sábado, diciembre 12, 2015

Y NO TE OLVIDES NUNCA QUE...


Víctima de soledad, 
víctima de un mal extraño
mi corazón se ha partido en dos...

¿Quién te ha visto y quién te ve? 
Quién te ama te hace daño...
Mi corazón se ha partido en dos... 

Veo esa sangre en la pared 
y no veo mi ser 
algo va a caer... 


Veo mi sombra y ya no sé 
ya no sé qué hacer 
algo va a caer... 

Víctima de libertad,
víctima de un sol extraño 
mi corazón se ha partido en dos 


Cuando todos van a ver 
cuando va a nacer 
todo va a caer... 


Tengo que salir y volver 
desaparecer 
y alguien va a caer... 

Víctima de libertad, 
víctima de soledad...




sábado, noviembre 21, 2015

HOMENAJEDIL




A Don Juancito Vásquez


Lo recuerdo bien, fue hace ocho años. Jugábamos el último partido. No había sido un buen año aquel 2007, pero como siempre estábamos dispuestos a acompañar hasta el final. Los rumores se confirmaron cuando el equipo salió a la cancha. Caras nuevas. Ante el retraso en los pagos, el primer equipo decidió no jugar ese partido y el equipo B tuvo que salir a dar la cara. Inolvidable desastre económico el de aquella directiva. Pero ahí estábamos, todos, alentando como siempre los noventa minutos. Habíamos ido para la despedida, todos los ahí presentes lo sabíamos. De los once que vistieron la franja roja en el pecho aquella tarde, pocos pasaban los veinticinco años. Perdieron cinco a cero, pero ahí estábamos todos, alentándolos como si se estuvieran jugando una final, pero lo que ese partido significó fue el incio de una larga noche que en ese momento nadie podía saber hasta cuando duraría. Esa tarde vi gente llorar a mi alrededor, y en medio de los abrazos comprendí el amor por un club y mi propio llanto. Era una despedida. Terminado el partido, los jóvenes jugadores se acercaron a la tribuna para levantar los brazos y recibir el aplauso de ese público incondicional que sigue a la franja a todos lados. Y entre lágrimas muchos aplaudíamos. Escuché a algunos hombres mayores lamentarse, en medio de los abrazos, al saber que no vivrían para ver a la franja volver. Y en esos siete largos años que esa noche duró, muchos de ellos tuvieron que partir confirmando sus lamentos de aquella tarde; pero otros de ellos quedaron y junto a ellos todos los que en esos siete años estuvimos presentes, como ellos lo estuvieron antes, en los peores momentos del Deportivo Municipal. Los que vivimos la neblina en el estadio de miraflores por los partidos de la liga distrital, el aguante durante la liga metropolitana, las cátedras de aliento en la copa perú, los viajes de la segunda división hasta llegar al ansiado regreso, todos nosotros llevamos y llevaremos siempre en nuestra memoria, la sonrisa y el aliento de tantas y tantos hinchas de nuestro amado club, cuyo ejemplo de vida y aliento ha forjado lo que ahora somos. 

Mañana, ocho años después, jugamos nuestro último partido del año contra el mismo equipo. Pero las cosas han cambiado y mucho. Gracias al buen manejo económico y administrativo de la directiva, al apoyo de socios e hinchas, el muni puede llegar a jugar, después de décadas, un torneo internacional. Hace ocho años eso era un sueño, cuánta gente hemos visto burlarse de nuestra fe, reirse de nuestra esperanza, y aquí estamos, con la fe y la esperanza intactas y fortalecidas. No hay que olvidar de dónde venimos para saber bien a dónde queremos llegar. Siete años ha costado levantarnos y ahora nos jugamos la posibilidad de un torneo internacional en nuestra casa, el estadio pintado por los propios hinchas, la casa de esta gran familia de la que estamos orgullosos de pertenecer. Y pudimos haber llegado más lejos este año, es necesario decirlo, pero no sabíamos hasta qué punto la corrupción había permeado el fútbol peruano y nos encontramos con que la mafia era siempre el peor rival a a vencer. Pero así aprendemos, todos. El muni es un ejemplo de vida y en todos estos años ha quedado demostrado.

Termina el año de nuestro retorno y hemos callado muchas bocas que a principios de año decían que pelearíamos la baja; pero aquí estamos, más fuertes que nunca y con la convicción y humildad de siempre, con la franja roja cruzándonos el pecho, dispuesto a alentar, a vivir como hinchas del deportivo municipal, tal como lo aprendimos de equellos que hicieron de su vida un ejemplo para todos los que amamos esa camiseta.

