miércoles, septiembre 02, 2015

MARCA DE AUTOR



Compré el libro de un autor que me gusta mucho, bastante, pero lo compré en una traducción a otra lengua que no es su lengua original. Lo compré para hacer un regalo a alguien que no lee español. En fin, para resumir diré que compré una novela de César Aira en francés.

            No tuve mucho de qué elegir. En la librería donde busqué solo pudieron ofrecerme un título que tenían en traducción. Lo compré. Lo tuve unas semanas en el escritorio mientras preparaba el envío del regalo y caí en cuenta que estaba violando una de mis pocas reglas sagradas: nunca regales un libro que no hayas leído.

            Esta mañana me aparecí por la biblioteca a buscar el libro en español. Por suerte la traducción del título era literal. Di con la novela. Tampoco era tan larga, como las que escribe el escritor argentino, cuya obra debe sobre pasar los treinta títulos. He leído la mitad del texto y compruebo que hay escritores que su solo nombre asegura al lector un buen momento.

            Un escritor, en este caso, es como un línea aérea: te asegura un buen viaje. También puede ser como un barco en el que a pesar de conocer al capitán e incluso a algunos de los tripulantes, el destino es desconocido, y la ruta aun más. Pondré un ejemplo más feo, que espero sea equivocado: un escritor es una marca.

            De la misma manera que uno compra ciertas marcas porque en experiencias anteriores ha encontrado, o descubierto, las ventajas de consumir ese producto, de igual forma, algunas veces, tomamos “ojos cerrados” un libro de determinado escritor con quien hayamos tenido antes una o más experiencias de lectura.

            Esta fórmula puede –creo que por la salud de la literatura, debe- tener ciertas excepciones, pero Aira no es precisamente una de ellas. Citaré algunos de mis “viajes” sobre barcos capitaneados por el argentino: “Cómo me hice monja”, “Las aventuras de Barba Verde” “Un episodio en la vida del pintor viajero”, etc.

            En todos encuentro lo que ahora mismo veo en la novela que leo para no romper mi regla  de oro sobre los regalos literarios. Aunque hayan cosas que tienen una marca de autor, no se deja de estar sorprendido, con un escritor como Cesar Aira, a pesar de encontrar ciertas similitudes, siempre, cada lectura, es como si fuera la primera.


            Sobre la traducción no puedo decir nada, solo espero que en ella no se pierda cierto espíritu que podemos encontrar en las obras del buen César, esa fina ironía que casi parece escondida en medio de una imaginación que hace de cada límite un muro por destruir. Aira es, por lo menos para mí, garantía de un buen momento de lectura, de un cómodo viaje en una de las mejores líneas aéreas literarias que hoy por hoy trabajan en nuestro continente. 




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