el fondo de la tierra. La vibración que Sanders produce en este disco puede incluso generar presencias invisbles alrededor de quien lo escucha. Es música para despertar espíritus.

Catarsis.
Excorcismo.
Liberación.

La tapa del disco dice que aparecio en 1969 bautizado “Karma” y conteniendo dos canciones: “El creador tiene un plan maestro” 32:45 y “Colores” 5:37

No estoy seguro si fue Karma el disco que escuché aquella primera vez, pero de lo que sí estoy seguro es que la intensidad producida es la misma e incluso mayor. El saxo de Sanders se eleva sobre los demás instrumentos, cobrando vida propia sin desligarse del conjunto, moviéndose de un lado a otro en plena libertad, como si gritara desde el fondo de un ser violento, para luego volver a la suavidad. La música en este disco es ritual, orquestacion tribal en clave de Jazz. Y Pharoah es el maestro celebrador, voz y gritos extáticos. Poseído por su propia música, lanza la sentencia: “The creator has a master plan – peace and happiness for every man”.

De este disco se sale como de un largo sueño, que tuvo también algo de pesadilla.