!Echa Muni - Eres (y seras por siempre) mi alegria!


martes, noviembre 17, 2015

VERGUENZA TORERA - ROSENDO




Albero rendido al sol, eterno folletín
Podemos decir que no, pero va a ser que sí

Vergüenza Torera

Montan la barraca y venga tiroriro
Y toma traca y daca y luego yo no he sido, ¡claro!

Faena sin asumir por uno y otro lao
Que vamos a discutir siempre a toro pasao

Vergüenza Torera

Montan la barraca y venga tiroriro
Y toma traca y daca y luego yo no he sido

Es evidente, mienten

Continuamente mienten

Es evidente, mienten

Continuamente mienten

Aunque revienten

Montan la barraca y venga tiroriro
Y toma traca y daca y luego yo no he sido

Qué pena, qué frustración, qué triste porvenir
Serena desilusión, ¡qué mierda de país!

Es evidente, mienten

Continuamente mienten

Aunque revienten, mienten, mienten.




martes, noviembre 03, 2015

JORGE TEILLIER - BOTELLA AL MAR





Y tú quieres oír, tú quieres entender.
 

Y yo te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes.
 

Lo que escribo no es para tí, ni para mí, ni para los

iniciados.
 

Es para la niña que nadie saca a bailar,

es para los hermanos que afrontan la borrachera
 

y a quienes desdeñan los que se creen santos,

profetas o poderosos.

Jorge Teillier (Chile, 1935-1996) del libro Cartas para reinas de otras primaveras. 1985

sábado, octubre 31, 2015

VISPERA DE TODOS LOS SANTOS...



Era un día como otro
cualquiera... ni negro ni blanco
no sé si era largo o corto
pues como todos empezó acabando.
Una jornada de un siglo remoto
perdí ya la cuenta han pasado tantos
al que llegué poco a poco...

Era cuando la edad vencida
dice: ¿donde vas pobre loco?,
abrazando causas perdidas,
mujeres perdidas... corazones rotos
El primero o el último día
da igual quedan solo unos cuantos
Dios se cansó de dar cuerda a mi vida...

Era un tiempo de horas homicidas
tu no te enteras... ellas trabajando
el reloj tic-tac causa heridas
mientras la vida te va suicidando.
Fue cuando tras cada esquina
otra vuelta de tuerca sigue apretando
besas en la boca a la agonía...

Todos los años puestos en fila
piden cuentas y tú recordando
como has perdido lo que querías
o sin saber te lo fueron robando.
Solo dios conoce el último día
la ultima hora. Sonríe callando
el último número de la lista...

Para escuchar esta canción
el mejor lugar el infierno
naces solo. Mueres solo
no te engañes solo vas viviendo...

Llegó por fin el mejor día
martes trece o viernes santo
los perros me hacen compañía
ladran cuando estoy llorando.
Es cuando muerto de envidia
miras al mundo pasar paseando
los caminos son navajas frías...

Noches y noches perdidas
cientos de horas volando
llega la señal de la partida
caigo y aún me voy levantando.
Apoyado en la ruina
la compañera que me va quedando
rechazan tu mano tendida...

Las palabras entre rejas
otra vez el papel en blanco
calla, obedece, de qué te quejas
unos mintiendo otros soñando.
Cuando ves la tarjeta amarilla
¿que haces? empujas o sigues tirando
las ilusiones hechas astillas...

Era quizás el último día
sin noche... cuando unos cuantos
se van con la mayoría
y sin votar terminan ganando.
Furiosa la muerte hace signos
cerca muy cerca me va llamando
me voy como se cierra un libro

!VISPERA DE TODOS LOS SANTOS!

Para escuchar esta canción
el mejor lugar el infierno
naces solo. Mueres solo
no te engañes solo vas viviendo...

Allí estaremos juntos
día de fieles difuntos...



sábado, octubre 03, 2015

martes, septiembre 15, 2015

TAREA

Lea el siguiente poema (recomendamos hacerlo en voz alta) y escriba luego sus impresiones al respecto.



POEMA CANINO Y TRUNCO


Lo mejor de estos trescientos años ha sido mi perro.
Pluto como el dueño que ahora camina embalsamadoo no camina o
Vuela.
Lo demás es campo de girasoles recortado a ras por el abismo.
Criaderos virtuales con todos dentro.
Neonatos, mortinatos, capullos, fugitivos, fariseos, sibilinas.
Lo demás es fármacos sabor a piedra caliza, sexo en burbujas o
pavesa.
Trenes a distancia entre la cama y el néant que es el país de los
funámbulos.
Y los dos plutos viajando a pie, o a cuatro patas buscando el hueso
sacro.

