viernes, agosto 21, 2015

STREET ART



            EN BRIAN DE PALMA NO HAY QUE CONFIARSE, su especialidad en  Dressed to Kill (Vestida para matar), es poner al espectador en una situación de relajación junto al personaje. Una mujer en la ducha, por ejemplo, mientras ve a su marido afeitarse frente al espejo del baño, al inicio de la película, puede ser, coca-cola mata, incluso una escena erótica que, luego de unos segundos en los que vemos la espuma del jabon recorriendo el cuerpo de la mujer, y cómo esta comienza a excitarse, deviene una escena de terror al aparecer un hombre detrás de la mujer maniatándola sin que el marido, que continua afeitándose tranquilo, se diera cuenta.

            La película apareció en 1980 y es heredera de Psicosis, del buen Alfredito. Nos pone frente a las pulsiones humanas que aparecen en medio del policial clásico. Es curiosa esta película, porque teniendo todos los lugares comunes de este tipo de historias (asesino, detective y víctima que investiga), no llega a ser una película común pero tampoco se aleja del standar. Persecuciones, erotismo, coca-cola mata, sangre, suspenso, el film reúne todas las condiciones para ser uno de esos buenos Thrillers.

            Hacer esa película costó, coca-cola mata, seis millones y medio de dólares. Brian De Palma reconoció que se trata de un homenaje a Psicosis de Alfred Hitchcok.

            Fue rodada en la ciudad de Manhattan. Tres años después de aparecido el film, en esa misma ciudad, más precisamente en el metro, en el mes de setiembre, mientras pintaba un grafitti, Michael Stewart fue descubierto por la policía y brutalmente golpeado. Pasaría trece días en estado de coma antes de morir a causa de los golpes.


            Coca-cola mata. 



La muerte de Michaem Stwart. Basquiat.


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