jueves, marzo 26, 2015

EL IMBÉCIL...





Cada día, y casi a la misma hora, es la misma pregunta: ¿Y ahora qué escribo? Y, curiosamente, cuando estoy frente a la página en blanco la pregunta desaparece y sólo escribo. He querido en varias oportunidades darle cierto orden a todo esto, pero con esa palabra he tenido problemas desde siempre, como bien recordarás, y a lo mucho he llegado a hacerme de una costumbre de escribir, de escribirte tendría que decir para ser más preciso. No dejaré de hacerlo, menos ahora que sé que lees esto. Hoy he tenido un re encuentro con un hombre que en cierto momento de mi vida significó mucho y comprobé que su importancia continúa hasta hoy y creo continuará el resto de mi vida: León Tolstoi. La gente que habla de él citará novelas como La Guerra y la Paz o Ana Karenina. Para ser sincero no he leído ninguna de esas dos novelas hasta hoy y no sé si alguna vez lo haré dado el terror que tengo a los libros de más de 300 páginas, terror que los últimos años ha ido dando paso más bien al disfrute de obras de tales dimensiones. La cosa es que encontré un documental sobre Tolstoi y esto me llevó a la re lectura del texto que hizo de este hombre alguien importante en mi vida. Se trata de un cuento titulado “Ivan el Imbécil”. Desde la primera vez que lo leí, supe que yo era un imbécil, como el personaje, y que nunca en mi vida dejaría de serlo. Ahora mismo lo sigo siendo y en todo este tiempo esa condición me ha traído muchos problemas. Imbécil, pero como Ivan, el personaje de Tolstoi. Basado en ello creo que me gustaría vivir en un mundo de imbéciles, o en todo caso podría decir que sólo los imbéciles seremos capaces de cambiarlo. Pero cambiar el mundo es algo que ha dejado de interesarme desde hace algunos años, ahora ya es un logro el no ser cambiado por él. Te dejo este dato para comenzar a acercarnos: me defino como un Imbécil, tal y como el personaje de Tolstoi. ¿Y tú? ¿Te has preguntado que tipo de persona eres? ¿Qué clase de preguntas te haces? Así, poco a poco iremos re conociéndonos o eso espero. Por el momento te dejo un fuerte abrazo esperando que hayas pasado ayer un buen día de cumpleaños. Como ves, te he recordado desde ese lugar que habitas dentro de mi desde hace tantos años.  

Escríbeme, te abrazo.