Igual que en carnaval do Río pasábamos contemplando
cómo el tiempo desfilaba meneando sus caderas
más que de sur a norte de arriba para abajo
llevando en sus vagones gente contenta al matadero.

¿Por qué gusta tanto el holocausto? me preguntaba Pluto, como niño
de zapatos rotos a su bisabuelo sordo.

Era un perro insomne hasta en el día, hasta en la lluvia, hasta en la
guerra humana. Y cuando dormía gimoteaba, tratando de sacar las
patas de su matorral genealógico: una jauría huyendo del cielo a ras
del suelo, atados entre todos como una telaraña, más por espanto que
por amor al incesto.

En ocasiones aullaba con el hocico apuntando a Dios.
Qué te ocurre, estás acongojado o tienes miedo, le preguntaba.
No pasa nada, socio, me contestaba, siga bebiendo que es cosa mía.
O me explicaba sin escatimar pormenores, que el hocico era suyo
pero los aullidos de Dios.

Tanta miseria veíamos que después ya no veíamos nada.
Que más bien al compás de los otros, Pluto mi perro y yo, su amo
Pluto, terminábamos bailando, perjurando, teniendo prole, por poco
destino.

Ocasiones había en que la belleza como un rayo se clavaba delante
nuestro.
Allí, a sus piesnos enmadejábamos para disfrutarla hasta el fin de
los tiempos,
que no duraban mucho,
aunque sí lo suficiente para quemarnos los labios, perder inocencias,
gastar esa fruta del corazón.
Nada más glacial que ver el estertor de la belleza, fisurándose
como un huevo prehistórico y el pavoroso insecto que ella larva,
devorándola
y de paso devorando la bondad del mundo.

Qué esperas para colocar el rabo entre las piernas, me ladraba Pluto
y me ayudaba a recoger el alma con su hocico sucio.
O yo le ladraba para desentumirlo, para que enrollara su lengua,
para sacarlo del amor.
Los dos, perro y amo, pluto y pluto, hundidos los pies, par de
marineros sin dueño, bailando hasta comer tierra.

Por lo demás la vida era un puerto miserable con el agua aceitosa,
un largo enredo de barcas y esqueletos con la cara al cielo
y al fondo a mano izquierda el umbral de un puterío.

Ocasiones había en que los dos éramos un solo perro heróico sin
hambre, sin calores, penetrando en el campo de batalla. O una horda
de santos capaces de todo, hasta de crucificarnos uno al otro para
cumplir con la profecía que nos colgaba entre las piernas. O una
bandada de pájaros malvados buscando serpientes por los pasadizos.

Había noches de luna rota como paraguas en tormenta y estrellas
alocadas muriendo o reventando.
Noches en las que hombro a hombro ladrábamos por las calles y nos
poníamos a cantar y a llorar y a raspar la tierra quemada o las tres
cosas al mismo tiempo aunque nos salpicara sangre.

La gente muere como moscas, me decía mi perro rascándose la
panza y viendo al mismo tiempo el sufrimiento de las otras especies
callejeras, empezando por la humana.
No te olvides que hemos hecho un pacto con la incertidumbre, le
decía rascándome la panza y a oscuras leyendo cartas de amor.

Plis, no me cuentes cómo acaba la historia, me pedía Pluto.
Pero yo, infame y ebrio, todo un pirata en altamar, se la contaba con
detalles,
a voz en cuello, la camisa abierta, moviendo como rueca las
mandíbulas y con el placer gourmet que es morder un carnoso peroné.

Cómo nos dolía el pecho en ciertos puertos donde el mar ya no era
mar sino una gelatina donde surfeaban ratas y los pescadores ya
muertos seguían sentados con la caña encorvadaen la suciedad del
aire.
Cómo nos dolía la música coagulada en el dorado polvo de los
burdeles en donde Pluto, mientras yo dormía con la nariz pegada a
los maternos pubis de las putas, lamía las bragas tiradas en el piso o
mis botas de guerra o sus atávicas pulgas.

¿Si me muero te morirás conmigo? me preguntaba Pluto.
Yo lo besaba en el hocico porque nuevamente me regalaba el
título para el largometraje sobre un perro poeta que se inventó un
fantasma.
Crees que somos buenos, me preguntaba Pluto como si un eunuco
preguntara a su padre asesino, mientras yo afilaba el cuchillo en el
borde mojado de la acera.

Crees que hay salida, me preguntaba Pluto como si lanzara lo más
lejos posible el palo mojado de baba con el que yo volvía para que él
nuevamente lo lanzara.

