martes, marzo 24, 2015

CUANDO SE MIRA ADENTRO...





Jamás he creído nada de lo que de ti se ha dicho en todo este tiempo. Jamás he creído ninguna palabra sobre ti que no haya salido de tu boca y creo que ninguno de los nuestros tampoco. Hemos aprendido a llevar las circunstancias, por más adversas que estas fueran, dentro de nuestro círculo. Cada que nos vemos hay un silencio que habla de ti, ese silencio se convierte en tu presencia. Pero no se puede estar así por mucho tiempo, ya te lo dije, nadie dispone del tiempo, nadie sabe dónde ni cómo estará mañana. Por ahora hay una cierta calma que nace de lo mínimo, que es a lo que podemos acceder. Nadie está dispuesto a pasar la frontera si es esa tu voluntad. Hasta aquí hablo de los cuatro que en este tiempo estuvimos sentados a la mesa acompañados de ese silencio. Ahora te hablo de mí. Fui el primer sorprendido y me costó tener que ovillar mis palabras y dormirlas en el bolsillo. Me costó aprender a pensarte fuera del pasado, pero lo logré, porque ahora te pienso en el futuro, como en el sueño de la otra noche, en que para verte miraba hacia adelante. Así estoy ahora, en este día que es el futuro, en este día previo a tu cumpleaños. En los próximos cuatro meses serás dos años mayor que yo, luego volveremos a la normalidad. ¿Crees que la vida da vueltas? ¿Piensas que algunas cosas son circulares? He pensado mucho en eso. Las cosas, creo, se andan repitiendo a cada rato y si no se corta con eso, las repeticiones terminarán por tragarnos. Hoy quise centrar la mirada en una sola cosa, frente a un paisaje en el que todo se movía, entonces pensé en ti. Nada se va a detener jamás y es necesario posar la mirada en una sola cosa, aunque sea por un momento, y cuando se logra eso ya no se mira el objeto en el que se centra la mirada mientras todo alrededor se mueve, sino que se mira dentro de uno, y dentro de uno no está, como podría esperarse, uno, sino lo que uno ama, es eso lo que vive dentro, lo que nos habita, lo que sólo podemos ver cuando en medio del movimiento constante del paisaje, hemos podido posar la vista sobre una sola cosa por algún tiempo. Te he visto ahí, dentro de mí, y he sabido que hoy más que nunca no puedo abandonar la búsqueda de tu palabra, que es, al final, mi propia búsqueda, la búsqueda de mi mismo, es decir, la necesidad que tenemos de completarnos. 

Escríbeme, te abrazo.

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