Ay, Pluto, mi perro puto, mi perro que en tantas ocasiones fue mi amo

Años había, delgados como lámina, como cortina de aceite,
en que los dos éramos un hermafrodita sin espejo
y otros años en que uno de los dos estaba solo y el otro era su sombra
o viceversa la sombra estaba sola y el otro caminaba
como si hubiera venido al mundo sin amo o sin perro.

Ah, Europa, bajo las pezuñas de los dos Plutos gozosos,
ese mar de cristal y mármol invadido de naves religiosas y tesoros,
geriátrico donde se fabrican calaveras con dentaduras de oro
y los monumentos siguen teniendo frutos y gusanos hasta en el olvido.

Allí nos perdimos los dos perros, cada cual con su libreto.

Pluto nunca contaría su gótica historia de perro vagabundo en
tiempos de guerra fría hasta los huesos.

En cambio yo, aquí estoy, con el cuerpo lleno de tatuajes, perlas de
eter,
la lengua dividida en dos por asunto de misas negras
y el corazón convertido en esponja a causa de mi vida anfibia
a causa de seguir buscando el animal celeste de Isadora.

Habráse visto perro más perro más halcón más murciélago
más asesino y jonki alado que yo el ángel de la gasolina
viviendo hasta la miseria el amor bajo las arcas de austria
muriendo hasta la gloria fecal en el pantano de Isadora la reina de la
muerte.
Isadora la esqueleta con la boca sellada.
La sirena de humo con luzbello tatuado en el toórax y doble piercing
clitoriano para que no circule por allí ninguna lengua de imán.
Isadora la virgen que se hizo perra que se hizo polvo, jeringa, poupée
gótica que terminó como una simple y tonta muerta.
La Isadora del cuento inescrito. La mujer del poema que no se puede
escribir. La musa casi risueña que rasgando el telón salió de una
comedia muda y se metió en el fuego por el simple placer de ya no ser.
Por el eterno capricho de ser una cucaracha de ceniza.

Dónde andabas que estás muerto, me dijo mi perro de nacimiento. 


Huilo Ruales Hualca. (Ecuador, 1947) 








EL PACTO CON LA INCERTIDUMBRE
 (Tristan De Mar)


            He vuelto a leer el “Poema canino y trunco”, algunas ideas se confirman y otras aparecen por vez primera.

            Me queda claro que Pluto es el poeta y viceversa. Ambos son parte de lo mismo, Pluto es el espejo en el que el poeta no solo se refleja sino que ve reflejado el mundo que vive, su pasado y su vida. Creo que podríamos tener una idea de quién es el autor, o por lo menos de cómo se ve él a sí mismo, en el siguiente pasaje “...como el dueño que ahora camina embalsamado o no camina o vuela”, en ese verso al incio del poema, ya da una idea de sí mismo, y al final de la estrofa da la idea de quienes son Pluto y él, de cuál es la relación que hay entre ambos, deja en claro que los dos son uno: “Y los dos plutos viajando a pie, o a cuatro patas...” De haber querido diferenciarlos hubiese especificado que uno de ellos va a pie y el otro a cuatro patas. Lo que dice el verso es que el perro puede ser el amo y el amo puede ser el perro.

            Encuentro en un pasaje de esa primera página una definición de ambos personajes: “...me preguntaba Pluto, como niño de zapatos rotos a su bisabuelo sordo” tomando ese verso podemos deducir que Pluto, el niño de zapatos rotos, puede, en este caso porque en otros puede ser otra cosa distinta, representar la inocencia y la falta de experiencia de la infancia, mientras que el bisabuelo sordo es la sabiduría atacada por el paso del tiempo. En ese verso, a mi gusto, hay un encuentro de extremos, Pluto y el poeta son extremos que se tocan.

            Buscando información sobre el autor, supe que pertenece a una familia numerosa, de doce hermanos. Por eso, tal vez, el siguiente verso: “Y cuando dormía gimoteaba, tratando de sacar las patas de su matorral genealógico: una jauría huyendo del cielo a ras de suelo, atados entre todos como una telaraña, más por espanto que por amor al incesto.”

            Amo y perro comparten el mismo nombre y el mismo destino. Son buscadores, en esencia es eso un creador, un buscador que se sumerge en sus propias profundidades donde puede también, por qué no, encontrar belleza: “Ocasiones había en que la belleza como un rayo se clavaba delante nuestro. Allí a sus pies, nos enmadejábamos para disfrutarla hasta el fin de los tiempos, que no duraban mucho, aunque sí lo suficente para quemarnos los labios, perder inocencias, gastar esa fruta del corazón.” ¿Habla aquí el poeta de la belleza de una mujer? ¿De qué belleza está hablando?

            Hay muchos otros versos en los que se define la relación de unidad entre perro y poeta, tomaré el siguiente, corto y directo: “Ocasiones había en que los dos éramos un solo perro heroico...”

            Hay un pasaje, en la tercera página, que comienza con el perro diciendo “La gente muere como moscas” y lo dice “...viendo al mismo tiempo el sufrimiento de las otras especies callejeras, empezando por la humana”, es entonces cuando aparece la respuesta del poeta, a mi gusto más como advertencia que como explicación: “No te olvides que hemos hecho un pacto con la incertidumbre...” Pluto vuelve a ser el inocente niño de zapatos rotos, que se espanta al observar una especie que va hacia el abismo, que se despedaza a sí misma, y el poeta regresa a su rol de sabio bisabuelo sordo, para recordarle el pacto con lo incierto, lo desconocido. Deja de mirar lo que ya conocemos, parece recordarle, que tenemos un pacto con lo que hay por conocer.

            La nostalgia producida por el re paso de lo vivido, está marcada en dos versos que, aunque hablen de situaciones distintas, siempre vividas por el poeta y Pluto, comienzan ambos con la misma frase, casi una exclamación, el recuerdo de momentos intensamente vividos, impregnados en la memoria y, antes de recordar el momento, el poeta le recuerda a Pluto “Cómo nos dolía...”

            En otro pasaje encontramos una definición de Pluto que a su vez autodefine al poeta. “...un perro poeta que se inventó un fantasma”, es lo que se dice de Pluto, de lo que podríamos invertir la idea para decir que en este poema, el autor es un poeta que se inventó un perro fantasma.

            En una parte del poema, el autor habla de un continente, pero, la reflexión que de ahí nace y las imágenes que usa en el verso, creo que pueden ser perfectamente aplicables a nuestras sociedades contemporáneas: “...mar de cirstal y mármol invadido de naves religiosas y tesoros, geriátrico donde se fabrican calaveras con dentaduras de oro y los monumentos siguen teniendo frutos y gusanos hasta en el olvido.”

            Finalmente aparece Isadora, que representa la cración poética, lo que algunos podrían llamar “inspiración”, aquella por la que el poeta y su perro han estado “...muriendo hasta la gloria fecal en el pantano de Isadora, la reina de la muerte.” Isadora queda definida, es la gran madre de toda incertidumbre, tal vez sea con ella con quien poeta y perro, perro y poeta han firmado el pacto: La Isadora del cuento inescrito. La mujer del poema que no se puede escribir.”


            El último verso da una idea del recorrido y de una inversión de roles. Es el poeta que aparece, parece ser el último en llegar después de todo ese viaje a las profundidades, y el perro lo está esperando para anunciarle la muerte. Si del primero verso “Lo mejor de estos trescientos años ha sido mi perro.”, concluimos que los trescientos años es el tiempo sobre el que el poeta va a sumergirse, y que el perro es lo más importante en ese tiempo; del último verso “Dónde andabas que estás muerto, me dijo mi perro de nacimiento.” ¿Qué podemos concluir?







miércoles, septiembre 02, 2015

MARCA DE AUTOR



Compré el libro de un autor que me gusta mucho, bastante, pero lo compré en una traducción a otra lengua que no es su lengua original. Lo compré para hacer un regalo a alguien que no lee español. En fin, para resumir diré que compré una novela de César Aira en francés.

            No tuve mucho de qué elegir. En la librería donde busqué solo pudieron ofrecerme un título que tenían en traducción. Lo compré. Lo tuve unas semanas en el escritorio mientras preparaba el envío del regalo y caí en cuenta que estaba violando una de mis pocas reglas sagradas: nunca regales un libro que no hayas leído.

            Esta mañana me aparecí por la biblioteca a buscar el libro en español. Por suerte la traducción del título era literal. Di con la novela. Tampoco era tan larga, como las que escribe el escritor argentino, cuya obra debe sobre pasar los treinta títulos. He leído la mitad del texto y compruebo que hay escritores que su solo nombre asegura al lector un buen momento.

            Un escritor, en este caso, es como un línea aérea: te asegura un buen viaje. También puede ser como un barco en el que a pesar de conocer al capitán e incluso a algunos de los tripulantes, el destino es desconocido, y la ruta aun más. Pondré un ejemplo más feo, que espero sea equivocado: un escritor es una marca.

            De la misma manera que uno compra ciertas marcas porque en experiencias anteriores ha encontrado, o descubierto, las ventajas de consumir ese producto, de igual forma, algunas veces, tomamos “ojos cerrados” un libro de determinado escritor con quien hayamos tenido antes una o más experiencias de lectura.

            Esta fórmula puede –creo que por la salud de la literatura, debe- tener ciertas excepciones, pero Aira no es precisamente una de ellas. Citaré algunos de mis “viajes” sobre barcos capitaneados por el argentino: “Cómo me hice monja”, “Las aventuras de Barba Verde” “Un episodio en la vida del pintor viajero”, etc.

            En todos encuentro lo que ahora mismo veo en la novela que leo para no romper mi regla  de oro sobre los regalos literarios. Aunque hayan cosas que tienen una marca de autor, no se deja de estar sorprendido, con un escritor como Cesar Aira, a pesar de encontrar ciertas similitudes, siempre, cada lectura, es como si fuera la primera.


            Sobre la traducción no puedo decir nada, solo espero que en ella no se pierda cierto espíritu que podemos encontrar en las obras del buen César, esa fina ironía que casi parece escondida en medio de una imaginación que hace de cada límite un muro por destruir. Aira es, por lo menos para mí, garantía de un buen momento de lectura, de un cómodo viaje en una de las mejores líneas aéreas literarias que hoy por hoy trabajan en nuestro continente. 




martes, septiembre 01, 2015

JOSE SABE...


1.
           
            Hace tiempo, Manuel Patarroyo, un biólogo colombiano, descubrió una vacuna contra la malaria que, infelizmente, todavía no es posible encontrar en el mercado, ¿Las razones? Él mismo las explica:

            “Sin pretenderlo, me encontré confrontándome con los poderes económicos anglosajones. Mi vacuna cuesta cincuenta pesetas para adultos y 25 para niños, pero ellos pretenden venderla a 12.500 pesetas para los turistas, y a poco más de 3.000 para el ejército. Incluso me insinúan que la vacuna debería restringirse a los turistas, dejándose fuera a los negros. Viajan a Kenia, cada año, veinte millones de turistas, y si en el billete de cada uno se pudiera incluir 100 dólares por la vacuna, los lucros estarían garantizados.”

            Creo que esta información será bastante útil a las personas que dicen tener dificultad en comprender el mundo en que vivimos.

2.

            “El pensamiento socialista (digo pensamiento) es hoy un campo de escombros, un amontonamiento de huesos donde las formas originales apenas se reconocen y sólo la imagen de Marx se distingue, precisa, nítida, al fondo. Más que reconstituir ahora un esqueleto y cubrirlo de una falsa piel, más que animarlo con mecanismos que repetirían los mismos movimientos y colocarlo en un museo, imaginando que lo tenemos en la vida, lo que urge es limpiar el terreno y ABRIRLO OTRA VEZ A LA INVENCIÓN. SIN OLVIDAR NADA, SOBRE TODO LOS ERRORES.”  


Textos tomados de: Cuadernos de Lanzarote III (1996) – José Saramago. 

(Las mayúsculas son nuestras)






lunes, agosto 31, 2015

PASO OBLIGADO



Leyendo el prólogo de un libro, encontré una palabra desconocida. La sensación de sorpresa fue inmediata, Nunca terminamos de conocer nuestro idioma. Lo peor estaba por comenzar: no tenía un diccionario a mano.

            Pero tenía el ordenador. Dudé, sabía que no encontraría un diccionario y aún así eché un vistazo a la biblioteca en espera del milagro. Nada. Me resistí por algunos minutos, con algo de imaginación podría hacerme una idea de lo que palabra podría significar, pero eso no sería conocer la palabra nueva.

            Busqué un diccionario en línea. Encontré la palabra, cerré la página y volví a la lectura del prólogo. Me quedé pensando en lo inevitable. Recordé una suerte de slogan que leí hace varios años referido a la tecnología de la información: “El conocimiento en un click”. Recordé lo que me había pasado hacía unos minutos, llegué, sí, llegué a saber el significado de esa palabra -¿Al conocimiento?,- en un click.

            El acceso a la información por internet funciona, pero no creo que lo sea todo. A lo que llegué, fue a dar con un dato que en ese momento necesitaba, nada más. La palabra conocimiento usada en aquel slogan siempre, hoy mucho más, me pareció exagerada. Internet será siempre el puente, jamás el destino.

            Es útil, cómo no, para aclarar dudas, encontrar datos, precisar fechas, incluso para escuchar hablar a gente que partió de este mundo hace ya varios años. Todavía me acuerdo la primera vez que vi una entrevista con Juan Carlos Onetti, era la primera vez que lo veía, físicamente, vivo, y lo escuchaba, hablaba, cobraba forma humana, podía ver sus gestos, maneras, cadencias al hablar, era él y prácticamente había resucitado, pero no era el conocimiento. Para conocer a Onetti hay que leer su obra y punto.

            Y así con todo. No se puede entender como cocnoimiento al simple almacenamiento de datos. Otro recuerdo. Un estudiante de colegio, el primero de la clase, hablando de César Vallejo. Datos, datos y más datos, nació en el año tal en la ciudad tal, se casó con tal, publicó tales y tales libros, murió en el año tal en la ciudad tal. Yo, el profesor. Lo observo, le pregunto: ¿Leíste algunod e sus libros? Responde: No. Pensé: entonces no lo conoces.

            El conocimiento no es cosa fácil y mucho menos se encuentra a un “click” de nosotros. El acceso a la información es solo eso, la posibilidad de tener datos, nada más. El conocimiento nacerá de la reflexión que hagamos de esos datos, que a su vez se mezclará con otras reflexiones que hayamos hecho en otros momentos, es decir con todo ese universo que cada uno tiene en la cabeza.

            Ahora quiero saber el signifcado de otra palabra. Pero para ello esta vez sí que cuento con un diccionario: diccionario manual latino español (Eustaquio Echauri). Busco conocimiento, que claro que no encontraré, pero doy con el sufijo que viene del latin: cônor. Significa: emprender, esforzarse por, tratar de.

            Cimiento es una palabra que todos conocemos.









sábado, agosto 29, 2015

EL MAQUINISTA DE LA GENERAL



No se preocupen por el idioma, es cine mudo! Igual tienen la opcion de subtitularlo, la primera de la parte inferior derecha del video.




viernes, agosto 28, 2015

TIA LAVIGNIA VIVE EN EL INFIERNO


Me dijeron que iríamos a visitar a tía Lavignia, que hacía varios meses vivía en otro país no muy lejos del nuestro. Esa tarde, cuando papá llegó, ya teníamos todo listo. Afuera nos esperaba un auto. Papá y el conductor hablaban en la lengua del país al que íbamos. En el asiento de atrás mamá peina mis cabellos.

- Antes de pasar el control fronterizo, su mujer y su hija tendrán que meterse en la maletera. Usted hágase el dormido y ponga esto en el bolsillo de su camisa.

El conductor entrega algo a papá, una tarjeta que él guarda en el bolsillo de su camisa. Mamá sigue todo con atención. Papá voltea a verla, se miran, luego me miran a mí, que comienzo a quedarme dormida.

El auto se metió por un camino de tierra que había a un costado de la carretera y estacionó cerca de un campo de cultivo. Abrí los ojos y vi que papá bajaba, a mi lado mamá le alcanzaba nuestras maletas por la ventana. Luego salió y me extendió los brazos. En ese momento yo comenzaba a despertar. Ahora vamos a ir aquí las dos juntas, dijo mamá, ¿Por qué?, pregunté. Porque tenemos que ocultarnos de la gente que no quiere que lleguemos a donde tía Lavignia.

Adentro todo estaba oscuro. El auto comenzó a andar. Mamá me abrazaba contra su pecho y me repetía cada cierto tiempo que no había que hacer bulla.

- Documentos... ¿Y este?
- Es mi primo, se ha pasado de copas, aquí están sus papeles.

Cuando escuchamos pasos afuera, mamá hizo un shhh en mi oreja y me abrazó. Luego se encendió el motor del auto y arrancó. Unos minutos después veíamos la cara de papá abriendo la puerta de la maletera. Cuando salimos de ahí nos abrazó.  

Todavía era de día cuando llegamos. ¿Todos ellos van a visitar a tía Lavignia? Había gente de todos lados que hablaban en lenguas distintas. Era un descampado. Un hombre, parado al costado de la puerta abierta de un gran camión, preguntaba el nombre de las personas que hacían fila frente a él, luego revisaba una lista, recibía el dinero y los ayudaba a subir. En la puerta del costado, que estaba cerrada, había una foto de la cabeza de una gran gallina que parecía mirarnos a todos.

Mientras la fila avanzaba, mamá me dijo que no me preocupara, que en un par de horas habríamos llegado. Adentro la gente estaba sentada sobre el piso. Comenzaba a oscurecer y una luz se encendió en la parte de arriba. Cuando todos estuvimos dentro, el hombre que hacía subir a la gente, dijo que en cuestión de horas llegaríamos y que por nada del mundo se le ocurriera a alguien fumar dentro. Luego cerró la puerta, mamá me abrazó y yo pensaba en la mirada de la gran gallina.

Pensando en eso me quedé dormida. Mamá me acariciaba la cabeza y decía que en cuanto despierte estaríamos en casa de tía Lavignia. Las demás personas estaban en silencio, por ratos veía cómo se miraban, sin decirse nada, algunos parecían preocupados, las madres abrazaban a sus hijos, el camión se echó a andar.

Tía Lavignia vive en el infierno, pensé cuando desperté con los gritos. Un hombre tenía a otro tomado del cuello, otro grupo a su alrededor intentaba separarlos, las mujeres comenzaban a gritar y los niños lloraban, ¿Cuánto rato estuve dormida?

El aire estaba caliente y olía feo, mamá me cubría la cara para no oler, un grupo de hombres comenzaron a golpear la puerta intentando abrirla, otros golpeaban en cualquier parte de la gran caja en la que estábamos, gritaban en sus lenguas, golpeaban con todas sus fuerzas, pedían que el camión se detuviera, lo supe cuando escuché a mamá gritar. Lloraba, me abrazaba cada vez con más fuerza. ¿Dónde está tía Lavignia? Mamá no me escuchaba, seguía gritando apretándome cada vez más fuerte hacia ella, papá estaba entre el tumulto de gente que intentaba abrir la puerta, lo vi voltear hacia nosotras, su mirada era de desesperación, siguieron golpeando la puerta un buen rato hasta que la luz se apagó. Hubo un silencio en el que se escuchaba el motor del camión, luego regresaron los gritos con más fuerza, el aire apestaba, ya no pude más y comencé a llorar. No veía nada, solo sentía sobre mi cuerpo los brazos de mamá, que no paraba de gritar. Entonces papá llegó y nos abrazó a las dos como cuando salimos de la maletera del auto, supimos que era él por su voz. Ya falta poco, dijo y nos quedamos un rato así, abrazados y en silencio mientras la gente no deja de gritar y golpear por todos lados.

Mamá comienza a quedarse dormida.  


En memoria de las victimas de trafico de refugiados



Camion abandonado en Austria en cuyo interior se encontraron los cadaveres de 71 personas, entre ellos cuatro menores

jueves, agosto 27, 2015

NOVEDADES DE LA TECNOLOGIA



            Hoy comprendimos para qué servían las etiquetas. Hace algunos años comenzamos a usarlas sin saber exactamente de qué se trataba el asunto. Hoy no solo comprendimos lo de las etiquetas si no que además pudimos hacerlas visibles. Cosa que desde hace ya bastante tiempo intentábamos hacer con desalentadores resultados. Era, como muchas cosas, más fácil de lo que pensaábamos. El asunto es que de pronto salieron entradas de hace varios años que ya no recordábamos y que por aquel tiempo etiquetamos.

            Todo esto tiene que ver con lo del orden. Al hacer visibles las etiquetas, aparecen automáticamente las entradas de hace años, entonces nos encontramos en medio de un trabajo de arqueología de la memoria. El blog como cajón de sastre, caja de pandora, extraño y viejo baúl donde han quedado guardadas cosas de las que ya nos habíamos olvidado. Personajes, momentos, situaciones, ciudades, todo comienza poco a poco a aparecer ante los ojos de quienes trabajamos en esta página y de quienes cada cierto tiempo la visitan.

            Ahí están, las mismas etiquetas de hace unos años, bajo la cabecera del blog, apareciendo desde el fondo de los años para recordarnos que hace tiempo que escribimos aquí. Y esto es el inicio del trabajo. Es la oportunidad de por fin comenzar a ordenar estos ya casi diez años (en Octubre) de vida de Voz Urgente. Son seiscientas entradas en todos estos años. Hubieron largos períodos de silencio, otros de entusiasmo, mucho de literatura y uno que otro período de indignación con las cosas que sucedían al rededor.

            Todo eso comienza a aparecer otra vez y demanda ser ordenado. Nunca pensamos que el trabajo de arqueología de la memoria sobre el que escribimos ayer, haciendo referencia al desorden en el espacio personal, se trasladaría a estas páginas digitales, para recordarnos que también aquí hemos dejado papeles perdidos y objetos por recuperar, que también aquí se agitan las siempre embravecidas aguas del desorden. 


            El re descubirmiento del trabajo con etiquetas, y la posibilidad de ordenar todas las entradas que hemos tenido durante estos diez años, -cosa que haremos en los próximos días- nos obliga a reconocernos en el paso del tiempo, a observar los años pasados, abrir y leer por primera vez el diario personal, que sin saber, estuvimos escribiendo en todo este tiempo.